martes, 29 de enero de 2013

Arrau y Barenboim frente a Liszt

Quiero traer aquí dos publicaciones que he ido saboreando despacito y que a la postre me han supuesto un deleite supremo, no solo musical sino yo diría que también espiritual, pues de esto último mucho hay en la obra sobre la que ambas giran: el piano de Franz Liszt. Obviamente el Liszt excelso, el de la Sonata en Si menor, los Años de peregrinaje y demás, no el de las obras más pensadas de cara a la galería, que ya se sabe que el húngaro era, entre otras muchas cosas, un exhibicionista de cuidado.

Arrau Liszt Eloquence

La primera de las publicaciones referidas es una cajita de la serie Eloquence, editada en Alemania en 2011, que contiene la mayoría de lo que con este repertorio grabó Claudio Arrau para el sello Philips entre 1968 y 1989; puede que ustedes, como le pasó a un servidor, ya tenga en su discoteca algunas de estas mismas interpretaciones, pero la compra merece la pena porque el precio es baratísimo y todo el contenido se ofrece en una nueva remasterización de excelentes resultados. La segunda publicación es el doble DVD editado por Euroarts con las filmaciones que realizó Daniel Barenboim en diferentes escenarios de Bayreuth en 1985, en paralelo a un disco en estudio para Erato con el que coincide parte del contenido. Tampoco duden a la hora de repetir: la realización visual es bellísima y la interpretaciones de las obras duplicadas son quizá aún mejores que las del compacto.

La escucha la he desarrollado realizando comparaciones no solo entre los dos pianistas citados, sino también con interpretaciones de señores como Vladimir Horowitz, Sviatoslav Richter, Lázar Berman, Emil Gilels y Krystian Zimerman, que no son precisamente unos principiantes. Hay en todos ellos mucho que admirar, a veces muchísimo (genial, increíble el disco de Zimerman que contiene la Sonata en Si menor), pero después de todas estas horas de escucha me parece que el chileno y el argentino se sitúan en lo más alto, porque son quienes mejor logran ahondar en los contenidos expresivos de las obras sin dejarse llevar por el enorme despliegue de virtuosismo que plantean las notas. ¿Que hay colegas que son capaces de tocar más rápido, con más limpieza digital aún y con más brillo? Pues sí, pero estos dos genios del piano tienen poca competencia, Zimerman aparte, en lo que se refiere a gama dinámica, a maleabilidad del sonido, a riqueza de colores, a flexibilidad en el fraseo, a concentración en los momentos más calmos y a naturalidad -no hay rastro de rigidez ni de mecanicismo- en los más extrovertidos. Y a belleza sonora, eso por descontado, aunque ninguno de los dos la busca como un fin en sí mismo, sino como medio para lograr unos objetivos expresivos concretos.

Barenboim Liszt Bayreuth Euroarts

Lo más interesante es que cada uno de ellos, aun compartiendo los planteamientos antedichos, ofrece una visión distinta de esta impresionante música. Arrau resulta eminentemente lírico: canta las melodías de manera insuperable y ofrece una delicadeza, una ternura y un humanismo emotivos a más no poder y de inmediata comunicatividad, aunque también sea capaz de encresparse y resultar poderoso cuando debe. Frente a esta manera digamos “horizontal” de plantear la música, teniendo en cuenta la relación de cada nota con la siguiente para integrarlas en frases amplias de perfecta lógica, nos encontramos con la apuesta “vertical” de un Barenboim que atiende sobre todo al peso armónico de los acordes, inyectando una tremenda tensión y, siendo su sonido pianístico mucho más robusto que el de su colega, subrayando las características más orquestales de estas obras. Dicho de otro modo, Arrau mira con el rabillo del ojo al pianismo de Chopin, no en balde compositor admiradísimo por Liszt, mientras que Barenboim lo hace -no de refilón, sino con evidente descaro- al yerno del compositor, que como saben ustedes no es otro que Richard Wagner. Por eso mismo las interpretaciones del chileno resultan más directas, más frescas y accesibles para todo el mundo, mientras que las de su colega, más reflexivas y al mismo tiempo más visionarias, exigen un esfuerzo especial, una concentración grande por parte del oyente.

No voy a decir nada sobre cada una de las interpretaciones. Sobre las de Barenboim ha escrito Ángel Carrascosa en su blog: estoy completamente de acuerdo con sus comentarios, realizados con una experiencia en este repertorio de la que yo carezco. En cuanto a Arrau, me gustaría destacar la sensacional dirección de Sir Colin Davis en los dos conciertos, que por cierto suenan divinamente a pesar de remontarse a 1979. Y puntualizar que de la Sonata en Si menor se incluye no el registro de 1970, sino el de 1985; no está a la estratosférica altura de la interpretación de Zimerman o de la de Barenboim de este doble DVD, pero aun así es una realización muy considerable. Solo un lunar: la Rapsodia española de 1933, precipitada y muy de cara a la galería, buena prueba de cómo evolucionó don Claudio hasta convertirse en uno de los más grandes pianistas del siglo XX.

1 comentario:

jmfurtwangler dijo...

La sonata por Richter, para mi gusto, es insuperable. Ante semejante animal cualquier comparación hay que medirlamucho. Estoy escuchando la muy reconocida de Zimerman pero por más que me esfuerzo me sigue gustando más la anterior.
La de Arrau me gusta mucho también. Otras no he escuchado.
En los dos conciertos para piano, Richter/Kondrashin creo que no admiten competencia alguna. Están en otra galaxia.
Magnifico disco este de Philips con la sonata por Richter y los conciertos citados que afortunadamente obra en mi poder. ¿Uno de los mejores CDs exixtentes?