miércoles, 20 de febrero de 2013

Sinfonía nº 40 de Mozart: discografía comparada

La Sinfonía n.º 40 en sol menor, K. 550, penúltima de las que escribió, salió de la pluma de Mozart en 1788, esto es, algo más de tres años antes de la muerte del genial compositor salzburgués. Independientemente de la popularidad de su celebérrimo primer movimiento, su fama está plenamente justificada por la manera en la que se alcanza una comunicatividad sincera e inmediata a través de un grado supremo de belleza formal y con pleno respeto a las formas clásicas. Dicho de otra manera: esta partitura alberga un doliente drama en su interior que está narrado a través de la más absoluta abstracción y pureza formal, a la vez que se ofrece el envoltorio más hermoso imaginable.

Por eso mismo no es nada fácil de interpretar, y de la buena cantidad de grabaciones discográficas que he escuchado solo unas pocas parecen hacer justicia a la partitura. Furtwaengler y Barenboim se encuentran a mi modo de ver entre los mejores recreadores de la obra, precisamente por ser quienes con más fuego y sinceridad ponen de relieve el sustrato más desasosegante de la página. En el polo opuesto se encontrarían Abbado y Norrington, campeones a la hora de eliminar pathos y convertir la obra en una mera sucesión de sonidos bellos, ideales para tomar café con pastas o coger el ascensor.

Necesario es recordar que en una página archigrabada como la presente es natural que sean muchos los registros a cargo de nombres más o menos importantes que han quedado fuera. Mi intención no ha sido otra que intentar explicar qué me parecen los ejemplos escogidos para así contribuir al intercambio de pareceres a través de la red. Habrá siempre quien opine que esta comparativa no vale nada porque no se habla de tal versión o de tal otra “que sin duda son las mejores”. Por desgracia mi tiempo es limitado y no puedo abarcarlo todo.

Los movimientos de la sinfonía son los siguientes. 1. Molto allegro. 2. Andante. 3. Menuetto. 4. Allegro assai.



1. Karajan/Orquesta de la RAI de Turín (1942, varios sellos). Ya en fecha temprana quedaban bien claras las características del Mozart del maestro salzburgués: texturas densas, musculadas y un tanto espesas, búsqueda de grandes contrastes sonoros y belleza superficial, poco sincera, con tendencia a la dulzonería, lo que no impide que en determinados momentos se ofrezcan interesantes apuntes de tensión dramática. El muy digno rendimiento de la orquesta para tratarse de una toma en vivo en plena II Guerra Mundial nos habla, por su parte, que que la búsqueda del perfeccionismo también estaba ya muy presente en el joven Karajan. (7)


Furtwaengler Mozart 40 Tahra

2. Furtwängler/Filarmónica de Viena (TIM, Tahra, 1944). Haciendo gala de su habitual flexibilidad en la agógica y de su enorme comunicatividad, Furt –el Furt “de guerra”, atención a la fecha– construye una lectura visceral, que sale desde el dolor más angustioso en los dos movimientos extremos –apremiantes pese a estar bien controlados–, pero que no por ello desatiende al equilibrio clásico ni a la cantabilidad en un Andante paladeado con enorme aliento poético y cierto regusto amargo. Aun siendo el Menuetto más masivo de la cuenta, los resultados son impresionantes. Solo desentona la abundancia de portamenti tan propia de la época. (9)


Reiner Mozart 40 Pittsburg

3. Reiner/Sinfónica de Pittsburg (Idis, 1947). Todo un placer desmontar el tópico de que en tiempos pasados se entendía a Mozart con pesadez en lo sonoro y desde un punto de vista fundamentalmente decorativo en lo expresivo. Esta interpretación, como las de Furtwaengler y –a su manera– las de Toscanini por la misma época, se decide claramente por los tempi rápidos, la combinación de músculo sonoro con agilidad y la clara comprensión de que las notas de esta KV 550 albergan detrás de su increíble belleza formal una intensa dosis de sentido dramático, de angustia y hasta de rabia que es necesario poner de relieve para hacerle plena justicia; esto no impide al maestro húngaro remansarse en el Andante y paladearlo, sin descuidar los acentos muy lacerantes, con el adecuado vuelo lírico, aunque quizá no con toda la elegancia y depuración sonora posibles. Que haya portamenti molestos para el oyente actual no importa demasiado. (9)



4. Toscanini/Sinfónica de la NBC (DVD Testament, 1948). Una lectura vibrante, directa, de pulso firme, apreciable claridad –con la atención debida a las maderas–, enérgica y tensa pero sin exceso de músculo ni rastro alguno de pesadez, y por fortuna más atenta a los aspectos escarpados de la partitura que a la belleza sonora, es lo que ofrece en esta filmación –notable para la época– el mítico maestro italiano a sus ochenta y un años de edad. El problema, como siempre, es que con Toscanini no solo no hay rastro de cantabilidad, de hondura ni de humanismo, sino que además la tragedia resulta un tanto superficial, insincera. Repárese, por ejemplo, en cómo el movimiento final, aun siendo tan rápido como el de Furtwaengler, no suena como con aquél, es decir, deudor de una intensa angustia vital, sino sencillamente precipitado, amén de seco y cuadriculado. (7)
 
 
Furtwangler EMI The Legend

5. Furtwängler/Filarmónica de Viena (EMI, 1948). Aunque el conflicto bélico ya había quedado atrás, el corazón del maestro alemán seguía destrozado y nos ofrece, ahora incluyendo la repetición del primer movimiento y moderando el uso de los portamenti, una interpretación en la misma línea doliente, crispada y rebelde de la del 44, quizá todavía más extrema. Algo menos lento, el Menuetto resulta ahora más convincente. El resultado, una lectura de absoluta vigencia –bastante mejor grabada que la anterior, por cierto– que es imprescindible tener en la discoteca. (10)


Kleiber Decca Masters

6. Erich Kleiber/Filarmónica de Londres (Decca, 1949). Si dejamos a un lado una vez más la abundancia de portamenti, lo cierto es que nos encontramos ante una realización muy centrada tanto en el estilo como en la expresión, pues Kleiber padre sabe aunar agilidad e incisividad con elegancia y frasea con concentración sin desatender al contenido dramático de la página, particularmente en un magnífico movimiento conclusivo. En el resto, en cualquier caso, falta un grado mayor de compromiso expresivo. (8)


