jueves, 31 de enero de 2013

Hengelbrock no convence con Tchaikovsky ni con Liszt

Un Rigoletto con instrumentos originales del que tengo muy vago recuerdo es lo único que he escuchado encargándose de repertorio del siglo XIX a Thomas Hengelbrock , director al que admiré su precioso espectáculo Carnaval Veneciano en Jerez y su Ifigenia en Tauride en el Real (no tanto en Clemenza). Pues bien, como este sábado espero escucharle el Parsifal filológico que está haciendo en Madrid con su Balthasar Neumann Ensemble -cuerdas de tripa e instrumentación presuntamente fiel a la usada por Wagner en el estreno-, me ha parecido oportuno escuchar un compacto que ha llegado a mis manos, grabado en 2011 y editado por Deutsche Grammophon, en el que el maestro alemán dirige Tchaikovsky y Liszt, concretamente sus respectivos y más famosos conciertos para piano. La orquesta es la Filarmónica de Múnich, y los criterios son tradicionales salvo en la moderación del vibrato; no hay, desde luego, deseos de llamar la atención ni de mostrarse iconoclasta frente a la tradición interpretativa romántica.


Los resultados me han parecido decepcionantes. El trazo es bueno, todo está en su sitio, la batuta le pone ciertas ganas e incluso ofrece cierto barniz de brillantez, pero a la postre terminan imponiéndose la incapacidad para desplegar sensualidad, vuelo lírico y emotividad, como también para ofrecer la adecuada garra dramática. La inspiración brilla por su ausencia tanto como lo hace el idioma adecuado para los respectivos autores. De acuerdo con que no podemos pedir maravillas como las que con esta misma orquesta ofreció Celibidache en la partitura de Tchaikovsky, pero en cualquier caso Hengelbrock no es capaz de convencer en sus superficiales e incluso aburridas interpretaciones, y cuando aporta algo -acentuación heterodoxa en la celebérrima introducción de la obra del ruso- saca un poco los pies del plato. Así las cosas, dudo mucho que le pueda hacer justicia a una obra tan complicada como Parsifal. Ya les contaré.

¿Bueno, y qué pasa con el piano? La solista es la germano-japonesa Alice Sara Ott, nacida en 1988 precisamente en Múnich. Ya tiene varios discos en el sello amarillo, aunque este es el primero que le escucho. Me ha parecido una artista sin interés. Entiéndaseme: la chica toca de manera irreprochable y se mantiene al margen tanto de los efectismos como de los amaneramientos a los que recurren otros en este repertorio, pero su presunta objetividad interpretativa deviene en asepsia. Ni su sonido es muy variado, ni su fraseo flexible, ni los matices abundantes. Mecánica y cuadriculada, más bien, a despecho de cierta elegancia en los movimientos lentos. Una Consolación nº 3 de Liszt interpretada con gélida delicadeza cierra un disco perfectamente inútil.

3 comentarios:

Pablo dijo...

Yo guardo buen recuerdo de la Misa en si menor de Bach de Hengelbrock, aunque hace un montón que no la escucho. Claro que una cosa es el historicismo en el Barroco y otra que tenga algo que decir en una obra como Parsifal.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Pues seguro que en Bach es muy bueno, pero en Liszt y Tchaiokvsky, nanai. Para Wagner empiezo a temblar.

Bruno dijo...

Vicentet, me ha intrigado. ¿A quién se refiere con lo de Mandrika?
Es cierto que Ormandy grabó mucho pero no tengo ni idea de su popularidad en USA. Me imagino que grande, por eso y por mantenerse en esa orquesta. Es muy posible que algo tuviera que ver Karajan. Por eso lo cité. Él comentó que a Ormandy le hubiera gustado tener, en Europa, su popularidad. Por otra parte no le debió de gustar que Ormandy se negara a perdonarle su pasado en la Alemania nazi, por otra parte tan controvertido. Pero esto son elucubraciones, mis habladurías.
Resulta que al único que he visto defender a Ormandy, que yo recuerde, es a Frübeck. Pero esto, para los progres, puede ser una condena a muerte. A mí me resulta un sonido más bello y natural el de Filadelfia. A la par con el de la FV o la RCOA. Natural y bello, repito. No era sofisticado pero sí directo al grano. No digo que sea el más grande. Pero espero que se reediten sus discos para repasar este asunto. Lo coloco en el grupo de cabeza. Caben bastantes.
Por otra parte me chirría el que el director titular quiera reconvertir el sonido glorioso de la orquesta que le encomiendan. Y estoy pensando en Muti en Filadelfia y en Abbado en Londres. No digamos lo que pasa en Berlín. Ya quisieran el empaste de la RCOA. No es lo mismo una suma de virtuosos que una orquesta.
Por cierto: este viernes a ver qué pasa con Bruckner en Valencia. (Y con Berg)
Otra: Puse a Boulez en el you tube para los Wunderhorn. Me parece mucho mejor Szell. No conozco lo de Prohaska, aunque siempre ha tenido buenas referencias. Ha sido un disco difícil de encontrar.
Ahora al robot.