martes, 14 de agosto de 2012

La mer, de Debussy: discografía comparada

Escrita en 1905 y estrenada por la Orquesta Lamoureux en octubre de ese mismo año, La mer supuso un verdadero hito en la historia de la música, no ya por sus extraordinarias aportaciones en lo que a orquestación se refiere, sino también por su manera de romper la jerarquía de valores señalando la mayor importancia del color sobre la melodía, por el modo de fragmentar esta última en multitud de pinceladas (de ahí que se haya hablado de Impresionismo musical) y por la negación de la direccionalidad del discurso.

En cualquier caso, todo ello queda relegado por la increíble potencia comunicativa de la obra, independientemente de que la interpretación de turno opte por una línea digamos ortodoxa que potencie los aspectos sensuales y brumosos de la escritura, o reivindique por el contrario los rasgos más incisivos, digamos que expresionistas, de una música en la que en cada audición se escuchan cosas nuevas. Ni que decir tiene que la pluralidad de enfoques es imprescindible para descubrirla en toda su riqueza: esperamos que los siguientes apuntes sirvan para orientar al lector en el laberinto discográfico. La comparativa que se ofrece en el blog Ipromesisposi también puede ayudar.

La partitura, subtitulada por el propio Debussy como “tres bocetos sinfónicos”, consta de los siguientes movimientos:
  1. De l'aube à midi sur La mer (Desde el amanecer hasta el mediodía en el mar), Très lent.
  2. Jeux de vagues (Juegos de olas), Allegro.
  3. Dialogue du vent et de La mer (Diálogo del viento y el mar), Animé et tumultueux.





1. Toscanini/Sinfónica de la NBC (RCA, 1950). No hay brumas con el ya por entonces octogenario maestro italiano. Tampoco sensualidad contemplativa. De hecho, no se puede decir que sea la suya -hablamos de su penúltimo registro, tiene otros en diversos sellos- una versión muy francesa. Pero pocas pueden competir con ella en incisividad, tensión dramática y carácter tempestuoso, particularmente en una tormenta que pocas veces ha sonado tan encrespada. La arquitectura está trazada con enorme solidez, sin precipitaciones ni excesivo nerviosismo, y la claridad es siempre proverbial si salvamos las comprensibles limitaciones de la toma sonora. Solo hay que reprochar la falta de refinamiento de algunas frases y la fealdad tímbrica de la orquesta norteamericana, poco adecuada para esta música. (9)



2. Karajan/Philharmonia (EMI, 1953). Seriamente constreñida por la toma sonora monoaural, y por ende en clara desventaja frente a los posteriores registros del salzburgués, el interés de esta interpretación se limita a constatar que ya antes de su etapa al frente de la Filarmónica de Berlín, también en este repertorio Karajan era capaz de modelar el sonido con una asombrosa plasticidad y de otorgarle una enorme brillantez sin caer en la vulgaridad o perder de vista el estilo. En cualquier caso, sus grabaciones ya estereofónicas ofrecerán también una mayor depuración sonora, voluptuosidad e inspiración, como también ciertos devaneos narcisistas aquí ausentes. (7)



3. Toscanini/Sinfónica de la NBC (Guild, 1953). La angulosa, incisiva y vibrante interpretación -magnífico el tercer movimiento, mucho menos los otros dos- incluida en este concierto dedicado íntegramente a Debussy aporta poco con respecto a la suya propia de estudio tres años anterior. De hecho, cosas del directo, está menos bien resuelta en algunos pasajes. Lo que interesan son los ensayos de La mer que completan el doble compacto: hora y media de un Toscanini con las ideas musicales muy claras y un humor de perros destrozando la autoestima de los miembros de su orquesta. Pura leyenda. Leyenda negra y verdadera, habría que añadir. (8)



4. Cantelli/Philharmonia (EMI-Testament, 1954). Sólo un año después de la grabación con Karajan, la Philharmonia vuelve a la obra con una toma sonora también monofónica pero bastante superior en relieve y presencia sonora. Y lo hace dirigida por un joven director -fallecería poco más tarde en un accidente aéreo- que ofrece una visión muy distinta de la partitura, menos perfecta en lo técnico, menos concentrada -particularmente en el segundo movimiento, demasiado rápido-, menos brillante, pero también más espontánea, trazada con mayor naturalidad, más cálida y más comunicativa. Tampoco encontramos con Guido Cantelli el nervio y la incisividad de su maestro Toscanini, y sí una buena dosis de luminosidad mediterránea. (8)



