miércoles, 10 de febrero de 2010

Lucia di Lammermoor en Valencia: lo mediocre, lo plausible y lo magnífico

Anoche se ofreció en el Palau de Les Arts la última función de Lucia di Lammermoor. Se ha escrito bastante sobre ella: sin salir de la blogsfera, se pueden leer las bastante positivas crónicas de Maac (enlace), Titus (enlace) y Atticus, en este último caso por partida doble (enlace 1) (enlace 2). Quizá por esperar demasiado, la función del pasado sábado 6 de febrero me resultó algo decepcionante. Mejor dicho: irregular. Encontré cosas francamente mediocres, otras bastante plausibles y otras de todo punto admirables.


Lo peor fue para mí la batuta de Karel Mark Chichon, director gibraltareño al que yo sólo había tenido la oportunidad de escuchar en un concierto de esos de Año Nuevo (valses y polcas de los Strauss) en el Villamarta. Entonces no me causó mala impresión. Ahora sí: la flacidez, la indiferenciación expresiva y la rutina caracterizaron su labor en el foso, subrayando las debilidades de la escritura orquestal donizettiana y quedando muy lejos de lo que demanda la belleza de momentos tan conseguidos como el sexteto. Por si fuera poco la orquesta sonó mucho menos bien de lo que suele. Dice su señora esposa Elina Garança, que "casualmente" está contratada para cantar Carmen en el Palau de Les Arts el próximo mayo, que su marido no la necesita para nada en su carrera porque tiene talento más que suficiente. ¡Tendrá morro la tía!

Ya dije en este blog a raíz de su Julieta (enlace) que Nino Machaidze me parece una soprano de gran futuro. Lo sigo manteniendo, pero debo reconocer que hoy por hoy el papel de Lucia le viene grande. Y no solo porque la voz, en directo, no tenga todo el volumen deseable, ni porque el instrumento no posea todo el peso que demanda el papel, sino también porque la soprano georgiana no parece dominar del todo los recursos belcantistas: hay que trabajar mucho más los reguladores, dominar mejor las agilidades y ornamentar con más riqueza en los da capo. En cualquier caso nos encontramos ante una artista que canta con buen gusto y mucha sensatez, y en este sentido se permitió triunfar en una escena de la locura en la que no quiso dar los sobreagudos espúreos que podían ponerla en aprieto y en la que supo derrochar tanta belleza como sensibilidad. Una Lucia plausible, pues, que aún tiene mucho por mejorar.

Como a todo el mundo, para mí lo mejor de estas funciones valencianas ha sido Francisco Meli, un Arturo de muchos quilates. Empezó con la voz un tanto atrás, pero poco a poco se fue centrando y puso su notable instrumento, gracias a Dios más lírico que ligero, al servicio de una recreación de irreprochable línea italiana, muy cálida y efusiva, por momentos algo exhibicionista, pero en cualquier caso ajena a las caídas en la blandura y en la vulgaridad que afectan, por ejemplo, a un Alagna. En el "tombe..." estuvo magnífico, pese a una pequeñísima vacilación final y a llegar algo cansado a la dificilísima "pseudocabaletta" que pone fin a la partitura.

Correctísimos pero más interesantes en lo vocal que en lo expresivo el Enrico de Vladimir Stoyanov y el Raimondo de Diógenes Ranges, y estupendo el Arturo de Angelo Antonio Poli. Excelente el coro. Así las cosas, en lo que a la interpretación musical de esta Lucia valenciana se refiere, me aburrí mucho en los dos primeros actos y me lo pasé estupendamene, pese a la batuta, en el tercero, que es donde el tenor cobra protagonismo y donde la Machaidze da lo mejor de sí.

De la puesta en escena de Graham Vick no tengo gran cosa que decir. Muchos la habían visto ya en España, y yo la conocía por el DVD con la Bonfadelli. Es hermosa, sensata y funcional. No aporta nada en particular pero está bien hecha. Por desgracia la dirección de actores resultó inexistente, fruto sin duda de la incompetencia de quienes se encargaron de reponer la producción, Marco Gandini y Patrizia Frini. Lástima.

Ah, se me olvidaba. La Machaidze aparenta poseer una belleza más bien exótica y en sus entrevistas ha ofrecido una imagen superficial y muy de diva. Pues bien, me pasé por los camerinos y descubrí que se trata de una chica simpatiquísima, vivaz y de talante muy juvenil, encantada de sacarse las fotos que haga falta (yo no me atreví) y de firmar todo lo que le pongan por delante. Y su belleza, que desde luego es apreciable, resultó no ser sofisticada sino maravillosamente natural.

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