Klemperer Mozart 40 41 Japon

7. Klemperer/Philharmonia Orchestra (EMI, 1956). El de Breslau compartía con Furtwaengler un espíritu musical parecido: humanista, filosófico, de enorme hondura trágica y al mismo tiempo marcado por una imponente grandeza espiritual. Sin embargo, la manera de plasmarlo en sonidos no puede ser más opuesta: frente al marcado romanticismo de un Furt que no dudaba a la hora de doblegar la forma lo que hiciera falta en busca de la expresión, Klemperer apostaba por la adustez, el rigor cartesiano y sonoridades graníticas que no solo no resultaban pesantes, sino que estaban llenas de tensión. Así ocurre en esta interpretación de la más célebre sinfonía mozartiana, desde luego no la más vibrante y emotiva posible, pero siempre de irresistible atractivo para los amantes del estilo klemperiano, y en cualquier caso un verdadero prodigio desde el punto de vista técnico: es difícil tocar mejor -hay algún roce en las trompas- o encontrar un análisis más claro –alucinante estudio polifónico– del entramado orquestal. La toma sonora, estereofónica, ha resultado ser espléndida para la época en la reciente remasterización japonesa. (9)


Walter Mozart

8. Walter/Sinfónica de Columbia (Sony, 1959). Que el Mozart del maestro berlinés no ha perdido vigencia lo demuestra esta interpretación clásica en el mejor sentido del término, ortodoxa pero no sin detalles de creatividad, que sabe ofrecer un apreciable contenido dramático envuelto en un perfecto equilibrio sonoro de admirable arquitectura –la disección de las líneas instrumentales es perfecta– y gran belleza formal, respirando además un amplio aliento humanístico que le permite a Walter ofrecer un Andante realmente memorable, sin duda la cúspide de esta interpretación. El primer movimiento, sin repeticiones, está muy bien, pero interesa más el amplio y poderoso Menuetto, que no renuncia al encanto en su trío, y el dramático Allegro assai conclusivo. Suena estupendamente tras el último reprocesado. (9)


Mozart sinfonias Fricsay

9. Fricsay/Sinfónica de Viena (DG-Karusell, 1960). Interpretación amplia, lenta y densa, quizá un punto otoñal, pero trazada con decisión y sin pesadez alguna, que destaca por su pathos intenso pero muy controlado basado en una equilibrada mezcla entre lirismo, drama y cierta espiritualidad en la que no hay lugar para el arrebato ni la extroversión, pero sí para la elegancia, la calidez y la reflexión. Pierde un poco en el último movimiento, no tanto por su relativa lentitud como por la falta de garra e inmediatez, aunque en cualquier caso su polifonía está muy bien diseccionada. (8)
 

Mozart Bohm DG

10. Böhm/Filarmónica de Berlín (DG,1961). La fusión entre la sonoridad robusta de la orquesta de Karajan –amenazadora a más no poder la cuerda grave en el primer movimiento– y la sobriedad marmórea de la batuta de un Böhm que siempre supo atender a la amargura subyacente en la música mozartiana sin perder la compostura, da como resultado una interpretación sobria, poderosa y musculada, de marcados acentos dramáticos y fraseada con tanta hondura como naturalidad, pero quizá un poco más severa y monumental de la cuenta, y por ende en exceso distanciada. (8)



11. Giulini/New Philharmonia (DVD EMI, 1964). El maestro italiano, en una primera madurez que se encuentra lejos todavía de su musicalmente muy otoñal última etapa, ofrece aquí una interpretación del más absoluto e irreprochable equilibrio clásico, en el mejor y más amplio de los sentidos, esto es, tanto en el sonoro como en el expresivo. Es este un Mozart apartado de la amplitud de un Klemperer –con la misma orquesta, curiosamente– o un Fricsay, que resulta ágil pero en absoluto precipitado o falto de músculo; un Mozart controlado a la perfección, de arquitectura nítida y sin devaneos, pero en absoluto cuadriculado; un Mozart elegante y hermoso, mas no coqueto o trivial y, aunque sin que esta se ponga en ningún momento en primer plano, con una dosis considerable de tensión dramática; un Mozart, como no podía ser menos en Giulini, maravillosamente cantado, pero con acentos lacerantes que nos advierten de la inquietud que late en el interior de los pentagramas. Un Mozart-Mozart, en definitiva. ¿Qué falta? Pues quizá una dosis extra de compromiso expresivo, de personalidad o quizá, simplemente, de sal y pimienta. La imagen parece muy buena para la época, pero el sonido es monofónico. (9)


Szell Mozart Sony Jacket

12. Szell/Cleveland (Sony, 1967). Esta grabación no hace sino confirmar el tópico cierto de que el director de origen húngaro y la orquesta norteamericana ofrecían interpretaciones de asombrosa perfección técnica y excesivo distanciamiento en lo expresivo, particularmente en unos movimientos centrales de aburrida asepsia. El primero estaría bien de no ser por algunos detalles creativos –cosa rara en el objetivo Szell– que convencen más bien poco, y en el último, eso sí, el maestro logra despertarnos con una batuta tan vibrante como controlada haciendo gala de su proverbial capacidad para clarificar y tensar las líneas. Demasiado tarde. (7)


Mozart 40 Barenboim English Chamber EMI

13. Barenboim/English Chamber (EMI, 1967). En una época en la que ya se habían impuesto las interpretaciones lentas, densas y meditativas, Barenboim echa mano de una orquesta reducida y de soberbia calidad para apostar por una lectura rápida, tensa y abiertamente dramática, desde luego sin mucha chispa en los movimientos centrales, que ofrecen esa adustez del Mozart que hacía el maestro por los años sesenta, pero con impresionantes resultados tanto en lo estilístico como en su capacidad comunicativa. También en el plano técnico: el desmenuzamiento de cada uno de los planos sonoros, con especial atención a los sonidos graves, es asombroso. En cualquier caso, el de Buenos Aires aún dará una vuelta de tuerca a la partitura en el futuro. (9)

 
Mozart_-_Symphonies_Nos_35,_40,_41_(Pablo_Casals)

