jueves, 2 de diciembre de 2010

Giovanni Antonini dirige… ¡a la Filarmónica de Berlín!

¡Cómo cambia el mundo de la interpretación! Hace tan solo unos lustros Giovanni Antonini era poco menos que el enfant terrible del Barroco -desconcertaba incluso a algunos partidarios de los instrumentos originales- y hoy le tenemos al frente de la mismísima Filarmónica de Berlín. Y no por primera sino por tercera vez. Y encima dirigiendo no solo repertorio barroco y clásico, como en ocasiones anteriores, sino también a Beethoven. Si están interesados en el asunto, pueden ver y escuchar el concierto que el controvertido flautista y director italiano ofreció el pasado 23 de septiembre en la Philharmonie berlinesa a través de la Digital Concert Hall (enlace) a la que les recomiendo -por una cuestión de ahorro- abonarse. Les dejo aquí mis impresiones sobre una velada que, a mi modo de ver, fue de más a menos.

Me gustó mucho la Suite Orquestal nº 1 del Cantor de Leipzig: un Bach de corte obviamente historicista que, sin resultar particularmente inspirado, se muestra muy sensato (nada de guiños de cara a la galería) y ofrece una atractiva combinación entre la teatralidad y extroversión "italianas" esperables en Antonini con la densidad "germánica" que saben aportar los músicos de la orquesta. Falta quizá el sabor "francés" que debe ofrecer esta partitura, pero aun así el resultado es muy estimulante. Muy rico además el clave al continuo. Otra cosa es que algunas sensibilidades puedan echar de menos el colorido peculiar de los instrumentos originales. Nadie negará, en cualquier caso, que es una gozada escuchar a la portentosa Filarmónica de Berlín ofreciendo, como ya hizo con Pinnock y Koopman (enlace), semejante muestra de flexibilidad.

Muy interesante la Sinfonía nº 3 de C. P. E. Bach, que recibe aquí una lectura particularmente teatral y contrastada, llena de claroscuros, más atenta al drama que al lirismo, en la que se subrayan acertadamente los aspectos más atrevidos de esta música. Ahora bien, con tanta búsqueda del contraste made in Giardino Armonico sobra quizá alguna ingravidez y falta algo de profundidad.

Lo que menos me ha terminado interesando ha sido Beethoven, cosa que ya me esperaba a tenor de lo que le conocía en disco a Antonini (enlace). Y que conste que no tengo nada en contra de esta manera de plantear las sinfonías del genial sordo, prima hermana de la que hoy practican, con mayor o menos fortuna, un Paavo Järvi, un Herreweghe o incluso -en una línea distinta, considerablemente más lúdica- el titular de la propia Berliner Philharmoniker, Sir Simon Rattle. Por el contrario, me resultan atractivas la teatralidad, la insicividad, el claroscurismo y hasta el "descaro" tímbrico y rítmico de estas aproximaciones tan herededas en un modo u otro de las de Harnoncourt.

Lo que ocurre es que, frente a sus colegas, el en todo momento encendido y vistoso Antonini resulta un tanto cuadriculado, incluso tosco, no atendiendo todo lo debido a la claridad y confundiendo, en un segundo movimiento sin el vuelo lírico debido, la elegancia con la coquetería. Eso sí, la altísima musicalidad y el virtuosismo de los músicos de la orquesta realizan aportaciones muy positivas al resultado, con lo que a la postre nos encontramos ante una recreación que, careciendo del poso humanista adecuado y ofreciendo una teatralidad más bien insincera, que se queda en la forma sin profundizar en el contenido, puede "dar el pego" ante ese tipo de público que busca antes mostrar su "selecto paladar" rechazando los presuntamente rancios, burgueses y convencionales modos de la tradición que emocionarse ante la gran música bien hecha.

Por cierto, que este fin de semana (3 al 5 de diciembre) Giovanni Antonini ofrecerá en Madrid la misma sinfonía al frente de la Orquesta Nacional de España. Confieso que ya tengo entrada: pese a todos los reparos expuestos, pienso que puede ser una experiencia interesante. Además estará allí el gran Andreas Staier haciendo Haydn. A quien esté en la capital le recomiendo no perdérselo.

1 comentario:

Eugenio Murcia dijo...

Cosas veredes, Sancho...