domingo, 21 de abril de 2013

Segundo concierto para piano de Brahms: discografía comparada

Brahms compuso su Segundo concierto para piano entre 1878 y 1881. Cuando lo terminó tenía pues cuarenta y ocho años, hallándose esta partitura entre la Segunda y la Tercera sinfonías: obra de madurez total, pues, y un prodigio de síntesis entre los diversos aspectos que integran la obra brahmsiana: hay mucho aquí de tierno lirismo, sin la menor duda, pero también de exaltación épica y de tempestad dramática, al igual que hay pasajes de cierta turbulencia atmosféricas y no poco de sentido del humor. Llegar a un equilibrio entre todos estos componentes, u hacerlo además con la sonoridad adecuada, no es cosa fácil de conseguir para los intérpretes, pero por fortuna en la siguiente lista se pueden encontrar unas cuantas recreaciones de primerísimo nivel. Entre ellas, la de un Yefim Bronfman al que espero escuchar la obra el próximo fin de semana en Madrid junto a nuestra Orquesta Nacional.

Son sus movimientos: 1. Allegro non troppo; 2. Allegro appassionato; 3. Andante; 4. Allegretto grazioso.
 
 
Brahms concierto piano 2 Furtwaengler Fischer

1. Fischer. Furtwängler/Filarmónica de Berlín (varios sellos, 1942). Aunque nos encontramos ante una interpretación típica del “Furt de guerra”, esto es, flexible, extrovertida, impulsiva y encrespada, amén de muy sincera, no hay en esta ocasión descontrol o nerviosismo alguno, sino una honda concentración en los momentos más líricos de la obra, si bien es cierto que, dadas las circunstancias, los aspectos más sensuales y amorosos de la obra quedan relegados ante los más dramáticos. Dueño de un sonido poderoso aunque no del todo variado, el gran Edwin Fischer sintoniza bien con semejante planteamiento aportando su propia fogosidad controlada y ofreciendo un magnífico tercer movimiento; en el resto se queda un tanto corto en imaginación y capacidad para el matiz. (8) 
 
 
Brahms concierto piano 2 Reiner Gilels

2. Gilels. Reiner/Chicago (JVC, 1958). Los dos artistas, de admirable técnica y musicalidad muy alejada de cualquier clase de devaneo sonoro, nos ofrecen una interpretación tensa, extrovertida, rebelde, muy alejada de la habitual línea lírica e introvertida, pero no por ello precipitada ni escasa de concentración. El problema es que a ambos, sobre todo a un Reiner bastante ajeno al mundo brahmsiano, se le escapan la sensualidad, la ternura y el humanismo que también debe tener esta página. Gilels tiene el sonido apropiado para el compositor y exhibe un toque señorial, poderoso y elegante al mismo tiempo, pero tampoco termina de destilar la magia que le corresponde. (8)
 
 
Brahms concierto piano 2 Giulini Arrau

3. Arrau. Giulini/Philharmonia (EMI, 1962). Notable alto para una interpretación magníficamente tocada, fraseada con tanta nobleza como naturalidad, perfecta en el estilo e interpretada con gusto irreprochable y un buen equilibrio entre los aspectos líricos y los más extravertidos, pero en general algo falta de una última vuelta de tuerca en lo que a imaginación, riqueza expresiva y emotividad se refiere, excepción hecha de un tercer movimiento donde la batuta y el solista alcanzan grados sublimes de concentración, belleza y hondura. Eso sí, el chelista es de sonido canijo y sollozante. (8)


Brahms concierto piano 2 Barbirolli Barenboim

4. Barenboim. Barbirolli/New Philharmonia (EMI, 1967). En la línea de Reiner y Gilels pero con mejores resultados, nos encontramos aquí ante una interpretación reveladora por su enfoque abiertamente tenso, hosco y dramático tanto por parte de la batuta como por la del piano, pero sin excluir la concentración ni la hondura reflexiva. Por eso mismo resulta un punto unilateral, algo escasa de sensualidad y de delicadeza, y por descontado de carácter lúdico y luminoso, pero en cualquier caso resulta impactante por su fuerza y sinceridad expresivas. Barenboim se muestra rotundo, poderoso y muy tenso, pero sin la riqueza conceptual en los matices de posteriores ocasiones. El chelo solista, mejor que en la grabación con Giulini, pero de nuevo no muy afortunado en su segunda intervención del tercer movimiento. (9)