14. Casals/Orquesta del Festival Malboro (Sony, 1968). Aunque el instrumento no sea el mejor posible y la batuta del mítico violonchelista catalán diste de ofrecer toda la depuración sonora deseable, no es esta una realización rutinaria o de compromiso sino la recreación de un enorme músico que puso toda la carne en el asador desde el punto de vista expresivo. Otra cosa es que no todos los movimientos funcionen igual de bien. Sin duda son espléndidos los extremos, dichos con garra, vitalidad, extroversión y apropiado sentido dramático, incluyendo buenos detalles creativos. Falla por desgracia el Andante, donde la lentitud con que se intenta hacer justicia a la mezcla de amargo lirismo y hondura reflexiva que alberga la página termina produciendo la caída de la tensión interna y un desarrollo discontinuo, a trompicones. Sin problemas el Menuetto. (8)

 
 

15. Karajan/Filarmónica de Berlín (EMI, 1970). Sin rastro alguno de pesadez –aunque lógicamente haya abundante músculo– y sin el menor devaneo con la dulzonería o el amaneramiento, el de Salzburgo construye una lectura delineada con una perfección asombrosa, desarrollada con una lógica irreprochable y sonada con una belleza, una suntuosidad y un virtuosismo difícilmente superables. Sin embargo, y salvando un magnífico cuarto movimiento, la emoción se escapa: con tanta obsesión por la técnica, que por cierto queda muy en evidencia en los ensayos que acompañan esta edición, Karajan termina levantando un monumento a la frialdad. (7)
 
 
Mozart sinfonias Marriner Philips

16. Marriner/Academy of St. Martin-in-the-Fields (Philips, junio 1970). Aunque Barenboim ya había grabado la partitura con una formación de cámara, la apuesta de Marriner supone una clara renovación de los planteamientos interpretativos al optar por una mayor ligereza no solo en lo sonoro, sino también en lo expresivo, restando densidad a la partitura y resaltando así sus aspectos más apolíneos, delicados y camerísticos de la misma. Su aportación, por ende, lo que hace no es sino abrir el sendero que después recorrerán la mayoría de los historicistas, y de ahí su importancia histórica. Otra cosa es esa consabida sosería del maestro británico que, por muy bella en lo formal que resulte su realización, logra dejarnos indiferentes en los movimientos centrales, algo abiertamente censurable en una música que es cualquier cosa menos decorativa. (7)
 

Mozart 40 41 Krips

17. Krips/Concertgebouw (Philips, 1972). A sus setenta años de edad, el maestro austríaco ofrece un Mozart amplio en sus tempi, musculoso y con densidad tanto sonora como expresiva, pero nada pesante, fraseado con tanta naturalidad como lógica constructiva y desde luego muy atento a los aspectos dramáticos de la música al tiempo que apartado de todo lo que suene a trivialidad o narcisismo. Por desgracia los dos primeros movimientos no terminan de convencer; al primero, excesivamente adusto, le falta un poco de carácter y quizá resulte más lento de la cuenta, mientras que el segundo se preferiría mejor paladeado y con menos nervio. Los dos últimos son sensacionales, ofreciendo un espectacular análisis de la polifonía al que no es ajeno el asombroso rendimiento de la orquesta holandesa. (8)



18. Böhm/Filarmónica de Viena (DG DVD, 1973). Doce años después de su registro en estudio, el de Graz repite en vivo su acercamiento marmóreo, severo y un punto distanciado, pero en cualquier caso elegantísimo y admirable en el trazo, solo que sustituyendo el músculo algo excesivo para este repertorio de la Filarmónica de Berlín por el bellísimo terciopelo de la orquesta más mozartiana del mundo. También Böhm está quizá un punto más inspirado, más transparente y más ágil, esto último sobre todo en el movimiento conclusivo. Los mismos intérpretes tienen otra interpretación en estudio tres años posterior, que desconozco. (9)


Mozart 40 41 Abbado LSO

19. Abbado/Sinfónica de Londres (DG, 1980). Cuando asomaban los ochenta Claudio Abbado se hallaba aun muy lejos de los actuales coqueteos con el mundo historicista -este es un Mozart por completo tradicional, convencional incluso-, pero ya de vez en cuando saltaban señales de alarma que nos advertían de su evolución posterior. Aquí por ejemplo, tenemos dos primeros movimientos presididos por la asepsia y la blandura, e incluso con más de un amaneramiento, que resultaban por completo impropios de quien hasta entonces estaba siendo un enorme director. Menos mal que la segunda mitad de la obra, irreprochablemente trazada, mejora un poco las cosas. (6)


Kubelik sinfonias

20. Kubelik/Radio Bávara (Sony, 1980). El maestro checo ha sido uno de los directores que mejor ha demostrado que lo apolíneo no tiene por qué significar en modo alguno distanciamiento, indiferencia expresiva, trivialidad o falta de tensión interna, y eso queda bien claro en esta KV 550 sonada de modo increíblemente bello y elegante, cantada con enorme naturalidad, trazada con una arquitectura de prodigioso equilibrio y sin espacio alguno para el desgarro -estamos en terrenos opuestos a los de Furtwaengler o Barenboim-, pero de magnífico pulso interno, enérgica cuando debe ser, de hondo humanismo en un segundo movimiento memorable y, en general, atenta al drama interno que albergan los pentagramas. A pesar de un Menuetto excesivamente amplio y de aristas algo suavizadas -aun así, hay acentos lacerantes en los violines-, es una referencia absoluta dentro de las interpretaciones de corte tradicional y equilibrado. (10)
 
 
Mozart 40 41 Levine Chicago

21. Levine/Sinfónica de Chicago (RCA, 1981). Que el que fuera durante lustros director musical del Met es una batuta pedestre, superficial y de brocha gorda queda bien de manifiesto en este registro en vivo en el Festival de Ravinia, particularmente en un Andante extremadamente prosaico y aburrido. Sin embargo, en esta ocasión hay que agradecer a Levine no solo que no saque en ningún momento los pies del plato, sino que además inyecte a su interpretación una buena dosis de empuje y energía, particularmente en un Allegro assai no precisamente refinado, pero sí extrovertido, lleno de vida y de comunicatividad. La orquesta, impresionante. (7)


