jueves, 13 de diciembre de 2012

El mejor Macbeth de Verdi, gratis y con subtítulos en español

Como anda ahora el Teatro Real liado con el genial título verdiano, quiero yo traerles aquí, con mediocre calidad de imagen y sonido pero incluyendo los subtítulos en castellano que ha colocado un alma caritativa, la más increíble recreación de Macbeth que imaginarse puedan, la de La Scala milanesa de 1978 con la batuta de Abbado (cuando era el enorme Abbado, es decir, todo fuego y sinceridad, nada que ver con los amaneramientos de hoy), dirección escénica del gran Giorgio Strehler y un reparto encabezado por Piero Cappuccilli, Shirley Verret, Nicolai Ghiaurov y Veriano Lucheti. ¡Lástima que no estuviera Domingo, que sí participó en la grabación en estudio con el mismo equipo para DG!


Solo dos palabras sobre la interpretación, porque el visionado (obligatorio, por favor) lo dice todo. La dirección de Abbado es rápida, tensa y vibrante, y está marcada por una rusticidad muy adecuada para el mundo verdiano; cierto es que no resulta tan personal, creativa y alucinada como la de un Sinopoli, pero también es menos irregular y discutible. Magnífico Capuccilli, más por voz y estilo -y eso que tiene problemas en su aria del último acto- que por penetración psicológica, como era de esperar. Sensacional, absolutamente insuperable e histórica, la señora Verret, una Lady Macbeth poderosísima y llena de sinceridad, además de espoleada por el fuego del directo: nada que ver con los resultados de su película junto a Chailly y Nucci. Muy bien Ghiaurov como Banquo, y solvente más por entrega que por técnica el tenor.

El trabajo escénico de Strehler es sobrio y a veces resulta fascinante, pero por desgracia no es fácil disfrutarlo con semejante calidad visual. A la espera de que algún milagro permita una edición comercial que mejore tal circunstancia recurriendo a fuentes oficiales de la RAI, aquí queda el YouTube como testimonio de lo que es Verdi-Verdi, ajeno a las relecturas de los caprichosos divos de la dirección escénica actual y a la mediocridad de las voces verdianas que hoy imperan en nuestros escenarios.

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