5. Inghelbrecht/Orquesta Nacional de la ORTF (Testament, 1954). Impagable testimonio de un director que, al frente de la orquesta que él mismo había fundado veinte años atrás, pudo tener la ocasión de defender la obra debussyana con la presencia y respaldo del propio compositor. Es verdad que en general hay un poco de más nerviosismo de la cuenta y que, por ende, algunos pasajes podrían estar más paladeados, pero hay que descubrirse ante la maleabilidad con que domina los diferentes volúmenes orquestales, atendiendo especialmente a la superposición de estratos sonoros; ante la portentosa riqueza de colorido -maderas muy francesas-; ante la amplia pero en absoluto caprichosa flexibilidad del fraseo; y no digamos la inmediatez y comunicatividad que desprende esta lectura, de una inflamación “romántica” -apasionadísima la tormenta- que echa por tierra los más sobados tópicos. Eso sí, en lo que a virtuosismo orquestal se refiere, cosas mejores se han escuchado. El sonido de la recuperación de Testament, obviamente monofónico, resulta muy satisfactorio. (9)



6. Munch/Sinfónica de Boston (RCA-Sony, 1956). El tiempo no le ha sentado bien a esta prestigiosa grabación. El maestro galo acierta sin duda con el colorido exacto que debe tener esta obra -las maderas de Boston suenan francesas a más no poder- y sabe tejer la atmósfera brumosa y sensual propia de una recreación ortodoxa de la página, pero la planificación no siempre resulta depurada y en el fraseo se alternan momentos de admirable concentración con otros -lo más- excesivamente nerviosos y dichos un tanto de pasada. La toma sonora, fabulosa para la época, recupera los tres canales originales en la edición de RCA en SACD. Desconocemos cómo suena el reprocesado, ya en CD normal, realizado en fechas recientes por Sony. (8)



7. Van Beinum/Concertgebouw (Philips, 1957). Con notable sonido estereofónico recupera la serie Eloquence esta interpretación en la que, aparte de asombrarnos ante la enorme calidad que ya por entonces exhibía la orquesta holandesa, podemos degustar una dirección ortodoxa, muy centrada en el estilo, atenta tanto a la sensualidad como a los aspectos más escarpados de la obra. Falta en cualquier caso una inspiración más elevada en el primer movimiento, y sobra cierto carácter verbebero y precipitado en la coda del tercero. Aun así, el nivel global es elevado y no podemos dejar de aplaudir el cuidadoso y muy atractivo tratamiento de las texturas del segundo movimiento. (8)


 

8. Reiner/Sinfónica de Chicago (RCA, 1960). Una visión más estática de lo imaginable en Fritz Reiner en los movimientos extremos, aunque con la vivacidad y fuerza esperables en el central. Falta aún un grado más de poesía, sensualidad e imaginación, pero tales son el control hacia la orquesta, el virtuosismo de la misma y la musicalidad de la interpretación, que resulta difícil realizar reproches. (9)



9. Giulini/Philharmonia (EMI, 1962). Acertó Walter Legge al poner al poner en esta ocasión al frente de su orquesta, que por entonces aún era la mejor del orbe, a alguien en principio muy ajeno al mundo impresionista como Giulini. Y es que el joven director, algo distante en lo expresivo y desde luego muy alejado de la incisividad, el nervio y el carácter visionario de un Toscanini, demostró una admirable sintonía con el mundo sonoro de Debussy, particularmente con su concentración, su ambigüedad y su sentido del misterio, ofreciendo una atmosférica interpretación en el que logra la cuadratura del círculo al compaginar el sentido brumoso y difuminado de las texturas, tratadas de un modo asombroso, con una gran claridad y una impecable lógica constructiva. Impecable la orquesta, sobresaliendo un percusionista que logra hacer sonar la espuma del mar en los platos como pocas veces se ha escuchado. (9)



10. Ansermet/Orquesta de la Suisse Romande (Decca-Newton, 1964). Una verdadera explosión de vida y color por parte de un Ansermet entusiasta a más no poder que maneja a su orquesta con admirable plasticidad y, sin menoscabo de lo extrovertido del enfoque, un aliento muy sensual y adecuada atmósfera. Si los resultados no están a la altura de las grandes recreaciones de la obra es porque el maestro no solo va algo más rápido de la cuenta, sino que frasea con excesivo nerviosismo, sin la concentración y la poesía deseables. (8)



