sábado, 13 de diciembre de 2014

Nueva Sexta de Mahler por Chailly: a peor

Tengo por modélico el ciclo Mahler que Riccardo Chailly grabó hace años para Decca. El que ahora está realizando con su Orquesta del Gewandhaus de Leipzig para el sello Accentus, publicado en DVD y Blu-ray con calidad de imagen y sonido absolutamente alucinantes, nos está mostrando el considerable giro a peor de un maestro empeñado en renegar de su propio pasado para, después de una revelación divina que parece haber tenido lugar tras su salida de Ámsterdam, empeñarse en descubrirnos la supuesta verdad interpretativa del gran repertorio decimonónico. Por descontado que en Mahler los resultados no están siendo ni muchísimo menos tan deplorables como en su ciclo Beethoven, pero lo cierto es que uno no sale de su asombro cuando compara los resultados del ciclo del sello británico con los del que ahora se está filmando. Tuve esa sensación al ver la toma televisiva de la Séptima, que ya comenté en este blog, me pasó asimismo hace unos días al escuchar la Novena, que acabo de comentar para Ritmo en crítica que será publicada pronto, y me ha ocurrido también al comparar la Sexta que me ha prestado mi amigo Ángel Carrascosa con la que Chailly registró en Ámsterdam en 1989.

Mahler 6 Chailly Decca

Aquel era un Mahler no personal pero sí de admirable ortodoxia, brillante siempre, decadente solo en su punto justo y dicho con apreciable garra dramática, en el que solo se echaba de menos una dosis mayor de visceralidad e inmediatez en los dos primeros movimientos, secuenciados en el orden Allegro energico- Scherzo, quizá porque el milanés decidía tomarse las cosas con cierta calma para desmenuzar todo lo posible el entramado orquestal, que gracias a su batuta, pero también a la asombrosa prestación de la Orquesta del Concertgebouw, sonaba con gran claridad, riquísimo colorido y la adecuada incisividad, esto último sin descuidar la tersura y la sensualidad asimismo imprescindibles en esta música. El Andante moderato –colocado en tercer lugar– era impresionante, emotivo a más no poder, mientras que el Finale resultaba, sin tener que cargar las tintas, verdaderamente demoledor. Los ingenieros del sello británico colaboraban en la excelencia de los resultados con una toma de sonido modélica.


En la interpretación de Leipzig, registrada entre los días 6 y 9 de septiembre de 2012, el maestro vuelve a acertar al abordar a Mahler en el punto exacto entre el decadentismo y el expresionismo, sin renunciar a los extremos pero también sin necesidad de caer en devaneos sonoros, aportando además una gran vitalidad, extroversión bien entendida y, sobre todo, un colorido increíblemente rico que apunta hacia la Segunda Escuela de Viena. Ahora bien, hay cambios que evidencian el referido giro a peor del milanés. Así, al imprimir mayor velocidad al movimiento inicial obtiene la inmediatez y garra que en la grabación de Ámsterdam no conseguía, pero a cambio pierde algo de carácter opresivo y no le da tiempo a diseccionar como antes el entramado orquestal. El Andante moderato, colocado ahora en segundo lugar, está dicho con apreciable belleza sonora, pero no resulta tan intenso y sincero.


El Scherzo es ahora muchísimo más rápido, adquiriendo un carácter demoníaco muy apropiado pero resultando más nervioso de la cuenta; la enorme flexibilidad de los tempi aporta un punto adicional de locura, pero le hace perder unidad. El director justifica tales decisiones en función del orden de los movimientos: al colocarlo en tercer lugar, hay que independizar sus tempi de los del Allegro energico y darle, a su vez, un carácter de danza macabra.

En el Finale se alternan momentos extraordinarios con otros dichos un tanto de cara a la galería, como si Chailly buscase epatar con la opulencia sonora antes que con una minuciosa planificación de las tensiones, que aquí conocen serios altibajos. Incluso a veces la orquesta, espléndida sin llegar al nivel de la del Concertgebouw, suena con menos densidad de la apropiada, lo que es sin duda deseo de una batuta que en los últimos años anda en pos de la ligereza sin saber muy bien por qué.

¿Merece la pena hacerse con este carísimo registro? A mi entender, si lo que quiere usted es una experiencia sonora alucinante, y además posee un buen equipo multicanal que le permita apreciar en todo su esplendor la asombrosa labor de los ingenieros de Accentus, la respuesta es afirmativa. Pero si lo que busca es la Sexta de Mahler, mejor conformarse con la antigua versión del milanés..


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Teniendo en cuenta que no hay ningún ciclo completo de las sinfonías de Mahler que sea "redondo", el de Chailly con la Orquesta de la Concertgebouw lo tengo, globalmente, aunque con reservas, "el mejor" (con permiso de Bernstein en los 70).
La Sexta del milanés con la formación holandesa sería para enmarcar si, al menos el primer movimiento, tuviese un poco más de "fuerza".
No he escuchado ninguna grabación mahleriana de su etapa en Leipzig. Pero habiendo escuchado "su" horrible Beethoven y otras "perlas" en los últimos diez años, no sé si me gustaría perder más el tiempo con el director milanés...
¿Qué le está pasando? ¿Acaso tendremos que hablar de "dos Chaillys" como ocurre con Abbado? ¿Por qué estas "evoluciones" a peor? No lo entiendo, la verdad.

Un saludo,
Alberto.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Tal vez, Alberto, Chailly haya querido disimular su descenso a peor (o sea, desde una de las dos mejores orquestas de Europa a "solo" una extraordinaria) haciéndose notar con unos planteamientos musicológicos que le distingan "del común de los mortales".

No es más que una suposición, claro. Saludos.