Mozart 31 40 Hogwood

22. Hogwood/The Academy of Ancient Music (Decca, 1981). El irregular clavecinista y director británico fue el primero que se atrevió a grabar -por partida doble, en versión sin clarinetes, que es la que comentamos, y con ellos- esta sinfonía con instrumentos originales. Fue un acierto, porque era necesario ofrecer nuevos puntos de vista para esta obra maestra partiendo de los presupuestos filológicos, y no tanto en lo que se refiere al número de ejecutantes, que ya se había reducido bastante con las experiencias de Barenboim o de Marriner, sino en la tímbrica -los violines son muy ácidos incluso para un oído acostumbrado al historicismo-, en la articulación y en la propia concepción expresiva. El problema es que Hogwood, pese a no caer en la tentación, como sí le ocurrió en algunas de sus interpretaciones haendelianas, de resultar frívolo o pimpante, era -y sigue siendo- un director bastante soso, y frente a unos movimientos extremos bastante logrados, el Andante carece de cualquier comunicatividad y el Menuetto no sabe romper con la tradición en la manera de colocar los acentos. La orquesta, llena de nombres que se harán ilustres, tampoco suena con la depuración que hoy, venturosamente, alcanza este tipo de formaciones. (7)
 
 
Mozart 40 Harnoncourt Concertgebouw

23. Harnoncourt/Concertgebouw (Teldec, 1983). No se le puede negar al maestro berlinés su carácter arriesgado e inquieto, su manera de lanzarse sin red hacia una serie de experimentos que en buena medida han arrojado nuevas luces hacia partituras architrilladas y han abierto puertas a renovadas vías de interpretación, pero tampoco podemos dejar de reconocer su deseo de resultar iconoclasta porque sí, de dejarse llevar por personalismos injustificados desde el punto de vista expresivo o, simplemente, de llamar la atención. De todo esto hay en esta lectura pionera a la hora de mezclar instrumentos modernos y articulación moderadamente historicista, que pese a huir por completo de las densidades digamos que “románticas” y ofrecer siempre la agilidad e incisividad esperables en Harnoncourt, apuesta por mezclar la garra dramática de un Furtwaengler con la sobriedad puramente neoclásica, añadiendo además una buena dosis de claroscuros teatrales y unas ligeras gotas de galantería que mira al pasado. Así las cosas, nos ofrece un primer movimiento vehemente, angustiado y dramático, pero sustituyendo la sinceridad del citado Furt con cierta espectacularidad de cara a la galería. El segundo, aun apostando asimismo por el dramatismo, resulta nervioso y un tanto pimpante. El Menuetto, generalmente en Harnoncourt el movimiento más personal e interesante por su rapidez y rusticidad, aquí resulta excesivamente rápido e innecesariamente agresivo. El final, algo lento en relación con el resto, resultaría de una admirable ortodoxia si no fuera por algunos detalles creativos no muy convincentes. La orquesta, maravillosa. (7)
 
 
 Mozart sinfonias Tate

24. Tate/English Chamber Orchestra (EMI, 1984). Esta interpretación sólida, seria, incluso severa dentro de su irreprochable musicalidad, destaca por la maravillosa arquitectura que ofrece una batuta de pulso firme, atentísima a la polifonía y al equilibrio de planos sonoros -admirable el relieve de las maderas-, alcanzando además el punto justo de equilibrio entre elegancia y músculo bien ayudada por una orquesta de maravillosa sonoridad, que no tanto por el ingeniero de sonido. Solo se pueden poner reparos a la relativa sosería de los movimientos extremos. El Andante está desgranado con una emotividad contenida que ofrece una tensión dramática no por sutil menos efectiva. En el Menuetto, poderoso pero en absoluto hinchado, destaca un elegantísimo trío. (9) 
 
 
 Mozart Bernstein

25. Bernstein/Filarmónica de Viena (DG, 1984). Este documento es un desconcertante testimonio de las dos caras de Bernstein en los últimos años de su carrera. En el primer movimiento tenemos al director narcisista, blando y amanerado, preocupado únicamente por la seducción sonora -la orquesta es la ideal para responder sus requerimientos- y muy poco atento al contenido dramático de la música. En el cuarto nos reencontramos con el comunicador sincero, directo, lleno de fuerza controlada y capaz de aunar como nadie músculo, claridad y belleza. Entre medias, un Andante muy hermoso pero un tanto otoñal y con tendencia a la blandura, más un Menuetto sonado de maravilla pero algo hinchado. (7)
 
 
Mozart sinfonias Solti


26. Solti/Orquesta de Cámara de Europa (Decca, 1984). Admirable testimonio de cómo Solti alcanzó su mayor grado de madurez en la primera mitad de los ochenta gracias a la absoluta concentración, admirable cantabilidad en el fraseo y gran atención a los aspectos apolíneos de la música que el maestro supo añadir a su estilo habitualmente directo, rápido, vibrante y de agudo instinto dramático. Nos encontramos así ante un Mozart no genial, pero sí de perfecto equilibrio entre temperamento y belleza clásica, amplio pero tenso, en absoluto pesado, tocado de manera impecable por una orquesta de la que el maestro extrae petróleo y desmenuzado con una claridad y equilibrios de planos difícil de superar: pocas veces se ha escuchado así de bien el tejido polifónico del cuarto movimiento. Por si fuera poco, la toma sonora es portentosa. (9)


Mozart 40 Bruggen

27. Brüggen/Orquesta del siglo XVIII (Philips, 1985). El maestro holandés y su notabilísima orquesta de instrumentos originales nos demostraron ya hace años en sus grabaciones para el sello Philips que interpretar el repertorio clásico con parámetros estrictamente historicistas no tiene que significar en modo alguno renunciar al vigor, el conflicto ni la tensión interna, y menos aun caer en la blandura, la ligereza expresiva o la trivialidad. Buen ejemplo es esta interpretación sobria y dramática, de magnífico trazo y espléndida ejecución, que solo pierde un tanto por el excesivo distanciamiento del segundo movimiento y la relativa sosería del minueto. (8)
 
 
Mozart 40 Giulini Orfeo

28. Giulini/Filarmónica de Viena (Orfeo, 1987). El maestro contaba ya setenta y tres años cuando realizó esta interpretación, registrada en vivo con sonido solo aceptable para ser ya de la era digital, en el Festival de Salzburgo. Y aquí la edad se deja notar, pues nos ofrece una lectura claramente otoñal, amplia y meditativa, en la que a un primer movimiento muy discutible no ya por eternizarse, sino por sus coqueteos con la dulzura, da paso a un segundo profundísimo, denso en el mejor sentido de la palabra, melancólico y trágico al mismo tiempo, fraseado con la naturalidad que es propia en Giulini, y en cualquier caso de asombrosa belleza. El tercero le queda algo pesante, y el cuarto no pierde tensión a pesar del enfoque adoptado. La orquesta aporta una sonoridad de la mejor ortodoxia mozartiana en esta lectura tan discutible como interesante, en la que por cierto se respetan todas las repeticiones. (9)
 
