jueves, 25 de septiembre de 2008

La Calisto por Jacobs y Wernicke: un modelo


Mi visita al Londres el próximo fin de semana para ver, entre otras cosas, una atrevida producción de La Calisto en el Covent Garden, me ha animado por fin a visionar el DVD editado por Harmonia Mundi de la interpretación ofrecida en el Teatro de la Moneda en marzo de 1996. La filmación ya la pude conocer hace años en una retransmisión vía satélite, y ahora ha vuelto a dejarme maravillado: he aquí un modelo perfecto de lo que debería ser una función de ópera. Y es que, independientemente de los mayores o menores méritos de la partitura -la de Cavalli es muy hermosa, pero no se puede ni debe comparar con las obras maestras absolutas de Monteverdi-, con lo que nos encontramos aquí es con dos directores como la copa de un pino que, contando con notabilísimo equipo de cantantes que saben que han de desenvolverse de manera convincente también en la faceta teatral, colaboran en perfecto entendimiento el uno con el otro para llegar a una simbiosis absoluta entre lo que se ve y lo que se oye, sabiendo aportar originalidad y frescura pero conociendo a la perfección las prácticas de la época y sin en ningún momento sacar los pies del tiesto.

La dirección de Jacobs es sensacional. Al frente del fabuloso equipo del Concerto Vocale ofrece una interpretación intensa y vibrante, llena de colorido, ornamentada con tanta fantasía como rigor, de un sentido del ritmo contagioso y, desde luego, teatral por los cuatro costados, pues sabe ser todo lo cómica, trágica e irónica que debe sonar la partitura de Francesco Cavalli. Logra además guiar a la perfección a los cantantes, varios de ellos no precisamente expertos en el repertorio del XVII, para que canten con propiedad y atiendan a todas las inflexiones dramáticas del texto sin perderse en el virtuosismo vacuo. Dicho de otra manera, que sin dejar de tener en cuenta que el veneciano navega ya en las nuevas aguas del Barroco, Jacobs plantea y logra la plena fusión entre música y texto que décadas antes dio origen a todo el género operístico de la mano de Monteverdi.

En la misma línea se mueve el malogrado Herbert Wernicke, quien en un escenario reducido plantea un ágil juego barroco donde las plataformas, las trampillas, las caracterizaciones arquetípicas y los efectos teatrales de todo tipo rinden homenaje a la Commedia dell'arte para lograr ese sutil equilibro entre comicidad y drama, entre lo popular y lo culto también, que ya se encontraban en la obra original y que, como se explica en el largo e interesante making of del DVD, había de complacer al público socialmente variado y de muy distintas sensibilidades que acudía a la ópera en la ciudad de los canales.

Impresionante el trabajo actoral con los cantantes, todos ellos sensacionales en este sentido, aunque aquí mucho tuvo que ver -así se reconoce en el documental- ese singular cantante y director de polifonía que es Dominique Visse, quien no sólo ofrece aquí un simpatiquísimo Satirino (actuado "a lo Arlequín") como el mejor de los actores profesionales, sino que además colaboró sustancialmente en los movimientos escénicos de los caracteres cómicos.

¿Y qué decir de los demás cantantes? Pues que con la excepción de Alexander Oliver, vocalmente muy mediocre aunque divertidísimo en escena como Linfea, están todos bien, muy bie e incluso maravillosamente bien. Es el caso de María Bayo en el rol protagonista: controlada en su tendencia a la cursilería y muy centrada en el estilo, la soprano de Fitero hace gala aquí, en su mejor momento vocal e interpretativo, de una voz bellísima, muy esmaltada, que corre con extraordinaria facilidad por el escenario, y de una sensualidad, frescura y comunicatividad realmente asombrosas. Ver este vídeo es lo mejor para reconciliarse con esta artista hoy venida a menos y, desde luego, para disfrutar a tope de una música de gran belleza y de un espectáculo teatral de primer orden. Total, y como saben desde hace tiempo los aficionados a este repertorio, un DVD maravilloso, una joya de extraordinario valor, aunque con un defecto monumental, eso sí: ¡no hay subtítulos en castellano! Estos franceses....