Brahms concierto piano 2 Karajan Anda

5. Anda. Karajan/Filarmónica de Berlín (DG, 1967). Karajan ofrece su Brahms habitual, musculado, hermoso y a veces –primer movimiento- muy encendido, pero más vistoso que superficial. Géza Anda, un pianismo ágil y aéreo, demasiado para un compositor que necesita densidad sonora, fraseando sin rigidez y con cierta sensibilidad, pero no mucha variedad expresiva y más bien escasa tensión sonora. Los dos enfoques no terminan de sintonizar hasta el último movimiento, pero no precisamente para bien, porque los dos coinciden en quedarse en una ligereza que desprende trivialidad y escaso compromiso. (7)
 

Brahms concierto piano 2 Haitink Arrau

6. Arrau. Haitink/Orquesta del Concertgebouw (Philips, 1969). En su segundo y último registro de estudio, el gran Arrau cuenta con una toma sonora que recoge mejor lo bien que su sonido pianístico es capaz de amoldarse al repertorio brahmsiano, pero aunque vuelve a dejar muestra de su enorme clase con un fraseo natural, sensible y rico en matices, aun no llega a ofrecer el último grado de compenetración con la partitura que en él sería esperable. De alto nivel, todo lo objetiva e idiomática en esperable en el maestro holandés, la dirección de un Haitink que en el futuro será capaz de profundizar aún más en la obra. (8)


Brahms concierto piano 2 Jochum Gilels

7. Gilels. Jochum/Filarmónica de Berlín (DG, 1972). Sin resultar especialmente personal ni creativo, Jochum ofrece un Brahms de trazo amplio, enorme concentración, claridad absolutamente asombrosa y fascinante mezcla entre espiritualidad serena y tensión soterrada que se fusiona a la perfección con un Gilels de sonido poderoso y energía muy controlada que, muchísimo más inspirado aquí que con Reiner, sabe ofrecer toda la variedad expresiva posible, desde la ternura más delicada hasta lo muy encrespado –hay momentos tremendos en el segundo Andante- manteniéndose ajeno a cualquier preciosismo sonoro y sin que se le mueva un pelo. Magnífica la orquesta, si bien el solista se muestra más recogido que intenso. La toma sonora es sensacional para la época. (10)



8. Pollini. Abbado/Filarmónica de Viena (DVD DG, 1976). Vaya chasco: la orquesta más brahmsiana del mundo, un pianista de virtuosismo portentoso y un director lleno de talento en el mejor momento de su carrera, y las cosas no acaban de funcionar como es debido. Abbado no termina de dominar el lenguaje del autor, Pollini frasea con escasa variedad de acentos y a los dos se les escapa la ternura, la sensualidad, la calidez y el aliento poético que desprenden los pentagramas, aunque en honor a la verdad también hay que reconocer que ambos sintonizar en ofrecer un “impulso juvenil” –ímpetu, más que emoción- que le sienta muy bien a un primer movimiento particularmente escarpado. El resto tiene poco interés. La orquesta y sus solistas, eso sí, están gloriosos. Espléndida la calidad de imagen, no tanto la del sonido. (7)



9. Barenboim. Giulini/Sinfónica de Chicago (CSO, 1977). Podría pensarse que el intensísimo fuego –siempre controlado– y la intensidad dramática de un Giulini no del todo reconocible en este memorable único encuentro entre dos de los más grandes genios de la interpretación musical se debe a la influencia del de Buenos Aires, que repite su escarpadísimo acercamiento con Barbirolli, sobre el maestro italiano. En parte ha de ser así, pero esta tremebunda recreación, portentosamente materializada por los de Chicago –espléndido el chelista-, no deja de recordar a la Cuarta sinfonía que el propio Giulini grabó con la misma orquesta en 1969. Ninguna de ambas, por cierto, carece precisamente de la elegancia y la cantabilidad que caracterizan al de Barletta, aunque nos encontremos todavía lejos del Brahms esencial y desmaterializado que grabó más adelante con la Filarmónica de Viena. En cualquier caso, una interpretación netamente superior –excepto en el tercer movimiento– a la que grabó lustros atrás con Arrau. Y algo más rápida, por cierto. Excelente la toma en vivo. La grabación fue editada en una caja especial por la propia orquesta y es realmente difícil de encontrar: un amable lector se la ha dejado a ustedes completa en el enlace que aparece arriba. (10)