11. Karajan/Filarmónica de Berlín (DG, 1964). Por fin con una toma sonora a la altura de las circunstancias, el salzburgués demuestra su condición de alquimista del sonido con una interpretación opulenta en lo sonoro -también más masiva de la cuenta-, refinada e impactante al mismo tiempo, si bien más preocupada por impactar con los grandes contrastes sonoros que por desplegar poesía, y también -minuto y medio más rápida que la suya once años anterior- un punto desconcentrada. En cualquier caso, muy cálida y comunicativa. (8)


 

12. Barbirolli/Orquesta de París (EMI, 1968). Aunque en otras ocasiones se muestra como un director más bien dramático, aquí Sir John se toma las cosas con calma y ofrece una lectura madura, reposada, reflexiva y analítica, desde luego mucho antes atmosférica que brillante, en cualquier caso hermosa sin caer en el hedonismo. Por desgracia la tensión interna resulta algo irregular, por lo que se echa de menos un grado mayor de electricidad y carácter visionario en el final del primer movimiento y en determinados momentos clave del tercero. La toma es algo pobre y podría ganar con una nueva remasterización. (8)



13. Stokowski/Sinfónica de Londres (Decca, 1969). Octogenario como lo era Toscanini cuando realizó sus últimos registros de la obra, el no menos mítico Leopold hizo aquí gala de su portentoso sentido del color -incisivo, nunca difuminado-, de su dominio de la masa orquestal y de su proverbial creatividad. Como resultado, y apoyado en este sentido por la toma de sonido tan espectacular como artificial del sistema Phase 4, se escuchan muchas cosas nuevas en la partitura, o al menos se las escucha de manera diferente. Ahora bien, son tantas las libertades en el fraseo -a veces cayendo en narcisismos y detalles de dudoso gusto- que la arquitectura horizontal se viene abajo, perdiéndose el sentido de fluidez y continuidad fundamentales en esta música. (7)




14. Martinon/ORTF (EMI, 1973). Interpretación muy paladeada, estupendamente construida y de una admirable ortodoxia, difuminada y sensual, muy poética, lo que no impide que la tormenta de la sección central del último movimiento resulte particularmente encrespada. Lástima que tanto la orquesta como la toma sonora dejen que desear. La edición cuadrafónica casera que circula por la red es interesante pero extraña. (9)



15. Solti/Sinfónica de Chicago (Decca, 1976). Como exhibición de virtuosismo de batuta y orquesta el resultado es asombroso, pues como siempre Sir Georg resulta impresionante a la hora de ofrecer extroversión y espectacularidad, pero en esta ocasión el maestro se muestra un tanto superficial y desconcentrado, incluso algo expeditivo. Dentro del alto nivel de la interpretación, se queda a medio camino. Suena estupendamente, eso sí. (8)


16. Haitink/Concertgebouw (Philips, 1976). Una orquesta de virtuosismo y musicalidad de la mayor altura, dirigida por una batuta analítica, rigurosa y equilibrada, dan como resultado una lectura a la que le falta un punto de genialidad, pero que asombra por su minuciosa planificación, perfecta ejecución, meridiana claridad e implacable manera en la que se acumulan las tensiones hasta culminar en un final impactante. A destacar el modo en el que el director holandés subraya el contraste entre un primer movimiento particularmente estático y un segundo inquieto pero en absoluto precipitado. (9)



17. Ormandy/Orquesta de Filadelfia (DVD Euroarts, 1977). La excelencia de la orquesta y la técnica de Ormandy para construir el edificio sonoro están fuera de toda duda, pero la poesía e inspiración brillan por su ausencia: la rutina se impone. La toma sonora es muy turbia. (6)



