martes, 14 de julio de 2009

El Minotauro, de Birtwistle: una admirable ópera del siglo XXI

Aprovechando la rebaja veraniega del 50% en numerosos lanzamientos de Opus Arte, sello británico caracterizado por su inmejorable calidad audiovisual y sus elevadísimos precios, me compré el doble DVD de The Minotaur, ópera escrita por Harrison Birtwistle (n. 1934) sobre libreto de David Harsent estrenada en el Covent Garden el 15 de abril de 2008. Hace nada, vamos. Acerté con la compra.

Minotaur_Birtwistle
He aquí un modelo de lo que puede (¿debe?) ser la ópera del siglo XXI. Por un lado, un libreto sólido, inteligente, que no se acompleja de ser tachado de conservadurismo por recuperar un mito de la antigüedad clásica, y que sabe fusionar aspectos narrativos y conceptuales ofreciendo multiplicidad de lecturas para quien lo demande, pero también “narración” pura y dura a quienes no quieran ver más que una historia bien contada.

Por otro, una música que no es ni “antigua” ni “moderna”, que sabe beber de las fuentes sin caer ni mucho menos en el eclecticismo y sin dejar de poseer una marcada personalidad; una música que está magníficamente orquestada y que, aun renunciado a toda concesión de cara a la galería para volcarse en el servicio al drama, resulta por encima de todo fresca y comunicativa: la voluntad de enganchar con el público, al contrario de lo que ocurre con otros muy “comprometidos” (léase “subvencionados”) creadores de hoy, resulta evidente.

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Obra tensa y violenta, por momentos un pelín discursiva y no del todo bien trabada en sus dos líneas argumentales (la que se refiere a Ariadna y Teseo, por un lado, y la que se ocupa del Minotauro, por otro) esta en cualquier caso admirable ópera se beneficia de una puesta en escena sobria, inteligente y muy sangrienta de Stephen Langridge, de un apasionado Antonio Pappano que no duda en subrayar las numerosas aristas de la partitura (¡impresionante la percusión en un equipo con subwoofer y DTS!), de un coro espléndido y de un sólido equipo de cantantes encabezado por Christine Rice (pobre en el grave pero muy elegante, musical y voluntariosa) y el cada día más valorado Johan Reuter (no hace mucho Nick Shadow en el Real -enlace-). Incuso el gran Philip Langridge tiene un suculento papelito.

Claro que quien se lleva el gato al agua es Sir John Tomlinson, el Minotauro propiamente dicho. Lejos de las insuficiencias vocales que afectaban a su Haendel, su Mozart o su Wagner, el bajo (más que barítono-bajo) británico ofrece, en este rol específicamente escrito para sus particularidades, monólogos espeluznantes, de una sinceridad desgarradora, que se convierten en una magistral lección de cómo fundir drama y canto. Y en eso consiste, precisamente, la auténtica Ópera.

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