martes, 23 de septiembre de 2008

Nuevos aires para el Villamarta

No deja de resultar arriesgado aportar opiniones comprometidas en este mundillo jerezano que rodea al Teatro Villamarta que -no somos los primeros en decirlo, aunque sí en escribirlo- se estaba pareciendo cada día más a un régimen soviético en el que los disidentes primero eran castigados -conocemos a quien hace tiempo suprimieron el encargo de notas al programa-, luego vilipendiados con anónimos y finalmente expulsados de los medios locales para ser confinados en la lejana Siberia de las revistas especializadas, mientras se colocaba en el Pravda local, para que repitan aquello del “todo nos sale estupendamente”, a individuos que trabajan para el Sistema; concretamente a uno de los miembros del personal de seguridad del teatro y a un componente del coro local, este último esposo de la habitual regidora de las producciones líricas, y presidente a su vez de una particular KGB encubierta de asociación cultural. Todo queda en casa, atado y bien atado.

Pero ahora las cosas pueden cambiar. Y no sólo porque el director del medio de comunicación que había realizado tan bochornosas actuaciones se ha ido con la música a otra parte, sino porque Francisco López, que pasa a ocupar un puesto de muy alta responsabilidad en la gestión cultural jerezana, deja su cargo en manos de quien durante todos estos años ha sido su mano derecha, la joven Isamay Benavente. Una profesional que aunque a buen seguro seguirá las directrices generales de programación marcadas por aquél, posee un talante muy distinto a la de su antiguo jefe y puede traer un soplo de aire fresco a un teatro que, se diga lo que se diga, no vive sus mejores momentos en lo que a música clásica se refiere (lo del brillantísimo Festival de Jerez es otro cantar). La temporada lírica, concretamente, parece haberse estancado.

Y eso que los primeros años fueron extraordinariamente prometedores. El muy inteligente Francisco López y su estupendo equipo realizaron un planteamiento basado en la variedad de títulos y estilos, la confianza en las voces jóvenes españolas -no sólo por ahorro, sino también por el apoyo que todo centro público debe ofrecer a nuestras potencialidades artísticas-, por el equilibrio entre voces y escena y por la realización de producciones propias destinadas al intercambio; todo ello reforzado con espectáculos “de fuera” con títulos más originales a cargo de artistas de solvencia. Pudimos así ver cosas tan interesantes como El dragón de Wantley de John Frederick Lampe, La reina de las hadas -con Robert King-, Porgy and Bess o -en versión muy recortada- La Dama de Picas, junto a notables propuestas locales de Carmen, Traviata, Elixir o Bohème, por ejemplo, entre otras sólo aceptables o -en algunos casos- francamente mediocres. Y aún habría que añadir un montón de zarzuelas de irregular nivel y alguna curiosa recuperación, como Los Amantes de Teruel de Tomás Bretón (de interés mucho antes histórico que musical, dicho sea de paso). Todo ello resultaba milagroso, independientemente de los resultados interpretativos, para un teatro de escasísimo presupuesto en una ciudad de sólo 200.000 habitantes.

Doce años después las circunstancias no son las mismas. Gracias a la admirable labor realizada hasta ahora el público ha ido madurando; pide cosas nuevas y, desde luego, se ha vuelto más exigente. El problema no es sólo que el nivel no sube, lo que es comprensible dado que el presupuesto es cada vez más exiguo, sino que el interés de las propuestas ha bajado. Y no sólo por motivos económicos. Las tres últimas producciones propias, si descontamos la infantil El diluvio de Noé, han sido las muy mediocres de La flauta mágica, Il trovatore y La hija del regimiento. En el foso se ha instalado de manera casi permanente la Filarmónica de Málaga, a la que muy pocos directores -Udaeta en el citado título de Donizetti sería una excepción- han hecho sonar bien. ¿No hay otras superiores que sean sólo un poco más caras? El coro local sólo en los últimos meses parece que empieza a despegar en lo artístico, mientras que el reconocimiento de su labor por parte de la cúpula del teatro es, para muchas sensibilidades, asignatura pendiente.

Se sigue apostando por las voces jóvenes, lo que es estupendo, pero en algunos casos -demasiados- la elección no parece acertada, pues se ofrecen algunos papeles que no sólo están por encima de sus posibilidades, sino que pueden terminar afectando vocalmente a nuestras jóvenes promesas. En la batuta la solvencia se alterna con la mediocridad. La falta de ensayos se deja ver en demasiadas ocasiones en la noche del estreno. Y, lo más grave, los títulos que componen el grueso de la producción se están repitiendo una vez tras otra dejando montones de obras importantes sin aparecer, desprendiendo en la elección de los mismos un tufillo a rancio demasiado evidente. ¡Ni una sola obra de Wagner y Strauss hasta la fecha! Y que nadie alegue la dificultad: también es casi imposible enfrentarse a un monstruo como Il Trovatore desde provincias, pero aquí bien que se ha hecho en dos ocasiones. En cuanto a eso de que “el público no está preparado para ciertos títulos” (sí, eso se dijo desde la cúpula del teatro), el disparate es manifiesto.