18. Karajan/Filarmónica de Berlín (EMI, 1977). Obsesionado por la tecnología, Karajan registró en los setenta para EMI gran parte de su repertorio ya grabado en la década anterior para DG solo para beneficiarse del sistema cuadrafónico. Le salió el tiro por la culata, claro, y en poco tiempo se pasó a la novedad de lo digital. En cualquier caso, esta interpretación de la obra maestra de Debussy es muy diferente de la de 1964, al ralentizar de manera considerable los tempi (25’33’: es la más lenta de sus lecturas) y al sustituir la extroversión y el relativo nerviosismo de entonces por una serena concentración que le permite paladear la obra con gran primor haciendo gala de su capacidad para coloridos, texturas y detalles varios. Desgraciadamente los resultados no solo no son más convincentes, sino que han perdido su inmediatez y comunicatividad anterior para ofrecer un perfeccionista, gélido e insincero ejercicio de vistuosismo sonoro. Los ingenieros de sonido, al optar por un volumen increíblemente bajo, logran recoger la gama dinámica extrema marca de la factoría Karajan: sería interesante que EMI recuperase la cuadrafonía original para poder apreciarla en su plenitud. (7)


19. Karajan/Filarmónica de Berlín (DVD DG, 1978). Esta es quizá la más convincente de todas las recreaciones legadas por el salzburgués de la partitura. Por descontado que las sonoridades son opulentas en exceso y que el hedonismo es evidente, y habría que añadir que algunos pasajes podían estar aún más matizados, pero son asombrosas la plasticidad, belleza y riqueza tímbrica que extrae de la orquesta un Karajan aquí más intenso que en otras de sus interpretaciones. (9)



20. Giulini/Filarmónica de Berlín (Testament, 1978). Interpretación con toda la calidez, sensualidad y colorido esperable en este repertorio, pero también con una corpulencia sonora y una tensión interna que pueden resultar algo “románticas”: ¿influencia de Karajan, con quien la orquesta había filmado la obra unos meses atrás? En cualquier caso el fraseo es de una morbidez y belleza extremas, como también lo son el manejo de la agógica y el tratamiento de las texturas. Mágico el pasaje de calma antes del explosivo final. (9)



21. Giulini/Filarmónica de Los Ángeles (DG, 1979). Aunque el concepto sigue siendo contemplativo, brumoso y estático, y el maestro sigue haciendo gala de su particular dominio de las texturas -hay tejidos de las maderas en el segundo movimiento que se escuchan aquí como nunca-, con este segundo registro en estudio Giulini ya termina de sustituir la relativa frialdad de su grabación para EMI por un acercamiento más expresivo, más emotivo, también más creativo y personal, marcado en gran medida por la amplia cantabilidad que caracteriza a la batuta. La toma sonora es ya de muy buena calidad, pero la orquesta, obviamente, no es la Filarmónica de Berlín del año anterior. (9)


 

22. Celibidache/Sinfónica de la Radio de Stuttgart (DG, 1980). Ya desde el mágico arranque se evidencia que no nos vamos a encontrar ante una interpretación “normal”. Así va a ser, pero no solo por la lentitud de los tempi -relativa: más tarde Celi irá mucho más lento aún-, sino también por la increíble poesía que destila el maestro con su fraseo flexible e imaginativo, con la plasticidad de su tratamiento orquestal, con su manera de revelar las texturas y, sobre todo, con la embriagadora concentración que alcanza en determinados momentos clave, como pueden ser los citados primeros compases, el final del segundo movimiento o el pasaje de calma que precede al final de la tempestad. Todo ello dentro de una línea particularmente estática que, sin desdeñar precisamente el carácter tempestuoso del tercer movimiento, tiene poco que ver con la línea de un Toscanini o, en tiempos más recientes, un Sinopoli o un Muti. Lástima que la toma radiofónica no recoja a la orquesta con la claridad deseable. En cualquier caso, y salvando las limitaciones del conjunto alemán, esta es quizá la más admirable dirección de todas, incluida la posterior del propio Celibidache. Imprescindible. (10)



23. Tilson Thomas/Philharmonia (Sony, 1982). Tras Karajan, Cantelli y Giulini, la Philharmonia vuelve a la carga con un maestro norteamericano todavía joven que ya años atrás -en Images- había demostrado su enorme sintonía con el mundo de Debussy. Aquí ofrece, junto a unos magistrales Nocturnos, un Mar de admirable ordodoxia impresionista, perfectamente delineados, dichos con elegancia pero también con vivacidad, colorismo y una enorme capacidad para comunicar, siempre en el punto justo de equlibro entre control y apariencia de espontaneidad. Desgraciadamente la toma sonora, realizada a un volumen bajísimo, presenta desequilibrios que empañan gravemente los finales de los movimientos extremos. (9)