 
  Mozart 40 41 Gardiner

29. Gardiner/English Baroque Soloist (Philips, 1989). Bien respaldado por una toma sonora soberbia , el maestro británico realiza una rigurosísima labor técnica con su magnífica orquesta de instrumentos originales clarificando líneas, trazando las tensiones de manera irreprochable y demostrando un elevado sentido del ritmo, todo ello partiendo de una aproximación expresiva objetiva, sobria y rigurosa, por completo ajena a la trivialidad o el amaneramiento, sin necesidad de llamar la atención frente a las interpretaciones de corte tradicional. El problema, como tantas veces ocurre con Gardiner, es que se le escapa el alma de la música; los movimientos impares suenan más virtuosísticos que sinceros mientras mientras que el segundo, en exceso distante, carece de la poesía al mismo tiempo cálida y agónica que desprenden los pentagramas. El último sí es magnífico. (8) 
 
 
Mozart 40 Norrington LPO

30. Norrington/London Classical Players (EMI, 1991). Por completo alejado del pathos y de la densidad de las interpretaciones tradicionales, pero también de la seca acidez de un Hogwood o de los claroscuros, la electricidad y el sentido teatral de un Harnoncourt, el británico ofrece una recreación en la que apuesta claramente por la ligereza, y no solo en tempi y en sonoridad sino, sobre todo, en carácter. El resultado es un Mozart delicado, grácil y coqueto, digamos que “de porcelana”, en la que se pasa de largo ante los conflictos para optar por lo amable y lo luminoso. Todo esto está muy bien realizado desde el punto de vista técnico y su hoy desaparecida orquesta de instrumentos originales responde sin problemas, pero resulta dudoso que este planteamiento sea adecuado para una obra como la KV 550. (6)
 
 

31. Harnoncourt/Chamber Orchestra of Europe (DVD DG, 1991). Con un instrumento de mucha calidad aunque no tan extraordinario como el del Concertgebouw, Harnoncourt repite su acercamiento de ocho años atrás realizando algunas modificaciones y moderando algunas decisiones que, en conjunto, hacen que esta nueva lectura sea algo más ortodoxa que la anterior, aunque no por ello carezca precisamente de personalidad. En cualquier caso, está todo tan calculado que el resultado es muy frío y distante, por muy sólida que sea su factura desde el punto de vista técnico. (7)


Mozart 40 Giulini Berlin Sony

32. Giulini/Filarmónica de Berlín (Sony, 1991). No hay apenas diferencias de concepto con respecto a la interpretación registrada en vivo cuatro años antes, salvo la sustitución de la más adecuada Filarmónica de Viena por la mucho más musculosa, aunque en cualquier caso imponente, Berliner Philharmoniker, a la que por lo demás el italiano modela con una plasticidad asombrosa y hace cantar con naturalidad infinita. La toma sonora es ahora, lógicamente, muy superior, y suponemos que debe de serlo aún más en el reciente reprocesado realizado para esta caja de precio barato con interpretaciones mozartianas a cargo de la orquesta berlinesa. (9)
 
 
Mozart 40 Wand

33. Wand/Sinfónica de la NDR (RCA, 1994). A sus nada menos que ochenta y dos años, el director alemán no podía menos que ofrecer una lectura rigurosamente tradicional, amplia, densa y con músculo, también algo pesadota -salvo en el Menuetto- y sin mucha elegancia. Tampoco resulta particularmente poética o emotiva, pero sí se halla muy atenta a los aspectos dramáticos de la página. Lástima que la orquesta no sea mejor. (8)
 
 

34. Celibidache/Filarmónica de Múnich (EMI, 1994). Aunque nació el mismo año que Günter Wand, y por mucho que en su última etapa los tempi se dilataran de manera infinita, la interpretación del maestro rumano -grabada en el mes de marzo de 1994, como la de su colega- no resulta ni mucho menos tan lenta y masiva como la de este, con la excepción de un Andante que mezcla pathos y espiritualidad con resultados algo extraños y no del todo convincentes. Pero el Menuetto, siendo más amplio, está llevado con enorme naturalidad, mientras que los movimientos extremos se desarrollan no solo con lógica, fluidez y enorme belleza, sino también con una agilidad y hasta velocidad impensables en el Celi más maduro. Eso sí, y al contrario de lo que ocurre con Wand, la luminosidad se impone sobre las tinieblas y el drama no termina de salir a flote. (8)


Mozart sinfonias Pinnock

35. Pinnock/The English Concert (Archiv-DG, 1994). No siendo sus presupuestos en principio menos historicistas que los de sus colegas, e incluso atreviéndose a incorporar un clave como bajo continuo -de manera tan discreta como acertada, por cierto-, Pinnock no necesita acentuar la acidez de la cuerda, ni frasear de modo pimpante, ni excederse en la incisividad de los ataques, ni adoptar velocidades que no permiten a la música respirar. Por eso su lectura, siendo rápida, ágil y fluida, está fraseada con enorme naturalidad, sonada con gran belleza y dicha con amplia cantabilidad, alcanzando además un apreciable equilibrio entre los aspectos líricos y los dramáticos -sombríos acentos en el segundo movimiento- sin perder nunca la elegancia y la luminosidad que requieren el mundo mozartiano. Magnífica y enorme ortodoxia, pues, lejos del pathos furtwaengleriano o de las densidades de la escuela centroeuropea, pero también muy apartado de la frivolidad, la aspereza o la blandura de otros maestros historicistas. Lástima que la toma sonora, siendo muy buena, resulte en exceso reverberante. (9)
 
 
Mozart 40 Koopman

36. Koopman/Orquesta barroca de Ámsterdam (Erato-Warner, 1994). Partiendo de unos presupuestos interpretativos cercanos a los de su compatriota Brüggen, el clavecinista, organista y director holandés aporta un acercamiento menos severo, más imaginativo en el fraseo y con un colorido en el que las maderas adquieren singular importancia. Por desgracia Koopman, tras un Molto allegro muy conseguido aunque no especialmente dramático, cae en ciertas languideces en el Andante y no convence al apostar por una excesiva levedad en muchas frases de los dos movimientos restantes. La toma sonora es muy buena, pero algo reverberante. (7)
 
