sábado, 22 de agosto de 2015

Mozart y Mahler para Dudamel

Mozart y Mahler para Gustavo Dudamel y la Orquesta Filarmónica de Berlín en una filmación realizada los días 12 y 13 de junio de este mismo año, disponible en la Digital Concert Hall. Orquesta muy nutrida y articulación tradicional para interpretar la Serenata nº 9, Postillón, de Mozart: suficiente para que se rasguen las vestiduras los fundamentalistas del historicismos. Pero a mí la interpretación de Dudamel me ha encantado: muy cálida y cantable, llena de encanto y de coquetería bien entendida, vigorosa cuando debe y, esto resulta importantísimo en Mozart, atenta a lo que en su música –en este caso, en el Andantino– hay de doliente melancolía, incluso de patetismo.

Por lo demás, la arquitectura está maravillosamente delineada dentro de los más ortodoxos cánones del clasicismo, a lo que no es ajeno el virtuosismo de una orquesta todo lo robusta y poderosa que se quiera, pero flexible, transparente y equilibrada en su empaste como pocas. Los solistas son para derretirse, y el postillón propiamente dicho, fenomenal.

Dudamel Berlin 2015

De la Primera Sinfonía de Mahler había escuchado a Dudamel una interpretación del año 2009 con la Orquesta de la Radio de Francia que me gustaba poco. Esta otra me parece algo mejor, sobre todo porque la orquesta es fabulosa y el maestro la maneja con una plasticidad y un dominio de los planos sonoros formidables, pero dista asimismo de convencerme. ¿El problema? Conceptual: Dudamel confunde ensoñación con languidez, delicadeza con excesiva suavidad y lirismo con cursilería. Así las cosas, el arranque resulta adecuadamente misterioso, pero en cuanto aparece en los violonchelos eso de “Ging heut' Morgen über's Feld” el azúcar empieza a hacer estragos. Y no, la culpa no es de Mahler.

El segundo movimiento empieza bien, sobrando quizá algún detalle rebuscado que no hacía ninguna falta; al llegar al trío, otra vez el maestro se pone repipi. En el tercero sobra suavidad y se echa de menos sentido del humor sarcástico; lo de “Die zwei blauen Augen” ya es el colmo de la dulzonería. En el cuarto Dudamel domina increíblemente bien las tempestades orquestales y, con la fuerza y comunicatividad que le caracterizan, consigue momentos portentosos, pero de nuevo las languideces entre todos esos picos llegan a resultar insoportables. Lo siento, no me gusta Mahler así interpretado.

Como curiosidad: mi madre estuvo entre el público, aunque en la filmación sólo se la ve muy de lejos.

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