lunes, 5 de noviembre de 2012

Thaïs con Domingo, de Valencia a Sevilla

Ya dejé aquí constancia de lo bien que lo pasé en la tercera y última función de la Thaïs ofrecida por el Teatro de la Maestranza, la del miércoles 31 de octubre. Me toca ahora decir algo con más calma y establecer las inevitables comparaciones con la que escuché en el Palau de Les Arts el pasado mes de abril (enlace) con la misma producción e idéntico protagonista, un Plácido Domingo que retorna a Sevilla después de demasiados años de ausencia tras un Le Cid -también Massenet, vaya casualidad- no del todo brillante y de una Traviata rutinariamente dirigida desde el foso.


Sobre la propuesta escénica, procedente de Suecia, creo que puedo repetir las mismas palabras que ya escribí en este blog. Comparaba entonces esta producción con la del Met que circula en DVD (con una fabulosa Reneé Fleming) y decía que “la que hemos visto en Valencia me ha parecido muy superior a la del coliseo neoyorquino. Coincide con ésta en la traslación de la acción hasta fechas recientes -primera mitad del XX en la propuesta de John Cox, segunda mitad del XIX en la que viene de Gotemburgo-, pero acierta mucho más en el tratamiento de escenografía y vestuario, voluntariamente sobrecargados y excesivos (más obvio de la cuenta lo de las dunas a base de senos). La decadente atmósfera finisecular (Thäis se estrenó en 1894) a medio camino entre el simbolismo y el modernismo me pareció lograda. Se sacó además un excelente partido de la plataforma giratoria a la hora de plasmar la travesía por el desierto del monje Atanaël y de la cortesana -aquí actriz de prestigio- reconvertida a la vida espiritual (…). No me convenció tanto que la directora de escena Nicola Raab mezclase una narración naturalista con elementos más bien conceptuales, porque el equilibro no estaba conseguido y algunos planteamientos resultaban ininteligibles”.

Puedo añadir ahora que sigo sin comprender la escena en la que la protagonista, mucho antes del momento “oficial” de su muerte, asciende a los cielos, arropada por las monjas, en una vestimenta de ave que recordaba a la del momento de su aparición en el primer acto. El dúo final, eso sí, lo he entendido ahora claramente como una alucinación de Athanaël: los personajes nunca se miran entre ellos y permanecen en planos distintos. La segunda visión me ha permitido, además, reparar en algunos detalles que me habían pasados desapercibidos en la otra ocasión, entre ellos el deterioro de los trajes de los cenobitas en su última aparición o el hecho de de que las ruinas del desierto no sean sino las del teatro donde la diva vivió sus grandes éxitos. Sin ser redonda, me sigue pareciendo una producción bastante satisfactoria. Sobre la belleza visual de la misma dan buena cuenta las fotografías de Julio Rodríguez que he robado descaradamente de su blog.


Musicalmente el nivel me ha parecido muy alto, más aún que en Valencia a pesar de que, indiscutiblemente, la orquesta y coro de allí fueran de una calidad técnica muy superior a la -solo notable- de los del Maestranza, violín solista incluido. La diferencia la ha marcado Pedro Halffter con una dirección menos extrovertida y brillante que la de Patrick Fournillier, pero mucho más mórbida, más sensual y más mística -no hay contradicción alguna- al mismo tiempo, dotada de unas texturas vaporosas de lo más adecuadas y de un fraseo cantable, elegante y concentrado; una dirección más en estilo, por tanto, además de más hermosa, comunicativa y emocionante. La justamente célebre Meditación -lo mejor de la ópera- fue sublime.

Malin Byström lo hizo bien en Valencia, pero Nino Machaidze, por cierto no menos increíblemente hermosa que su colega, canta con mayor morbidez, refinamiento y temperatura emocional, siempre dentro de una línea perfecta para la ópera francesa, como ya advertimos en su maravillosa Juliette de Salzburgo (enlace). Eso sí, a su hermosísimo registro central -sólido y muy esmaltado- le falta la compañía de un grave holgado -insuficiencia que solo se notó en alguna frase aislada- y de un sobreagudo solvente: sus chillidos fueron más numerosos que los de la Byström, pero en ninguno de los dos casos semejante limitación arruina las enormes virtudes que atesoran las sopranos.

No menos bien ha estado el tenor alicantino Antonio Gandía en Sevilla -elegantísimo e irreprochable en su línea de canto- que Paolo Fanale en Valencia, aunque compartan ambos las limitaciones a la hora de proyectar la voz; que la regie les obligara a veces a cantar en el fondo de la escena no les ha beneficiado en absoluto. Sin embargo, en Les Arts estuvo estupendo Gianluca Buratto como Palémon mientras que en Sevilla la rotunda voz de Stefano Palatchi -que se conoce perfectamente un papel que llegó a grabar para Decca- se ha visto seriamente afeada por un molesto trémolo. Muy bien Micaëla Oeste como Crobyle, espléndida Marifé Nogales en los roles de Myrtale y Albine, y admirable pese a la brevedad de su aparición David Lagares como el sirviente. Entre los cenobitas -miembros del coro, como el cantante citado en último lugar- hubo de todo, bueno y no tan bueno.