 
Mozart 40 41 Vegh




37. Végh/Camerata Académica del Mozarteum de Salzburgo (Decca, 1995?). Interpretación personalísima y desconcertante, pues a una orquesta de tamaño reducido tratada con una articulación ágil, nada pesante, y controlada férreamente para no dar pie al arrebato ni a la pérdida del equilibrio clásico, se añade un tratamiento de la agógica muy libre que deriva en un fraseo y una acentuación imprevisibles que descubren numerosos aspectos nuevos de la partitura y generan una sensación muy peculiar a medio camino entre el desasosiego y la espiritualidad. Interesantísimo. (9)

 
CD-Muti-Wiener Mozart 40 Prokofiev Schubert

38. Muti/Filarmónica de Viena (VPO, 2000). En medio del triunfo discográfico de las interpretaciones historicistas, esta de Muti y Viena -tienen dos más dos más en Philips, una en audio y otra en vídeo, registradas en 1991- supone el retorno a las lecturas tradicionales, esto es, relativamente lentas en los tempi, densas en lo sonoro y en lo expresivo, cálidas y nobles antes que vivaces o incisivas, de legato amplio y pathos tan profundo como controlado, desde luego no en la línea de un Furtwaengler ni de un Barenboim, pero sí en la de un Klemperer, un Fricsay o un Böhm. A destacar el enorme vuelo poético del segundo movimiento y la elegancia muy viril del Trío. El Molto allegro, sorprendentemente, carece de la garra y la inmediatez que esperaríamos en un maestro como Muti, que por fortuna sí hace gala de agilidad, su sentido teatral y fuerza expresiva en un magnífico último movimiento. La Filarmónica de Viena sabe ofrecer todo el músculo que demanda la batuta sin perder la belleza sonora que la caracteriza. (8)
 
 
Mozart 40 41 Minkowski

39. Minkowski/Les Musiciens du Louvre (Archiv-DG, 2005). El director francés es un músico más bien vulgar y pedestre, que suele resultar grueso en lo sonoro cuando se pone en plan dramático y caer en la liviandad cuando quiere ser lírico, amén de resultar por lo general bastante más vistoso que profundo. De todo eso hay en esta interpretación, pero también encontramos una buena dosis de vida, de teatralidad y de comunicatividad, incluso de garra expresiva. Y lo más importante: Minkowski tiene bien claro que los cuatro movimientos de esta partitura -el último le queda particularmente bien- salen desde el dolor y con intenciones abiertamente dramáticas, y no para ofrecer sonoridades hermosas ni relax emocional. Su orquesta, que nunca ha sido gran cosa, ofrece una sonoridad rústica y coloreada que, aun en el extremo opuesto al de una Filarmónica de Viena, resulta muy apropiada para esta música. (7)
 
 
Mozart 40 41 Weil

40. Bruno Weil/Tafelmusik (Analekta, 2006?). Si no fuera por un segundo movimiento terriblemente cuadriculado, aséptico y rutinario, nos encontraríamos ante una interpretación notable entre las de corte historicista por estar magníficamente sonada, bien trazada en sus líneas, dicha con irreprochable gusto y situada en el punto de equilibrio expresivo adecuado entre elegancia, drama y luminosidad. Aun así, los otros tres movimientos necesitarían aun un punto más de imaginación, de personalidad y de compromiso expresivo para sobresalir por encima de la media. La grabación se hizo para ser descargada, previa compra, desde la web del sello. (7)


Mozart 40 Norrington Stuttgart

41. Norrington/Sinfónica de la Radio de Sttutgart (Hänssler, 2006). Aunque ahora se sirve de una orquesta de instrumentos modernos -no muy fina en esta toma en vivo, por cierto-, Sir Roger no solo no ha moderado sus criterios sino que los ha radicalizado, en general para peor. Quizá el primer movimiento ha ganado en garra tensión interna, pero la velocidad -ahora es más rápido aún- no se ve compaginada con un fraseo natural y resulta precipitado. El Andante también posee mayores tintes dramáticos cuando debe, pero los pasajes líricos no solo están sonados de manera en exceso liviana, sino que están fraseados a saltitos, con un espíritu no ya frívolo sino abiertamente cursi, por no decir repipi. El Menuetto está planteado ahora con mucha mayor rusticidad, pero en el Trío Norrington vuelve a mostrarse en exceso interesado por lo grácil y lo coqueto. El cuarto arranca como si fuera la música de un dibujo animado, pero por fortuna se termina centrando y ofrece unos resultados por fin magníficos que, a estas alturas, ya poco pueden hacer para salvar esta recreación del mal gusto de su artífice. (5)
 
 

Mackerras Mozart Linn

42. Mackerras/Scottish Chamber Orchestra (Linn, 2007). Músico desconcertante a más no poder, Sir Charles realiza aquí un curioso intento de sintetizar no solo las sonoridades tradicionales y las historicistas, sino también el temperamento dramático con la ligereza y hasta la coquetería, con resultados irregulares. Lo más flojo es el segundo movimiento, largo por las repeticiones pero leve y apresurado, poco sensual y sin hondura. El Molto Allegro inicial está muy bien, salvando algunos detalles. Espléndidos los otros dos, ágiles pero con sentido dramático. Admirable la grabación. (7)
 
 

43. Pinnock/Filarmónica de Berlín (Berliner Philharmoniker Digital Concert Hall, 2008). Moderando de manera considerable la articulación historicista pero sin renunciar en absoluto a ella -obviamente sí elimina el bajo continuo de su interpretación con instrumentos originales-, el clavecinista y director británico vuelve a acertar con una lectura sensata, musical y de la mejor ortodoxia expresiva, esto es, elegante, apolínea y luminosa pero con una importante carga dramática, fraseada con enorme naturalidad, admirablemente expuesta -irreprochable la polifonía del movimiento conclusivo- y tan hermosa como comunicativa, en la que además logra aunar sin problema alguno la densidad sonora de la formidable orquesta berlinesa con la agilidad de su batuta. Al segundo movimiento, que posee adecuados claroscuros, se le podía pedir quizá algo más de calidez, pero en cualquier caso se trata de una interpretación de mucha altura. (9)
 