Brahms concierto piano 2 Kubelik Barenboim

10. Barenboim. Kubelik/Radio Bávara (DVD, Dreamlife, 1978). Barenboim enriquece finalmente su concepto gracias a la dirección mucho antes apolínea que dramática, pero en cualquier caso llena de sinceridad, del gran Rafael Kubelik. Entre los dos redondean una magnífica interpretación, juvenil y extrovertida, flexible y muy natural, de gran efusividad lírica pero también de enorme control y una gran profundidad poética. Por desgracia el cuarto movimiento, aun siendo espléndido, puede resultar algo leve. El resto es sensacional, especialmente el Andante. Existe también una edición en CD. (9)


Brahms concierto piano 2 Mehta Barenboim

11. Barenboim. Mehta/Filarmónica de Nueva York (CBS, 1980?). El argentino ha progresado mucho desde su grabación con Barbirolli, pues aunque su enfoque sigue siendo ante todo encendido, dramático y escarpado, hay ahora mucha mayor riqueza conceptual, más imaginación y más variedad de matices, sobresaliendo los del segundo movimiento. Mehta aporta solidez, musicalidad, adecuado lenguaje y mucha claridad, pero su visión es bastante más ortodoxa, desde luego menos personal, equilibrando en este sentido los resultados desde el punto de vista expresivo. En cualquier caso, la batuta funciona magníficamente en los dos primeros movimientos, no tanto en el resto, particularmente en un Andante que no está todo lo paladeado que debiera y no alcanza toda la elevación poética posible. Muy bien el violonchelista Lorne Munroe. (9)


Brahms concierto piano 2 Haitink Ashkenazy

12. Ashkenazy. Haitink/Filarmónica de Viena (Decca, 1982). El maestro holandés repite y por momentos mejora –más paladeado el Andante– su notable aproximación anterior, esta vez contando con la baza de tener delante a una orquesta tan buena en lo técnico como la suya propia y aún más adecuada para este repertorio. El pianista ruso realiza una aproximación elegante, sensible y muy musical, pero no del todo imaginativa ni comprometida, y bastante ajena a los aspectos más dramáticos y escarpados de la partitura, a la que se aproxima desde un ángulo excesivamente apolíneo. La toma sonora es espléndida. (8)



13. Zimerman. Bernstein/Filarmónica de Viena (DVD DG, 1984). Otra cima interpretativa de la obra. La dirección interesa muchísimo porque, sin faltarle nada de vuelo lírico y emotividad, desdeña lo meramente otoñal y aporta una gran dosis de brillantez, jovialidad y garra dramática, todo ello sacando un partido verdaderamente excepcional de la orquesta. Por su parte Zimerman, impresionante desde el punto de vista técnico como ningún otro pianista, da una lección de estilo y comunicatividad, en una línea que, al igual que la de la batuta, aporta una gran riqueza conceptual. Existe también una edición paralela solo en audio. Cualquiera de las dos es de obligado conocimiento. (10)
 
 

14. Barenboim. Celibidache/Filarmónica de Múnich (DVD Euroarts, 1991). Aunque los dos artistas coinciden en comprender a la perfección el estilo brahmsiano, con lo que tiene de densidad sonora, naturalidad en el fraseo, nobleza expresiva y hondura filosófica, no se establece un diálogo tan rico entre el enfoque sereno y otoñal –aunque siempre lleno de fuerza– de Celibidache, que se mantiene hasta cierto punto analítico y distanciado, y el mucho más tempestuoso y dramático de un Barenboim rico e imaginativo en los acentos, inflamado sin perder el control pero más variado, imaginativo y comprometido en lo expresivo. Dicho de otra manera: el pianista, que alcanza aquí uno de sus más geniales logros fuera del terreno beethoveniano, aporta aún más a la interpretación que el maestro. Lástima que la toma sonora no esté a la altura de semejante prodigio. (10) 
 