 
 
24. Previn/Sinfónica de Londres (EMI, 1983). Poética y comunicativa interpretación de irreprochable idioma que destaca por su sensualidad y carácter atmosférico, más que por nervio o brillantez. Podía ser aún mayor la claridad, como también el carácter visionario del final. Lamentablemente se ve perjudicada por una toma sonora menos buena de lo que debiera, como por desgracia era habitual en EMI a principios de los ochenta. (9)



25. Karajan/Filarmónica de Berlín (DG, 1985). Realmente hay que descubrirse ante el grado de elegancia, refinamiento, plasticidad en el manejo de las texturas y capacidad para embriagar con el colorido más sensual posible del último Karajan, un auténtico mago de la alquimia sonora, pero aquí hace de anciano director y resulta no solo en exceso preciosista, como en él tantas veces resulta habitual, sino también un punto otoñal, incluso decadente. La toma sonora, de enorme calidad tímbrica, no ofrece toda la gama dinámica posible, como también ocurre en la toma paralela en DVD editada por Sony. (8)


 

26. Sinopoli/Philharmonia (DG, 1988). Como era de esperar, esta partitura supone una oportunidad perfecta para que el veneciano despliegue su portentoso sentido del color y de las texturas, así como su fraseo flexible, vibrante, incisivo y un punto nervioso, características que aquí resultan ideales para una lectura que subraya los aspectos más hoscos y dramáticos, incluso tenebrosos. La irreprochable actuación de la orquesta y una soberbia toma sonora terminan de redondear una versión que, siendo poco ortodoxa en su enfoque y por ende discutible, deslumbra de principio a fin. O casi: los timbalazos del final resultan excesivos. (10)


 
27. Bernstein/Academia de Santa Cecilia (DVD CMajor, 1989). Interpretación atmosférica, cálida y rica en sugerencias, a la que hay que reprochar la discreta calidad de la orquesta y cierta discontinuidad en el trazo, no siempre adecuadamente tenso, y por ende sin el arrebato visionario y extático que debería en momentos clave. En cualquier caso, ver a Lenny dirigiendo -no merece la pena la edición paralela en CD- resulta siempre un placer. (7)



28. Dutoit/Sinfónica de Montreal (Decca, 1989). Al director suizo le falta -como le ocurre tantas veces- ese punto de personalidad, creatividad y compromiso expresivo que necesita para ofrecer una lectura de primerísimo orden, pero aun así resulta difícil imaginar una recreación más irreprochable en lo estilístico, tan en su punto justo de equilibrio entre evanescencia y nervio, tan fluida y natural en su desarrolla, tan rica en el color, tan elegante y al mismo tiempo tan alejada de narcisismos, tan lógica en su desarrollo y tan comunicativa. Una toma sonora de lujo redondea la que, por su alto nivel de ejecución e inspiración dentro de una línea ortodoxa, tal vez sea la mejor opción para quienes por primera vez se acerquen a semejante obra maestra. (9)



29. Celibidache/Filarmónica de Múnich (EMI, 1992). Ralentizando los tempi de manera considerable no solo con respecto a su grabación radiofónica en Stuttgart, sino a lo que dicta el sentido común, el rumano ofrece una recreación un punto menos poética que la citada, sin tanta magia, pero más clara, más didáctica, en la que se pierde ya por completo cualquier sentido narrativo y nos encaminamos hacia el terreno de la pura abstracción. Trazando un paralelismo pictórico, diríamos que nos hemos acercado al lienzo todo lo posible y nos quedamos no ante la vibración lumínica del conjunto sino ante la fuerza parcial de cada una de las pinceladas, que aparecen ahora no entremezclada por nuestra retina sino perfectamente diferenciadas; o que nos encontramos aquí no ante el Impresionismo de los años setenta sino frente al Monet tardío, el de los nenúfares que pierden casi toda referencia al mundo sensible para acercarnos a una realidad esencializada basada únicamente en las sensaciones del color. En cualquier caso, el resultado es fascinante. (10)


 