 
Mozart 40 Jacobs

44. Jacobs/Orquesta Barroca de Friburgo (Harmonia Mundi, 2008). La del contratenor francés una de las lecturas más historicistas hasta la fecha, tanto por la sonoridad áspera de la orquesta como por el fraseo particularmente ágil, incisivo y recortado que le lleva a ofrecer alguna que otra frase en exceso pimpante en el Andante. Jacobs además subraya alguna frase de las maderas en el primer movimiento que rara veces se oye y ofrece en los dos últimos una gran cantidad de retenciones de tiempo y reguladores sin duda altamente teatrales, pero que quiebran la unidad del discurso. Sin duda ha de levantar ampollas entre los más alérgicos a los instrumentos originales. Es cuestión de acostumbrar los oídos, porque el concepto que maneja Jacobs, como el de Minkowski tres años atrás, se encuentra más cercano del dramatismo y el sentido trágico de algunos directores tradicionales que de la indiferencia expresiva de un Hogwood, de la cursilería de un Norrington o del aburrimiento infinito de un Abbado, por citar a directores que realizan apuestas parecidas en lo formal. Muy lejos, en cualquier caso, de la calidez y cantabilidad de un Pinnock más moderado en sus planteamientos y más rico en concepto, como también de la sensata ortodoxia de un Bruno Weil. (8) 
 
 
Abbado Mozart 39 40

45. Abbado/Orquesta Mozart (DG, 2009). Veintinueve años después de su primera grabación, y esta vez adoptando una articulación decididamente influida por el historicismo, Abbado no solo no corrige la asepsia, la blandura y el amaneramiento de entonces, sino que los potencia de manera considerable y les añade esa molesta obsesión por la ligereza sonora propia de los últimos lustros de su evolución como director. Realmente es difícil hacer los dos primeros movimientos de manera más plana, flácida, aburrida e insulsa: no hay aquí ni tensión dramática, ni aliento lírico, ni sentido de los contrastes. Ni siquiera elegancia: cursilería más bien. De los matices expresivos, ni hablemos. Tampoco la orquesta es precisamente para tirar cohetes. Los dos últimos movimientos mejoran algo sin hacer que esta interpretación, registrada en directo con buen sonido, salga de la más absoluta mediocridad. (4)
 
 

46. Barenboim/Filarmónica de Viena (toma radiofónica en YouTube, 2012). Un amable lector de este blog ha tenido la amabilidad de subir a YouTube la toma radiofónica procedente de un concierto celebrado en Praga el 15 de mayo de 2012 en el que Barenboim y la orquesta más mozartiana del mundo interpretaron las tres últimas sinfonías del autor de manera memorable. De la nº 40 ofrece una recreación apasionadísima, poderosa y hiperdramática, muy rápida en el primer movimiento -a la cuerda le cuesta trabajo seguirle y llega a despistarse-, que logra poner de relieve los aspectos más tormentosos de la partitura sin atentar contra la naturalidad del fraseo, la belleza sonora -el sonido es muy corpulento, eso sí- ni el encanto mozartiano. La pifia de las trompas en el trío es perdonable dentro de tan tremebunda recreación. (10)

23 comentarios:

Pablo dijo...

En las versiones que conozco estoy bastante de acuerdo en todo, pero eso sí, a mi los acelerones y caprichos varios de Jacobs me ponen un poco nervioso. Y si encima se supone que son lecturas historicistas ya apaga y vámonos...

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Ciertamente: si las libertades que se toma Jacobs las hiciera un director tradicional, los radicales del historicismo pondrían el grito en el cielo y pedirían la excomunión.

Javier M.F. dijo...

De acuerdo con la máxima puntuación a la de Furtwangler. En mi opinión la de Erich Kleiber es una de las referencias, Szell también, Pablo Casals con el Festival Marlboro (Sony) impresionantes, y las últimas de Harnoncourt con el Concertgebouw son una auténtica maravilla por el aire fresco que suposieron en su momento, la innovación y demás. Todo el arte de Harnoncourt está aquí y además con un sentido que va muy bien a ests sinfonías; luego se arrepintió y suavizó las formas con la Orquesta de Cámara de Europa.
Hay que reconocerte, no obstante el gran estudio discográfico.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

¿Las últimas de Harnoncourt con la Concertgebouw? No le entiendo muy bien, ¿es que las volvió a grabar, o se refiere usted a estas de principios de los ochenta?

Puedo añadir que tengo una filmación de este director y la Filarmónica con la Filarmónica de Viena de 2006, que no es la misma que está en Youtube y por eso no he comentado, donde el berlinés vuelve a radicalizar sus planteamientos, a mi entender con resultados a muy peor por la mezcla de brutalidad innecesaria y trivialidad.

En cualquier caso, gracias por los comentarios.

Javier M.F. (jmfurtwangler) dijo...

No, no, las que hay, las únicas (Teldec)de primeros 80.

bruckner13 dijo...

Fernando, me extrañaba que no comentaras entre las mejores 40 la última de Böhm con la Filarmónica de Viena. Me sorprende que aún no la conozcas porque es excepcional.

Anónimo dijo...

Igualito este estudio que otro que ha publicado cierta revista de la 10 sinfonia de Shostakovich que parece encargado a la señora que limpia en mi bloque, dada la cortedad de argumentos que expone. Enhorabuena

Bruno dijo...

Ya oíamos que los titulados andaban subempleados. Una está de limpiadora de bloque.
Pero todo tiene solución: Sr. Anónimo, ilústrenos, por favor.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Ahora sí que me he perdido... En cualquier caso, no se peleen.

Bruno dijo...

Pues no sé si le están comparado con la mujer de la limpieza y lo de la enhorabuena va de cachondeo o lo de la mujer de la limpieza es por otra cosa y lo la enhorabuena es por sus comentarios. Veo que la redacción es ambigua. Por descontado, en el segundo caso, retiro mi comentario.

Andante moderato dijo...

Una versión genial, increíble, que echo en falta: Szell en Tokio, 1970 (último concierto del maestro, naturalmente con la orquesta de Cleveland). No conozco interpretaciones superiores a esta.

A propósito, quisiera preguntarte si puedes recomendarme vídeos de ensayos de grandes directores de orquesta en Youtube, en los que se pueda aprender sobre el trabajo técnico de la conducción. Desafortunadamente, las pocas filmaciones que he encontrado me parecieron bastante superficiales en cuanto a contenido musical, posiblemente porque estuvieran pensadas para la televisión y su audiencia neófita.
Saludos, y felicitaciones por el artículo.

Javier M.F. dijo...