 
Brahms concierto piano 2 Chailly Freire
 
15. Freire. Chailly/Gewandhaus Leipzig (Decca, 2005). Mucho más cómodos en el lirismo de este Segundo que en los terrenos más dramáticos y escarpados del Primero que registraron para el mismo sello, los dos artistas logran ofrecer una recreación admirablemente dicha y paladeada con amplio aliento poético que se beneficia de la admirable sonoridad de la orquesta de Leipzig. Con todo, a Chailly le sobra alguna frase en exceso blanda –también al chelista–, y a Freire se le debe pedir una interpretación más comprometida y rica en matices, sobre todo en un cuarto movimiento que en sus manos suena un tanto lineal. (8)
 
 

16. Ove Andsnes. Haitink/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2011). De nuevo una notabilísima, aunque no genial ni personal, dirección por parte de Haitink, como siempre equilibrada y de exquisito gusto, completamente brahmsiana y antes contemplativa que escarpada, pero no por ello exenta de fuerza. Lo que interesa de esta lectura, en cualquier caso, es la magistral actuación del pianista, poderoso y rico en el sonido, encendido al tiempo que controlado, viril pero atento al lirismo, y siempre tan flexible como variado en el matiz. Soberbia la orquesta, como también su chelista y las maderas en el tercer movimiento. (10)



17. Bronfman. Rattle/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2012). Una tremenda sorpresa este Brahms de Rattle, muy superior a sus sinfonías y casi a la altura de su tremendo –aunque algo unilateral por su extremo dramatismo– Primero con Barenboim: irreprochable en el idioma, tan incandescente como controlado, extrovertido e inmediato antes que reflexivo (es decir, en una línea muy diferente a la de Haitink unos meses antes), pero también concentrado cuando debe, consiguiendo además un equilibrio perfecto entre las vertientes lírica, épica y dramática de la página, sin olvidar –especialidad del maestro británico– un humor luminoso pero por fortuna no trivial en el cuarto movimiento. El pianista es el que no sorprende: su denso y al mismo tiempo nítido sonido es de lo más adecuado, su temperamento resulta todo lo poderoso que debe, se encrespa con apropiada garra dramática en los clímax de la partitura, bucea en los aspectos más misteriosos de la misma y sabe cantar las melodías con una sobriedad intensa muy alejada de cualquier devaneo sonoro. Les falta quizá a los dos artistas un punto de imaginación, pero los formidables solistas de la no menos formidable orquesta aportan lo que le falta a esta interpretación para codearse con las mejores. (10)

12 comentarios:

Ángel Carrascosa Almazán dijo...

Algunas puntualizaciones, desde mi punto de vista:
Barenboim/Barbirolli creo que merecer estar más cerca del 10 que del 9;
Gilels/Reiner no creo que deba pasar de 7;
Me sorprende que no hayas señalado la ferocidad, interesantísima, del 2º mov. de Barenboim/Mehta;
La toma de sonido de Barenboim/Celibidache me parece absolutamente sensacional;
La primera grabación que conocí de este Concierto es la de Backhaus/OFViena/Böhm (Decca 1967), tocada de modo muy mecánico pero admirablemente dirigida.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Gracias por las aportaciones, Ángel.

Creo que la interpretación de Reiner/Gilels apunta en la misma dirección que la de Barbirolli/Barenboim, con la diferencia de que estos últimos lo hacen bastante mejor. Aun así, no creo que sea para bajar a los primeros de un notable alto, porque el talento se deja notar, ni para que los últimos alcancen la nota máxima: esta página tiene mucho de sensualidad y ternura, y eso es algo que Barbirolli y Barenboim dejan no completamente, pero sí algo de lado en esa grabación. Por otra parte, creo que el de Buenos Aires ofrecerá un fraseo más rico en lo expresivo y más imaginativo en grabaciones futuras. Por ejemplo, en la de Mehta, que creo que hasta la fecha de su grabación pone el listón en lo más alto desde el punto de vista pianístico.