30. Boulez/Orquesta de Cleveland (DG, 1993). Se dice que Boulez hace un Debussy que, por completo ajeno a cualquier tipo de referencia extramusical, se encuentra mirando a la música contemporánea. Es cierto, pero habría que concretar: a la línea que comienza con Jeux del propio Debussy y llega, claro está, hasta Boulez himself. No hay en esta recreación nada de atmósfera, sensualidad o hedonismo, menos aún de carácter narrativo, y sí mucho de claridad en la pincelada -el colorido es siempre incisivo, no difuminado-, de objetividad y de riguroso análisis. Contra lo que se pudiera pensar eso no significa asepsia, porque la fuerza interna de la arquitectura, milimétricamente planificada y por completo ajena a cualquier devaneo sonoro, es implacable. Quizá no sea el mejor Debussy posible, pero es necesario conocerlo. A ello invita especialmente una toma sonora de esas que hacen historia. (9)



31. Svetlanov/Orquesta Sinfónica Estatal (Great Hall, 1993). Una toma sonora problemática y realizada a un volumen terriblemente bajo impide apreciar la riqueza de colorido y la enorme plasticidad de la batuta de un Svetlanov aquí bastante irregular que, junto a pasajes muy logrados y algún que otro hallazgo, evidencia faltas de concentración, momentos resueltos de modo poco convincentes y algún que otro narcisismo que rompen la unidad del discurso. A la orquesta, en absoluto a la altura, le cuesta trabajo seguirle. (7)


32. Muti/Orquesta Philadelphia (EMI, 1993). Adoptando una visión cercana a la de Toscanini, esto es, ofreciendo un mar antes tempestuoso y visionario que sensual, pero añadiendo una dosis mucho mayor de depuración sonora, concentración en momentos clave y creatividad que su mítico y admirado compatriota, Muti construye una interpretación de increíble solidez en el trazo, asombrosa claridad -se escucha absolutamente todo, y sin necesidad de recurrir a lentitudes celibidachianas- e insólita perfección técnica que, además, resulta tan comunicativa como poética y posee una irresistible garra dramática. Imprescindible, sin duda. (10)




33. Giulini/Orquesta del Concertgebouw (Sony, 1994). Aunque han pasado quince años, el maestro italiano no ha variado mucho su visión de la obra con respecto a su grabación en en Los Ángeles. Esta nueva realización es menos clara, más brumosa, quizá más sensual y hermosa aún. La orquesta es mejor, lógicamente. Quien busque una versión mayormente otoñal, esta es la suya. Lo de Celibidache, por concepto, es otra cosa. (9)



34. Salonen/Filarmónica de Los Ángeles (Sony, 1996). Aun sin llegar el nivel del Fauno que le acompaña en disco, el maestro finés pone en entredicho su merecida fama de frío y analítico con una recreación embriagadora de sensualidad y poesía, increíble en el dominio de las texturas, que se encuentra realizada, eso sí, mediante una planificación horizontal y vertical de extrema minuciosidad y sutilísima flexibilidad. Todo aquí rezuma, como en los cuadros de Matisse, calma y voluptuosidad, sin menoscabo de la fuerza de una tormenta más atmosférica que fulgurante. Interpretación opuesta y complementaria a la de Muti, pues, que también es necesario conocer. (10)




35. Maazel/Filarmónica de Viena (RCA, 1999). Como era de esperar, máxime teniendo a su servicio a una orquesta tan portentosa, Maazel hace gala de su técnica de batuta regalándonos una interpretación asombrosa por su plasticidad, riqueza de colorido y admirable tratamiento de las texturas. Por desgracia hay alguna frase un tanto redicha derivada del narcisismo marca de la casa, y además la planificación horizontal no está siempre cuidada: los finales de los movimientos extremos distan de convencer. (8)


 

36. Barenboim/Chicago (Teldec, 2000). Lectura lenta, concentrada, de elevada sensualidad, gran sentido de las atmósferas, portentosamente tocada por una orquesta manejada con asombrosa plasticidad por parte de una batuta sensible e imaginativa, que sabe ofrecer un fraseo flexible sin perder el trazo global -magnífica la planificación hacia el clímax del primer movimiento, tan difícil de lograr-, voluptuosidad ajena a narcisismos y texturas fascinantes, ricas en color y siempre claras. Barenboim además evita la superficialidad aportando un interesantísimo carácter reflexivo y se aleja de todo efectismo, sobre todo en el final. Se echa de menos algo más de nervio, de electricidad, pero en contrapartida hay momentos mágicos, como la calma que precede a la tempestad final. La grabación ofrece un volumen francamente bajo. (9)