Hay cuestiones sobre criterios directoriales que a uno le dejan perplejo. Valoro especialmente lo que yo creo que es consecuencia personal de un Director. No entiendo al último Barenboim dirigiendo el molto allegro de la 40 de Mozart superando los tempi de algún historicista, y luego esa ralentización soporífera del allegro con brio de la 3ª de Beethoven en su última versión con la WEDO, al menos al comienzo del movimiento (a pesar de la depuración estilística y perfección técnica y demás, no pude seguir escuchando esa versión).
Creo que la nº 40 de Mozart por Krips (ciertos aspectos dramáticos al margen) debería haberla dirigido Barenboim y la de Barenboim dirigirla Krips. Dentro de las versiones más o menos lentas, la de Krips no tiene rival. Es admirable esa transparencia, ese matiz, ese lirismo, ese toque a angustia propio de la obra, sin estar todo ello reñido con cierto reposo y, al mismo tiempo, el aire danzable requerido. Dentro de las más rápidas de tempi Szell y Pablo Casals con mención especial para Mackerras y Gardiner.Furtwangler, como siempre, a parte.
Referente a Harnoncourt, creo que su mejor versión es la del vídeo de Japón con la Filarmónica de Viena de principios del 2000, no sé el año (circula por el emule junto con la 39 y 41 bajo el subtítulo de "Japan live series").Esta versión es una mezcla del radicalismo un poco exagerado de la del Concertgebouw (Teldec) con la más moderada posterior de la Orquesta de Cámara de Europa.Si, como dice Fernando, Harnoncourt se volvió a radicalizar, pero sólo un poco, sin llegar a los extremos anteriores para Teldec.
Este resumen personal lo hago sin haber podido escuchar muchas de las versiones que relaciona Fernando, donde una vez más debemos felicitarle por este gran trabajo.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Mil perdones por la tardanza en contestar. Me alegra que a algunos os haya interesado el post; eso anima mucho, la verdad, después del trabajo realizado.

Andante, de la interpretación de Szell en Tokio tengo entendido que suena bastante regular incluso en SACD. Intentaré escucharla, no obstante. Vídeos de ensayos me avergüenza no conocer demasiados. Pero ojo: los que hay por ahí no es que sean superficiales, es que de cara al gran público en la edición les quitan las partes más técnicas que pueden aburrir a la mayoría de los mortales, aunque sean precisamente las que a ti más te puedan interesar.

Javier, gracias por las aportaciones. La de Barenboim en Viena es sin duda una interpretación muy discutible, pero a mí es de las que más "me ponen". La de Harnoncourt que dices está en Youtube, pero no la he visto aún. De este señor nunca se sabe qué se puede esperar. Un saludo.

Javier M.F. dijo...

fernando.
En el Youtube no he mirado. Yo las bajé del emule. Se marca Japan live series Mozart Harnoncourt, y aparecen la 39, 40 y 41, con la Filarmónica de Viena e Japón.
Seguramente estarán también en el Youtube pero lo desconozco.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Ahí va lo de Harnoncourt en Japón, por si a alguien le apetece (yo no lo he visto):

http://youtu.be/U-8UNloXMN0

Emilio dijo...

Hercúleo esfuerzo para una entrada titánica. Enhorabuena. Se disfruta y aprende mucho con cosas así.

La única pega que encuentro es que es muy indulgente con Baremboim. No creo que merezca 9 y 10.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Gracias, Emilio. ¿Por qué piensa que las interpretaciones de Barenboim se merecen menos nota?

Emilio dijo...

Basándome en criterios técnicos: no se le puede poner un 10 cuando hay un fallo en las trompas. El 10 es la perfección. Si hay un fallo grave es difícil calificarlo de 10.

Aprovecho para felicitarle de nuevo por su extraordinario blog y por el hercúleo trabajo que realiza. Mis padres también dan clase a PCPI y la anécdota que cuenta es similar a otras que me cuentan.

Un cordial saludo

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Muchas gracias, Emilio.

Si por fallos técnicos graves no debemos ponerle un diez a una interpretación, tendríamos que quitarle el carácter referencial a la mayoría de las grabaciones de Furtwaengler, y creo que eso a nadie se le ocurriría. O deberiamos vapulear a Maria Callas...

No, sigo pensando que la cuestión técnica es muy importante, pero no decisiva hasta ese punto: cuando hay verdadero genio, importan poco los gazapos puntuales, por muy estrepitosos que estos sean. Un saludo.

dr. ramsés dijo...

Sigo sacándole partido a tu blog para conocer nuevas referencias. Gracias por ello.
Una de las que ya tenía en mi discoteca era la de Celibidache, y me resulta sorprendente lo bien que "maridan" el maestro rumano y Mozart. Y por cierto a mi si me gusta ese Andante, me parece contenido y concentrado.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Es que ya se sabe lo que pasa con Celi... Unos días te parece maravilloso y otros te resulta difícil comulgar con maneras tan personales. Hay que escucharle, en cualquier caso.

Jr Histoclasica dijo...

Hola Fernando, realmente has construido una entrada fantástica para como bien dices al principio del post , una sinfonía muy difícil de interpretar. La prueba está en ese magnifico recorrido que has hecho a través de la distintas versiones. Muchos han sido los intentos y siguen siéndolos. Yo me quedo con algo que has puesto de manifiesto. La sinfonía tiene dos puntos fundamentales, realmente difíciles. Por un lado , está toda ella traspasada por el drama, la angustia y el desasosiego. El primer movimiento encierra todo eso y es el corazón de la sinfonía. Por otra parte está en conseguir el tempi adecuado para ese drama. ¿¿¡¡¡ Como se interpreta un molto allegro mozartiano que encierra semejante drama !!!?? Creo que las mejores versiones serán como creo que tu has señalado, las que aúnen un tempo rápido con la expresión del desasosiego. Una pena que a Karl Böhm , le falte rapidez porque drama no le falta. De acuerdo contigo en las versiones de Furtwängler y Barenboin. De las historicistas solo conozco Harnoncourt. No me convence; creo que la interpretación musical es algo mas que buscar bellos sonidos y mucho mas que la vana pretensión de adivinar el espíritu literal de la sinfonía. Enhorabuena y un millón de gracias por este recorrido a través de la cuarenta.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Gracias por los inmerecidos elogios, JR.

Estoy completamente de acuerdo: la gran dificultad interpretativa de la obra es hacer que un "Molto allegro" suena a verdadero drama, y además hacerlo manteniendo el imprescindible equilibrio clásico. Por eso creo que son tan escasos los directores que han acertado de lleno en la obra. Y sí, también por completo suscribo que interpretar es muchísimo más que buscar sonidos bellos, aunque a veces estos resulten imprescindibles. Un cordial saludo.