domingo, 5 de diciembre de 2010

Antonini dirige Haydn y Beethoven a la ONE

Con un Auditorio Nacional a rebosar, cosa no muy frecuente en las sesiones de los domingos a las 11:30, se ha presentado esta mañana Giovanni Antonini por primera vez al frente de la Orquesta Nacional de España. Sorprendió la ortodoxia de su recreación de la Sinfonía nº 102 de Haydn: para tratarse del líder de Il Giardino Armonico, su aproximación resultó de una sensatez inesperada, y si no fuera por la muy sensible reducción del vibrato en la cuerda, nadie diría que nos encontramos ante un músico del campo historicista, y menos aún de un director tachado con frecuencia de personal y creativo, cuando no de extravagante. No hubo agresividad en la articulación, ni fraseos pimpantes, ni caprichos en los tempi ni contrastes excesivos. Un Haydn, para entendernos, que podría estar firmado perfectamente por un Frans Brüggen.

Dicho esto, ¿fue una buena versión? Pues yo creo que sí, pero tampoco para tirar cohetes. Tras una introducción muy prometedora vino un Vivace menos rápido de lo esperado y no todo lo vibrante que debía; incluso el pulso se perdió en algún momento. Mejor el Adagio, fraseado con calma y amplitud. El Scherzo acertó plenamente en el sabor rústico de la escritura, como es propio en la escuela historicista, y en él Antonini no encontró ninguna necesidad de caer (ay, Minkowski) en la brutalidad gratuita. Animado aunque sin todo el gancho posible -por mucho que el maestro gruñese a la Celibidache- el Presto final. Bien, en definitiva, aunque se han escuchado cosas mejores. ¿Qué cosas? Pues algunas de la que ciertos pedantes no quieren ni oír hablar: Klemperer/New Philharmonia, Bernstein/Viena, Davis/Concertgebouw… Ya saben.

La Segunda Sinfonía de Beethoven fue muy parecida a la que ofreció junto a la Filarmónica de Berlín que hemos comentado en una entrada anterior (enlace), así que baste ahora con añadir dos cosas. Una, que en directo los reparos que pusimos a la grabación (y le seguimos poniendo a esta lectura madrileña) quedan en segundo plano ante la exhibición de vitalidad, sentido teatral y convicción desplegada por Antonini. Dos, que la Nacional de España, pese a sus pifias e insuficiencias, realizó un espléndido y muy meritorio trabajo a la hora de plegarse a las demandas de maestro, respondiendo a un nivel muy estimable con una sonoridad por completo distinta a la que acostumbra. Creo que en conjunto se trató de una muy disfrutable e interesante versión, aunque seguro que a a mi amigo Ángel Carrascosa (blog) le hubiera dado un soponcio ante un Beethoven hecho de semejante forma.

Entre las dos sinfonías, Antonini dirigió -en la misma línea que en resto del concierto, aunque sobrasen algunos detalles amanerados- el Concierto para pianoforte Hob. XVIII:11 de Haydn, es decir, el único famoso de los de su autor. Para mí fue un chasco, porque esperaba muchísimo del gran Andreas Staier. Lo curioso es que mientras escribo estas líneas escucho su grabación para Harmonia Mundi, dirigida por Gottfried Von Der Goltz, y ahí me gusta bastante. ¿Dónde ha estado el problema? Pues en el instrumento, claro. El fortepiano le sienta muy bien a la manera en que Staier ve esta música, pero el Steinway del Auditorio Nacional le viene grande, confundiendo belleza sonora con blandura, encanto con frivolidad y equilibrio con timidez expresiva. Es verdad que después de haber escuchado en disco hace tan solo unos días los horrores de Gerrit Zitterbart con Thomas Frey (Hänssler) y -peor aún- de Ronald Brautigam con Lars Ulrik Mortensen (BIS), lo de Staier y Antonini me ha sabido a gloria, pero uno está ya harto de tanto espíritu “rococó” en una música que pide a gritos otra cosa. ¡Un buen pisotón al pedal, coño!

1 comentario:

Eugenio Murcia dijo...
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