37. Barenboim/Chicago (TDK DVD, 2000). Esta filmación apenas ofrece nada nuevo con respecto a la suya unos meses anterior. La grabación, asimismo de volumen algo bajo, se beneficia sin embargo con respecto a la realizada para Teldec en audio de la acústica de la Philharmonie de Colonia y de la posibilidad de escucharle en multicanal. Preferible, pues, si se dispone de un equipo adecuado. (9)




38. Abbado/Lucerna (DVD Euroarts, 2003). Dentro del programa que presentaba al público a la nueva Orquesta del Festival de Lucerna, el milanés ofreció una lectura de La mer particularmente ágil, dionisíaca y extrovertida, muy contrastada, danzante y alegre por momentos, también llena de nervio cuando debe y dotada de un sentido del color y de las texturas seguramente inigualado. ¿Por qué, siendo impresionante, no se sitúa al nivel de las más grandes? Pues porque necesita paladear más determinados pasajes, como la conclusión del primer movimiento o la calma antes de la tempestad, y sobra abiertamente un final vulgarísimo, efectista y decibélico a más no poder, potenciado por una toma sonora de incomparable gama dinámica. En este sentido, la pista en DTS es, con diferencia, la más sensacional toma sonora de la que se ha beneficiado esta obra si se la disfruta en un sistema surround. La edición paralela en compacto realizada por DG suena bastante menos bien. (9)



39. Rattle/Filarmónica de Berlín (EMI, 2004). Batuta y orquesta demuestran su soberbio virtuosismo en esta recreación de asombrosas texturas, infinito colorido -ayuda la toma sonora-, elevado sentido teatral y espíritu mucho antes juvenil y descriptivo, cinematográfico incluso, que atmosférico o meditativo. Si Rattle hubiera aportado madurez y hubiese evitado cierta tendencia al narcisismo, su recreación estaría entre las mejores. Aun así, irresistible. (9)


 

40. Jansons/Concertgebouw (RCO, 2007). Una pena que una orquesta de semejante calidad y una toma sonora tan admirable resulten desaprovechadas por una batuta sin duda incandescente, teatral y vistosa, pero por completo ajena a la poesía y, andando muy despistada en lo estilístico, propicia a hacer sonar todo fuerte, masivo y contundente. Los excesos de la percusión resultan de vergüenza ajena. En cualquier caso mejor los dos últimos movimientos que el primero, realmente flojo. Menos mal que los holandeses ponen de su parte para compensar las limitaciones del director. (7)




41. Abbado/Filarmónica de Berlín (Digital Concert Hall, 2009). Increíble demostración de virtuosismo de batuta en lo que a claridad, colorido y sentido de las texturas se refiere, en una versión animada, luminosa, ágil, sin especial densidad, mucho antes pintoresca que reflexiva, y en conjunto magnífica, en realidad muy similar a la que el milanés grabó con la Orquesta del Festival de Lucerna, y que como aquélla que solo saca los pies del plato en la efectista coda final. La grabación ofrece un volumen más bajo de la media habitual en la web en la que se puede visionar previo pago. (9)



42. Gergiev/Sinfónica de Londres (LSO Live, 2009). En esta ocasión el tantas veces mediocre Gergiev no solo no se precipita ni cae en la tosquedad, sino que se muestra -en general- bastante idiomático, trata con cuidado las texturas y encuentra la inspiración poética. Por desgracia, y junto a un espléndido segundo movimiento, nos ofrece un primero con narcicismos y rebuscamientos varios -frases excesivamente lánguidas, pianísimos inaudibles, pausas interminables- y un tercero donde hace gala de su habitual teatralidad y brillantez sonora, pero también de su tendencia al efectismo con variados excesos en la percusión. La toma sonora recoge a la perfección los enormes contrastes dinámicos planteados por el director ruso. (7)



43. Chung/Filarmónica de Seul (YouTube, 2009). Aunque se encuentra entre paisanos, el veterano maestro de Corea saca a relucir su enorme experiencia con la música francesa para ofrecer, con su batuta ágil, detallista, clarificadora y un punto nerviosa, una recreación de irreprochable idioma, brillante cuando debe, rica en el colorido y las texturas, también muy elegante -esto último quizá por momentos demasiado-, a la que le falta redondear un poco el trazo del primer movimiento, que tampoco resulta todo lo evocador que debería. La filmación, llevada a cabo en formato 4:3 por un realizador poco experto, precede en varios meses a la grabación oficial de DG realizada con motivo de una gira internacional de la orquesta. (8)

7 comentarios:

Bruno dijo...