Con respecto a este último registro, el de CBS, es verdad que debería haber especificado en qué consiste esa particularidad que sí señalé del segundo movimiento: el carácter particularmente encrespado y dramático que aportan los dos artistas, sobre todo por parte de un Barenboim que casi se puede decir que redescubre el movimiento.

Las tomas sonoras del DVD de Celibidache me parecen muy buenas, sobre todo la del Segundo, pero desde luego no a la altura de las mejores. Sin ir más lejos, suenan con más plasticidad los registros del Digital Concert Hall dirigidos por Haitink y Rattle (que son más recientes, sí, pero vienen en vía streaming y no en DVD comercial, que se supone que ha de sonar mejor).

Por cierto, que existe una filmación más de Barenboim que no está comercializada, dirigiendo Jansons. De momento no he podido pillarla.

La de Böhm/Backhaus, a ver si puedo conocerla más adelante. De momento he quedado satisfecho con tantas versiones admirables de esta página. Un saludo.

Bruno dijo...

Comparto, esta vez, varios discos. Ya veo que sigue a Baremboin y sale Mehta bastante bien.
Respecto a éste le informo que dispone de otra grabación anterior, Decca, con Ashkenazy bastante alabada en su época y que a mí me gusta mucho.
Al Robot (Los de su compañero Carrascosa suelen ser más fáciles)

JAVIER M.F. dijo...

Felicidades una vez más por el análisis. Sin duda están aquí algunas de las versiones señeras de la obra pero no todas y entre el número elegido debieran estarlo. Sin la de Richter/Erich Leinsdorf /Chicago (RCA, o sin alguna de las dos conocidas de Szell con Serkin o Fleisher, la comparativa está coja. Referente a las de Barenboim hubiera sido suficiente la excepcional del vídeo con Celibidache.
Es lo mismo que las sinfonías sin las de Sanderling/Dresde o la octava de Beethoven sin la de Szell. Ya sé que no se puede poner todo pero olvidarse de algunas cosas es pecado.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Gracias por la felicitación, pero también me gustaría recordar que ni esta ni ninguna otra comparativa de este blog tiene otra intención que la de ordenar mis notas para intercambiar mis opiniones sobre las interpretaciones que he escuchado. Ninguna de las listas pretende, por tanto, incluir "las gragaciones imprescindibles", sino simplemente las que han pasado en fechas recientes por mi equipo de música. Otra cosa es que antes de publicar una entrada intente, dentro de mis posibilidades, escuchar alguna que pueda ser interesante y que antes no hubiera podido conocer.

En cuanto a Barenboim, puede que con una sola, la de Celibidache, bastara para dar buena cuenta de su arte en esta partitura, pero los señores Barbirolli, Guilini e incluso Mehta se merecen que se le dediquen unas palabras al margen del solista. Digo yo. Un saludo.

JAVIER M.F. dijo...

Bien, que sí, que está bien. Es por decir algo.

Anónimo dijo...

He encontrado una interpretación en directo en youtube que creo muy intersante: La gran Alicia de Larrocha con E. Jochum. Concierto de 1981. La verdad es que el sonido es muy bueno. Aqui dejo el enlace:

http://www.youtube.com/watch?v=9q3grYlB1B4

Anónimo dijo...

He encontrado una grabación en directo que creo es muy interesante: La gran Alicia de Larrocha y E. Jochum de 1981. La verdad es que suena muy bien. Aqui dejo el enlace:

http://www.youtube.com/watch?v=9q3grYlB1B4

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

¡Vaya extraña pareja! Muchísimas gracias.

Valdemar Quijano dijo...

Creo que se le olvido un tándem excepcional: Szell-Serkin con la orquesta de Cleveland, para mí, una de las grandes grabaciones del siglo de este concierto. También falto una épica e histórica, la de Toscanini-Horowitz con la sinfónica de la NBC, con unos acentos heroicos pese a la pobreza técnica de la grabación. Saludos desde Bogotá, Colombia.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Gracias por la aportación. Esas dos versiones jamás las he escuchado, así que espero algún día poder hacerme con ellas.

Anónimo dijo...

Me van a pasar una grabación en directo que me aseguran es de Barenboim y Abbado en Berlín. ¿Alguien tiene los datos de este concierto?