Así las cosas, parece que el Villamarta necesita dar un nuevo rumbo a sus producciones líricas. Necesita abrirse a nuevos títulos y repertorios, lo que no consiste en limitarse a ofrecer L’Orfeo de manera semiescenificada o El castillo de Barbazul en versión concierto, sino en incluir en el grueso de la temporada algunos de los grandes títulos del repertorio alemán, aunque sea con orquestación reducida, más varios Rossinis que no sean el Barbero, algo de Haendel, quizá algún Britten y, cómo no, cosas tan indispensables como Così, Ballo, Otello, Murciélago, Cavalleria, Pagliacci o Pélleas, por ejemplo, y no repetir una vez y otra lo mismo. ¡Tres Traviatas! ¡Tres Rigolettos! Y ya se han visto por duplicado Flauta mágica, Don Giovanni, Barbero, El elixir de amor, Trovatore, Romeo y Julieta, Carmen, Bohème y Butterfly.

Para esta temporada 2008/09 las cosas no parecen cambiar lo suficiente. Se acierta en pleno al programar Jenufa, desde luego, mientras que contar con la voz de Elisabete Matos para cantar nada menos que Turandot es una buena baza para correr el admirable riesgo de interpretar una ópera tan exigente para todos. Pero nos parece un error estropear La italiana en Argel con el Lindoro de José Luis Sola, la batuta de Alvaro Alviach y la dirección escénica de Gustavo Tambascio (¡qué desperdicio Chausson aquí en medio!), y no digamos hacer una obra maestra absoluta como Falstaff contando con Luis Cansino como protagonista y acudiendo a Stefano Poda para la escena. En cuanto a ofrecer por tercera vez El elixir de amor, y encima con la Arteta, parece a todas luces excesivo para un teatro reinaugurado en noviembre de 1996, por mucho que cuestiones económicas hagan necesario rescatar producciones propias. Y es que a López, basta con repasar sus años al frente del Gran Teatro de Córdoba, le gustaba repetir una y otra vez los mismos títulos.

Necesita el Villamarta además modificar hasta cierto punto la filosofía de las producciones escénicas. Que se ofrezcan cosas distintas a las que preparan habitualmente el tándem Francisco López/Jesús Ruiz y sus directos colaboradores, a veces con mucho acierto y a veces con bastante menos; que se puedan ver enfoques distintos y complementarios que ilustren al público sobre la variedad de las propuestas escénicas operísticas en la actualidad. López presumía de ofrecer producciones “modernas”, pero en realidad, y por mucho que venturosamente anden alejadas de lo rutinario y lo acartonado, en el fondo no lo son tanto. Claro que de esto en Jerez no se pueden enterar quienes no tienen la oportunidad de volar por ahí a ver lo que se está haciendo -bueno y malo- en otros lugares.

Es necesario también que se arrincone de una vez por todas a los dos o tres batuteros habituales de la casa que han terminado arruinando numerosas funciones. En este sentido los gustos de Francisco López han demostrado ser muy discutibles: a quien esto suscribe directores de su total confianza como Luis Remartínez o Miquel Ortega le parecen deplorables. Una mala batuta es capaz de destrozar toda una producción completa, y eso en Jerez o hemos podido comprobar en más de una ocasión. Directores de solvencia también han pasado por el foso jerezano: confiemos en que Isamay potencie su presencia y que añada otros nombres nuevos que sean capaces, también hay que decirlo, de trabajar con el tiempo encima y con voces jóvenes que en muchos casos debutan sus roles. Y no se olvide que no siempre coincide lo que es un buen director de ópera con un director “que guste a los cantantes”.

