domingo, 28 de abril de 2013

Excepcional Romeo y Julieta por Goyo Montero

Estuve la noche del viernes 25 de abril en el Teatro Real viendo la penúltima de las funciones del Romeo y Julieta de Prokofiev coreografiado por Goyo Montero, en una producción que estrenó el Ballet de la Ópera Estatal de Nuremberg en 2009 y ahora ha retomado nuestra Compañía Nacional de Danza. Me dejó sabor agridulce en los labios por culpa de un foso que a mi entender no funcionó en condiciones. La Sinfónica de Madrid estuvo al mismo nivel que la Orquesta del Marinski en Valencia en diciembre de 2011, es decir, regular tirando a mediocre, y la dirección del señor Koen Kessels, responsable del Royal Ballet de Birmingham, fue mucho peor (aún) que la de Valery Gergiev: por completo carente de estilo, muy flácida, sin la menor garra dramática y apenas matizada en lo expresivo, dejando a los solistas de la formación madrileña moverse en la más absoluta desgana. Solo en la muerte de los dos amantes -eso sí, el momento clave de la obra- el maestro belga encontró inspiración y ofreció una interpretación musical muy digna de esta obra maestra absoluta no ya del repertorio balletístico, sino de toda la historia de la música.


Me pareció sensacional -así, con todas las letras- la labor del madrileño Goyo Montero: una coreografía moderna en el mejor de los sentidos, es decir, interesada muy poco en lo decorativo, solo lo suficiente en lo narrativo y muchísimo en lo expresivo, y haciéndolo con tanta sensibilidad, inteligencia e imaginación  como respeto a las reglas del juego, esto es, atendiendo a las sutilezas de la partitura, sin necesidad de romper con la tradición e incluso permitiéndose algún guiño local, como sustituir las mandolinas del segundo acto por guitarras y hacer que se bailara tocando las palmas.

La escenografía, abstracta y muy bien utilizada. El vestuario, intemporal y eficaz. La luminotecnia, muy hermosa. Solo me molestó que se recortasen unos cuarenta minutos de la partitura. Eché mucho de menos dos momentos fundamentales: la danza popular que abre el segundo acto -aquí fundido con el tercero-, música excelente que ofrece el necesario contraste luminoso con lo que vendrá después, y nada menos que la muerte de Teobaldo, de la que solo se dejaron los golpes de timbal y la marcha fúnebre, por cierto increíblemente bien coreografiada.

Me tocó el presunto "segundo reparto" de bailarines, y encima el Romeo era el "cover": el argentino Lucio Vidal, que me pareció que lo hacía con muchísima dignidad, y desde luego sin vacilación alguna por la sustitución a última hora. A su lado brilló de manera formidable la Julieta agilísima y sensible de Kayoko Everhart, muy bien matizada en la evolución psicológica del personaje que tan estupendamente trazan tanto Prokofiev con su música como Montero con su coreografía. Ryan Ocampo se encargó con pleno acierto del personaje de Mab, quizá la aportación más singular de Montero: aquí representa a algo así como el Destino o la Fortuna y permanece en escena en casi todo momento. El cuerpo de baile, quizá con más nombres extranjeros que propiamente españoles, se desenvolvió de manera irreprochable.

El éxito entre el público -que por desgracia no llenó el teatro- fue grande. Lástima que desde mi asiento en el Paraíso no pudiera terminar de meterme del todo en la acción. Me encantaría volver a ver este Romeo y Julieta, pero en una localidad más cercana, con una orquesta más comprometida y una batuta que tuviera cierta idea de lo que es Prokofiev. Si ustedes tienen la oportunidad, no se lo piensen dos veces: el espectáculo puramente balletístico es una auténtica maravilla pese a incluir solo 110 minutos de la genial partitura.

2 comentarios:

Pablo dijo...

Ese Romeo y Julieta estará en Sevilla en unos días y tengo mi entrada desde hace meses. Eso sí, también de paraíso, que la cosa no está para tirar cohetes. Pero tu entrada ha hecho que se me disparen las ganas...

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Pues creo que disfrutarás muchísimo, aunque me parece que lo hacen con música enlatada. Claro que no sé que es peor, si eso o un foso tan malo como el que hubo en Madrid...