Y Plácido. Nunca he ocultado que se trata de mi cantante favorito, pese a que decirlo conduce inmediatamente a que te miren por encima del hombro. Sobre todo en España, donde existe toda una línea de críticos guardianes de las presuntas esencias de la no menos presuntamente verdadera tradición canora que se han empeñado en ningunear al tenor madrileño. Claro, el tiempo ha puesto las cosas en su sitio, y podría ocurrir que alguien de quienes hasta no hace mucho afirmaban que Domingo se encuentra acabado desde mediados de los ochenta (!) ahora le contrate para cantar Siegmund y cosas así. Aunque a decir verdad, ni quienes somos sus fans imaginábamos que a sus setenta y dos años oficiales (setenta y seis como mínimo, me aseguran por ahí) iba a estar así de voz, con un timbre inmaculado que lo hace perfectamente reconocible en cuanto abre la boca, un grave -me refiero al grave de tenor- de una solidez indiscutible y un volumen que sigue siendo apreciable. Agudo no hay, desde luego, y de ahí que tenga que cantar roles baritonales con las comprensibles insuficiencias que ello conlleva.

En el caso de Athanaël, sería ridículo no reconocer que en el primer acto hay momentos en los que los pasa mal y el resultado es deficiente. Con todo, canta con su habitual buen gusto, permanece ajeno a la vulgaridad (aunque a quien suscribe le gustaría una visión más negra del personaje), evita caer en el ridículo truco del engolamiento y hasta se reserva para ofrecer alguna exhibición de fiato. Luego la cosa mejora y a partir del segundo acto -perdónenme por volver a copiar lo que escribí sobre la producción valenciana- tenemos “al gran Domingo, con su timbre de siempre (¡a semejante edad!), un fiato aun suficiente, un legato bellísimo y una enorme calidez expresiva. Al contrario de lo que algunos pudieran pensar, matizó bastante las dinámicas. Y nada de tendencias veristas, por cierto: su francés no es precisamente modélico, pero el estilo de canto tuvo toda la morbidez y distinción que Massenet reclama, sin subterfugios de cara a la galería. Algunas frases -la despedida de Thaïs al finalizar el primer cuadro del tercer acto- fueron de una belleza verdaderamente sublime”.

¿Hace falta añadir que en la tercera función sevillana, aun evidenciando cierta fatiga en el dúo final, se mostró más seguro y convincente que en Valencia? Si el papel se lo aprende con un año de antelación o en el ensayo general, es algo que me importa un bledo cuando los resultados son de semejante altura. Domingo sigue cantando con la belleza y la emoción en los labios. Tampoco es necesario recordar que como actor sigue siendo solvente y que su increíble forma física le permite adaptarse a la perfección a cualquier demanda de la dirección escénica. Enorme artista, enorme función de ópera. Noche para el recuerdo.

4 comentarios:

Pablo dijo...

Yo fui a la misma función y en general coincido más o menos con todo. Tengo que escuchar más cosas de Machaidze, porque la otra noche no percibí esos apuros que comentas en el grave. Será cuestión de oir más cosas de esta mujer, a ver cómo se maneja.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Bueno, la verdad es que en el grave solo la encontré apurada en un par de pasajes, porque la escritura del papel no realiza grandes demandas por abajo. Hay sin embargo quien afirma lo contrario, como puede leerse en la crítica de este señor:

http://www.beckmesser.com/47235/

A Machaidze solo le he escuchado, aparte del Gounod de Salzburgo, una Lucia en Valencia que (lo comenté en su momento)me resultó un tanto irregular, y desde luego no al excelente nivel de esta Thaïs sevillana. Tiene por ahí un disco de arias (en Sony, creo)que de momento no he podido catar. Saludos desde la sierra segureña.

Anónimo dijo...

Estimado Sr. Vargas,

Ruego disculpe mi atrevimiento pero estoy buscando un Blu Ray de alguna ópera que comprar para ver en alta definición. Es un regalo para una persona que ocasionalmente acude a la ópera y que muestra mucho interés. Me gustaría comprar un blu ray no solo de una propuesta de calidad sino que tenga una grabación muy buena y vistosa. No sé si me puede recomendar alguna. Estaba pensando el Turandot de Valencia pero evidentemente, y ante mi desconocimiento sobre este campo, prefiero preguntarle.

Muchas gracias y disculpe las molestias.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

¡De atrevimiento nada! Para eso estamos por la red, para intercambiar ideas. Otra cosa es que pueda serle de ayuda, porque no tengo aún muchos Blu-rays de ópera.

Se me ocurre la Tosca de Pappano en el Covent Garden. No la conozco en ese formato, en el que acaba de salir a buen precio, pero sí en alta definición descargada de la red. A mí me gusta mucho la interpretación, sin ser perfecta, y siempre resulta un título de enorme atractivo. La Turandot de Valencia, como usted dice, es una muy buena opción, y además permite lucir la potencia de la HD.

Luego está la Carmen del Met con Garança y Alagna. Ella está estupenda, pero el tenor no me convence. Nézet-Seguin tiene momentos maravillosos y otros flojos, mientras que la producción puede resultar algo tópica para algunos. No sé cómo se verá en Blu-ray.

La Manon de Massenet con Netrebko, Villazón y Barenboim está musicalmente maravillosa, y en la filmación no se nota nada lo normalita que es la producción escénica (la vi en Valencia). Este último blu-ray está a muy buen precio.

También con Villazón y también en Deutsche Grammophon está el Romeo y Julieta de Gounod, con maravillosa Nino Machaidze y un aquí excelente Nézet-Seguin. Lo que ocurre es que lo que se ve interesa menos.

Para terminar, a mí me gusta muchísimo el Così fan tutte de Iván Fischer, sobre todo por la puesta en escena de Nicholas Hytner. Pero la obra, siendo absolutamente maravillosa, no gusta a cierto tipo de público, por lo que no sé si es adecuada para alguien que no va mucho a la ópera.

Si se le ocurre algo más, pregunte cuanto quiera por si he visto la filmación en cuestión. Gracias por su confianza.