jueves, 4 de agosto de 2011

La Bohème de Andris Nelsons

El gran atractivo de la Bohème filmada en el Covent Garden en 2009 que, estando ya editada en DVD y Bluray por el sello Opus Arte, pude ver el pasado martes 2 de agosto en un cine de Jerez, era ver qué hacía con la genial partitura pucciniana el prometedor Andris Nelsons (web oficial). Los resultados han estado a la altura de las expectativas. Me ha parecido la del letón una lectura muy personal y arriesgada, y por ende discutible, pero llena de atractivo, pues haciendo uso de unos tempi rápidos -en absoluto precipitados- y de una batuta de gran claridad y sentido de las texturas, y alejándose de la sensualidad y la delectación melódica de un Karajan para acercarse a la inmediatez de un Solti, por citar a dos de los más grandes recreadores de la pieza, Nelsons nos entrega una Bohème extrovertida, impetuosa y vibrante, tímbricamente aristada, que por un lado ofrece una tremenda teatralidad y un agudísimo sentido del humor (impagables las texturas orquestales en la quema de los folios de Rodolfo o en la entrada de Musetta), y por otro nos toca el corazón con un lirismo ardiente, arrebatador, muy alejado del sentimentalismo habitualmente asociado a la página. Lástima que la orquesta no sea del primera y que el coro deje que desear.



Entre los cantantes solo me ha convencido Hibla Gerzmava, mucho mejor aquí que en la Traviata con Maazel que le vi en Valencia (enlace). Lógico: su voz de lírica pura, de hermoso terciopelo oscuro en lo tímbrico, le sienta estupendamente a Mimí, y como la chica frasea con mucho gusto, paladeando cada frase con la morbidez deseable en Puccini, realiza una labor convincente. Teodor Ilincai supera a su compañera en el registro sobreagudo, pero en todo lo demás queda muy por debajo: su instrumento en exceso ligero y su técnica precaria le dejan en evidencia, sobre todo en los dos primeros actos. Inna Dukach hace una Musetta más bien ordinaria -el gran regulador al final del vals no viene a cuento-, Gabriele Viviani es un Marcello solvente pero impersonal y los demás bohemios son muy discretos, cuando no insuficientes. Los operófilos solo interesados en voces deben abstenerse de esta grabación.



La escena es la de John Copley, es decir, la Bohème del Covent Garden de toda la vida que ya conocíamos por la filmación de 1982 con la Cotrubas (NVC Arts) y que se ha visto este mismo año en el Maestranza bajo la batuta de Pedro Halffter. No es una mala producción, pero tampoco resulta particularmente atractiva: tradicional, muy sensata, de buen gusto y sin pretensiones, siendo esto último su principal limitación pero también, tal y como están las cosas, una de sus mayores virtudes. La dirección de actores es muy correcta y hay algunos detalles puntuales de interés, aunque también algún que otro error de bulto en lo que a la coordinación con la música se refiere. El vestuario se ve hoy un tanto apolillado y a la escenografía le sobra cartón piedra. En el segundo acto, como les pasa a todos desde Zeffirelli hasta Del Monaco, se opta por la "bulla" de Semana Santa. En resumidas cuentas, una filmación para los que -como yo- adoren la escritura orquestal pucciniana. Los demás pueden prescindir de ella.

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