Muchas gracias. ¡Menudo trabajo!
Si puede, hágase con alguna de Szell. Hay una en directo de Lugano y otra normal en grabación comercial, con la orquesta de Cleveland ambas.
La obra es extraordinaria.

Andante moderato dijo...

¡Buenísima aportación!
Mi versión preferida es, por ahora, la citada de Haitink: uno de sus más grandes trabajos, sin dudas.
Me interesaría conocer la de Muti en Philadelphia. El italiano tiene, también, una filmación con la Filarmónica de Berlín: robusta y romántica, aunque no tan lograda.
Boulez: en mi opinión, insufrible.
Saludos debussyanos.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Gracias a los dos.

Una de las versiones de Szell está disponible en la comparativa de Ipromisisposi. No la he escuchado por falta de tiempo: antes de publicar, he preferido repetir algunas interpretaciones sobre las que no tenía una idea del todo clara antes que ampliar el número.

De Muti hay dos filmaciones. La de Berlín está disponible en Youtube, pero no la he visto aún. La de la radio Bávara sí que la conozco desde hace tiempo porque la grabé de la tele; me parece magnífica, pero no la he incluido porque no se encuentra ahora por ninguna parte. Lo mejor es que incluye parte de los ensayos. La Tercera de Prokofiev que la acompaña es sensacional.

En cuanto a Boulez, creo que hay una línea que va desde La mer hasta sus Notations pasando por Jeux. Su Debussy no es el que más me gusta, pero creo que debemos reconocer su importancia.

Saludos.

Anónimo dijo...

Estimado Fernando :
veo que no has añadido al listado la interpretación anterior de Boulez con la orquesta New Philharmonia publicada para el sello Sony. ¿ la has escuchado verdad ?
fue mi primera aproximación a Debussy y reconozco que hoy sigue estando entre mis favoritas. Para mi gusto se trata de una lectura magistral ! ojalá la pudieras sumar con una de tus excelentes reviews ,
Te mando un Cordialísimo Saludo

Julián

Anónimo dijo...

Estimadísimo Fernando :
me permito volver a escribirte casi de inmediato pero es que hoy al observar mi discoteca recordé que tenía una tercera lectura de Debussy por Boulez; se trata del disco "Pierre Boulez in Moscow " , un estupendo disco ruso que contiene Petrushka de Stravinsky , Six pieces for orchestra op.6 de Webern y una tremenda La mer de Debussy. El sonido no está a la altura de Decca o Deutsche Grammophon por ejemplo pero es más que suficiente para disfrutar de estas geniales interpretaciones. La lectura debussyana de Boulez con esta orquesta sinfónica del conservatorio de Moscú es in-fer-nal !!! le ruego que no se pierda este disco para completar la trilogía debussyano-bouleziana , créame que no se va a arrepentir !
Le mando Saludos Cordiales

Julián

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Hola, Julián.

Conozco las grabaciones de Ravel realizadas por Boulez para CBS, pero no las que hizo con música de Debussy. Lo lamento. En cualquier caso, el artista francés no solía cambiar mucho su modus operandi: por lo general, sus grabaciones digitales en DG de obras ya registradas con anterioridad para CBS suelen ofrecer resultados no similares, pero sí bastante parecidos.

Lo de Boulez en Moscú tiene mucho morbo. A ver si lo pillo.

Gracias mil por las recomendaciones. ¡Saludos!

Anónimo dijo...

Estimado Fernando :
si puedes hacerte de La Mer por Boulez-New Philharmonia del sello Sony creo que no te vas a arrepentir. A mi criterio tiene mas compromiso emocional y una frescura mas tipica del joven Boulez , que la posterior interpretación para Deutsche Grammophon. Esta ( que también me parece excelente y concuerdo con tu puntuación ) me parece mucho mas cerebral. Acoto al margen que estoy esperando sumar a la discoteca un encargo del Mandarin de Bartok ( otra obra que me gusta comparar ) en la lectura de Boulez-Sony que promete mucho ,
un Gran Saludo

Julián