jueves, 24 de septiembre de 2009

The Sound of Music: Kunzel a la batuta y la Von Stade de protagonista


El pasado 1 de septiembre fallecía Erich Kunzel (enlace), un músico recordado ante todo -al menos por mí- por las numerosísimas recopilaciones de temas cinematográficos que grabó desde mediados de los ochenta al frente de su Cincinatti Pops Orchestra para el sello Telarc. No parecía un buen director: la rutina, la vulgaridad y el mal gusto acostumbraban a hacer mella en sus recreaciones, cada vez más conforme pasaban los años. Tampoco le ayudaban precisamente unas tomas sonoras que acentuaban su terrible tendencia a olvidar el equilibrio de planos poniendo en primer término a metales y percusión y dejando la cuerda casi inaudible.

Su repentino fallecimiento me ha llevado a comprar (en Amazon, ¿dónde si no?) su recreación de The Sound of Music, musical que en España conocemos por el título que aquí le pusieron a su versión cinematográfica protagonizada en 1965 por Julie Andrews: Sonrisas y lágrimas. Una obra todo lo cursi que se quiera, pero beneficiada de la enorme inspiración melódica de un Richard Rodgers en la que sería su última y más exitosa colaboración con el letrista Oscar Hammerstein II. En este registro de Telarc, realizado en diciembre de 1987 con toma sonora vistosa pero mejorable, se incluye casi toda la música compuesta por la pareja para el estreno de 1959 (falta el intermedio orquestal) y se añaden las dos canciones escritas por los mismos ex profeso para la película.

Pues bien, he aquí que lo he disfrutado mucho. Entre otras razones, porque Kunzel lo hace bien. Es cierto que hay más de un exceso hollywoodiense marca de la casa, pero el maestro austriaco dirige con atención y cierta sensibilidad, rehuyendo de la cursilería y adoptando unos tempi tendentes a la lentitud que resultan muy adecuados, y que incluso llegan a beneficiar de manera considerable a la popular "Climb every mountain", que aquí canta como estrella invitada, a sus sesenta y siete años, la norteamericana Elieen Farrel.


Frederica von Stade ofrece una Marie mucho menos luminosa, extrovertida y vitalista que Julie Andrews, también menos pizpireta y cursi -todo hay que decirlo-, ofreciendo una visión del personaje -como no podía ser menos tratándose de la mezzo norteamericana- eminentemente melancólica y con una importante carga de sensualidad, a lo que contribuyen la cremosidad de su instrumento y un legato de una morbidez que derrite a las piedras.

Están muy bien -se buscaron voces operísticas de cierto nombre- Hakan Hagegard y Barbara Daniels como el Capitán y la Baronesa, respectivamente. Y los niños lo hacen de manera irreprochable. A partir de ahora, y sin olvidar su correctamente dirigida Viuda Alegre en DVD (BBC Opus Arte: recomendable por las voces), procuraré recordar a Erich Kunzel por esta grabación del tan ñoño como inolvidable musical de Rodgers y Hammerstein. Descanse en paz.

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