jueves, 17 de diciembre de 2015

El despertar de la Fuerza, de John Williams: talento más que inspiración

La esperadísima –por mí y por cientos de fans– banda sonora para The Force Awakens me ha defraudado relativamente. Hay brillantez bien entendida, garra, comunicatividad y una extraordinaria factura técnica, entretejiéndose los temas con enorme sentido de lo que es la composición sinfónica tanto en lo que se refiere al diálogo polifónico como al desarrollo horizontal del discurso: el norteamericano es un enorme artista a la hora de componer música incidental. Hay también mucha personalidad, algo que puede parecer paradójico habida cuenta de que la música de John Williams para la saga de Star Wars se caracteriza por beber de fuentes clásicas muy diversas, pero que es rigurosamente cierto. Basta comparar esta partitura con cualquier otra del Hollywood actual para darse cuenta de que esta es, sencillamente, otra dimensión que ni uno solo de los compositores del momento está en condiciones de alcanzar. Pero inspiración, lo que se dice inspiración, aquí no hay demasiada.


Cierto es que ya en los Episodios I y II el talento de Williams había mermado con respecto a la trilogía original, pero en ellos todavía nos entregó algunas páginas memorables, entre ellos ese Across the Stars que es uno de los más bellos temas de amor jamás compuestos para la pantalla grande. Ahora bien, en el Episodio III ya no había casi nada de interés –como tema coral épico, el del Episodio I era mucho mejor que la Battle of the Heroes–, y en este Episodio VII prosigue la sequía. La marcha resulta anodina, el tema del malvado de turno no posee fuerza y el scherzo épico, siendo espléndido, no aporta nada en especial. El tétrico coro masculino a capella dedicado a las fuerzas diabólicas sí que tiene interés: aunque la idea ya estaba en El retorno del Jedi, el tratamiento musical es aquí muy diferente.

En cualquier caso, lo único nuevo verdaderamente destacable es el tema de Rey, la protagonista de esta nueva cinta. Melodía larga, compleja, difícil de retener, pero de un poderoso atractivo por su manera de salirse del tono habitual en la saga para acercarse al Williams de los años setenta y, al menos en el arreglo de los títulos finales, al género del western en el que nuestro compositor también tuvo cosas que decir. Su carácter al mismo tiempo épico y evocador resulta de lo más refrescante. Por lo demás, los temas de la trilogía original hacen apariciones demasiado breves como para ser tenidos en cuenta: ¿no se podía haber insistido un poco más en el magnífico de Han Solo y Leia?

Resumiendo, talento enorme pero inspiración por debajo de lo que hubiéramos deseado. El tema de Rey lo escucharé a menudo. El resto con seguridad hará un trabajo formidable dentro de la película, porque el desarrollo narrativo de los temas posee una enorme potencia expresiva, pero no creo que merezca audiciones repetidas en el equipo de música. De momento, me conformaré con el MP3 (¿es la filtración que está circulando una tremenda piratada, o más bien una estrategia comercial más?) y esperaré a que se ponga a la venta no el disco compacto, sino la descarga digital en HD que tendrá lugar en enero. Lo suyo sería un Blu-ray Pure Audio, pero me parece que no están por la labor. Lástima, porque la toma sonora es portentosa.


Dos cosas tengo que añadir, para quien aún no las sepa. La primera, que por motivos de salud del octogenario compositor se ha abandonado a la London Symphony habitual en la saga galáctica para recurrir a la “orquesta del estudio” que Williams suele usar en Hollywood, en realidad una mezcla de la Filarmónica de Los Ángeles con músicos freelance. La segunda, que los títulos iniciales y finales los ha dirigido precisamente el titular de la citada orquesta californiana, el mismísimo Gustavo Dudamel, según el artista venezolano confesó hace un par de días en Facebook. Habida cuenta de que él es admirador número uno de John Williams, habrá recibido este regalo –afirma que el maestro le llamó por teléfono y le pidió que acudiera en secreto– con más ilusión de que si le hubieran dado la titularidad de la Filarmónica de Berlín. No sé decir si su labor se nota en algunos detalles hasta ahora desapercibidos en el tema principal (¿o es que acaso se han realizado retoques en la orquestación?), porque lo cierto es que toda la banda sonora está dirigida de manera impresionante. Un cameo de lujo, en cualquier caso.

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