lunes, 1 de junio de 2009

Discografía de las sinfonías de Brahms (VIII): Böhm, el clasicismo bien entendido

Entre mayo y junio de 1975 los ingenieros de la Deutsche Grammophon registraban en la Musikvereinssaal vienesa, con soberbia toma sonora, la interpretación que de las cuatro sinfonías brahmsianas ofreció el anciano Karl Böhm a frente de la más admirable orquesta austriaca. Una propuesta seguramente no genial pero sí admirable tanto desde el punto de vista técnico como desde el expresivo que podemos calificar, con la perspectiva que nos ofrece el tiempo, como marcadamente “clásica”.


¿Y qué significa esto? Pues que es el suyo un Brahms sólido, muy bello, ortodoxo y -salvo en el caso de la Tercera Sinfonía, sobre la que luego volveremos- poco personal, y por ello mismo indiscutible, en el que se fusionan las distintas aproximaciones que se pueden realizar su música sin que ninguna de ellas prime por encima del resto. Y es que el de Gratz consigue encontrar el punto perfecto de equilibrio entre la introversión y la extroversión; entre el dramatismo y el vuelo lírico; entre la brillantez orquestal y la atención a esa sonoridad “oscura” tan particular en esta música; y, finalmente, entre la perfección de la arquitectura y la profundización en el contenido expresivo.

Dicho de otra manera: es el suyo un Brahms en el que la Emoción está en todo momento canalizada a través de la Razón, lo que no significa que la segunda esté por encima de la primera, sino que se encuentra al servicio de ella al tiempo que la controla y le da forma. Puro Clasicismo, pues, pero bien entendido.

De la Primera Böhm nos ofrece así una realización directa, objetiva y sincera, sin ningún tipo de devaneo sonoro pero muy atenta esa belleza que aporta la inigualable Filarmónica de Viena. A destacar el segundo movimiento, sobrio y nada melancólico, pero hermosísimo y lleno de fuerza. Ahora bien, acostumbrados a interpretaciones más personales, en algunos pasajes, especialmente en el cuarto movimiento, se puede echar de menos algo más de flexibilidad e imaginación, y por ende de carácter visionario.

En cualquier caso, gran interpretación de esta sinfonía. Conviene advertir a los buscadores de tesoros que existe una filmación de ese mismo año editada en DVD en Japón en la que Böhm vuelve a triunfar en el Andante sostenuto, mientras que los dos últimos movimientos, aunque algo más rápidos de la cuenta, alcanzan una tensión extraordinaria.

De la Segunda Sinfonía existe también una versión filmada, pero en este caso anterior, de 1970. Aquí las diferencias son sustanciales: si en el DVD editado por Euroarts Böhm sorprende por adoptar un enfoque más aristado y rebelde que en otras ocasiones, lo que por desgracia aquí significa que algunos pasajes no están del todo paladeados, en el audio de Deutsche Grammophon nos ofrece una lectura mucho más concentrada y ortodoxa, en la que sí frasea con delectación las acongojantes frases líricas del primer movimiento para ofrecer seguidamente un Adagio non troppo más bien lento y dramático. El final resulta más poderoso que lleno de júbilo.

La Tercera es un caso aparte. Sin renunciar al rigor arquitectónico, a la contención y a la belleza sonora bien entendida que son señas de su Brahms, el de Gratz nos ofrece una interpretación mucho más personal, bastante creativa ya desde los acordes iniciales, pero muy alejada del amaneramiento o el capricho. El resultado es una lectura sombría, con un Andante muy gótico, muy atmosférico, y un Poco Allegretto nada tierno o evocador y sí muy amargo. En los movimientos extremos se puede pedir algo más de extroversión y apasionamiento a flor de piel, pero el planteamiento es coherente con el resto. La coda final resulta particularmente amarga.

La Cuarta, finalmente, es una interpretación canónica que no aporta nada nuevo pero en la que no hay absolutamente nada que reprochar, tales son la perfección de su trazo, la sinceridad de su expresión y la belleza de su planteamiento sonoro. De nuevo es magistral la plasticidad con que el veterano director trata a la orquesta y la tersura con que la hace sonar. Otra cosa es que unos años más tarde Leonard Bernstein llegara aún más lejos en este sentido.

La edición en compacto de esta integral de Böhm, que por cierto se hizo bastante de rogar, incluye otra tres joyas. La Rapsodia para contralto, que se grabó en 1976 y salió acoplada en LP junto a la Tercera, es un verdadero hito en la historia del disco, tanto por la dirección de Böhm como por esa emoción a flor de piel de la simpar Christa Ludwig. Impresionante.

La Obertura Trágica, ya de 1977, nos ofrece de nuevo una lección de síntesis entre fuerza dramática y belleza sonora. Y de las Variaciones Haydn, del mismo año que la anterior, nos ofrece el gran director la que para algunos críticos es, de nuevo por su equilibrio entre forma y contenido, una de las más perfectas que jamás se hayan escuchado.

Böhm no grabó la Académica, pero da igual: como se trata de sólo tres compactos de serie barata y suenan fabulosamente, no hay que dudar y tener esta cajita en la estantería. Mucha es la belleza que contiene.

1 comentario:

Rafael Bellón dijo...
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