Asimismo hace falta apoyar mucho más al coro, reforzar sus puntos más débiles (voces femeninas, sobre todo) y compensar de alguna manera su esfuerzo. ¿Pagando? Pues si es necesario sí, y tal vez no sea tan difícil encontrar patrocinadores para ello. Y si no, al menos no hay que hacerles el feo. ¿Sabían ustedes que cuando sus miembros pidieron entradas para el ensayo general de Norma, una de las pocas producciones en las se negaron a participar por agotamiento, se les dio la negativa a pesar de que se trataba de una función con público? Es una anécdota de lo más significativa. Alguien parece olvidar que demasiadas veces sacan estos señores las castañas del fuego al Villamarta: son ellos los que le hacen un favor al teatro, no al revés. Por otra parte, encontrar un buen director estable y consolidar su posición de la manera adecuada -algún día alguien habrá de contar cómo fue tratado el anterior, Ángel Hortas- es otra de las asignaturas pendientes. Estamos seguros que el talante y la mano izquierda de Isamay, virtudes de las que carecía el férreo Francisco López, hará cambiar las cosas.

Parece además indicado que, sin dejar de contar con voces jóvenes locales, se busquen fuera -y gastando el presupuesto que sea necesario dentro de las obvias limitaciones- a cantantes idóneos para los roles más emblemáticos y difíciles del repertorio. Si se quiere hacer Flauta Mágica hay que buscar una Reina de la Noche con un mínimo de condiciones. Si se plantea una Fille tiene que haber un Tonio que sepa cantar (y que se haya aprendido el papel, dicho sea de paso). Y si no, pues que de momento no se haga. Son las instituciones públicas las que aquí tienen que realizar las aportaciones económicas que sean necesarias, y a partir de ahí tirar el Villamarta de la agenda y empezar a buscar voces de un nivel aceptable.

Tema aparte es el de la comunicación. Los ciudadanos se quejan continuamente por la falta de promoción de muchos espectáculos, y señalan la paradoja de que a veces se conoce mejor lo que se programa en el Teatro Falla de Cádiz, que coloca carteles por las calles jerezanas, que lo que se ofrece en el Villamarta; parece ser que a López este medio de promoción no le gustaba. Los encartes en prensa son caros, ciertamente, pero aún así habría que hacer un esfuerzo por que las “asociaciones culturales” y los medios presuntamente “comprometidos” no lo sean sólo para las óperas más célebres (¡qué fácil es apuntarse a lo popular para salir en la foto!), sino también para aquellos espectáculos -líricos o no- en principio minoritarios pero en ocasiones muchísimo más interesantes por su calidad.

Por otra parte la revista del Villamarta necesita corregir los graves errores del cambio de orientación que se realizó hace no mucho: la maquetación es ahora pésima -el texto resulta ilegible-, mientras que la señora que escribe todos los textos, presunta especialista en ballet clásico, no tiene la más pajolera idea de lo que se tiene entre manos, dicho sea con el (escaso) respeto que se merece una persona que cobra por meter en la coctelera los dossiers de prensa y cuatro lugares comunes.

Finalmente el Villamarta necesita, lo apuntábamos en artículos de meses anteriores, que se acabe el lameculismo con la dirección del teatro, que se aplauda lo mucho que se tiene que aplaudir y que al mismo tiempo se critique abiertamente todo aquello que parece necesario mejorar. Que desaparezca el pseudo-clientelismo establecido con ciertos críticos y medios de comunicación que sólo buscan su propio beneficio. Que los artistas y creadores que trabajan para el teatro puedan realizar sus aportaciones: nos consta que alguno tuvo que salir “por patas” por sus diferencias creativas con la anterior dirección.

Hace falta que la gente -no nos referimos principalmente a la crítica- se atreva a opinar. Algunas producciones propias se podían haber salvado si alguien hubiera exclamado a tiempo “¡esto que estamos haciendo no funciona!”. Pero no había valor, en parte porque la anterior cúpula del Villamarta nunca estuvo muy abierta a considerar las opiniones ajenas, y en parte porque algunos consideran la opinión disconforme como ignorancia o, peor aún, como traición. Quizá ahora sea el momento en el que el miedo a decir lo que se piensa dé paso al diálogo constructivo, y que en vez de seguir aplicando la dinámica del “ordeno y mando”, un ambiente de libertad y creatividad permita entrar aire fresco a un teatro que ha aportado muchísimo en el panorama escénico andaluz, pero que ha de adaptarse a los nuevos tiempos que corren.

No debe interpretarse lo hasta aquí escrito como un mensaje catastrofista. Decir que el Villamarta está mal sería mentir descaradamente. Pero sí que se encuentra en una etapa de estancamiento en la que, tras haber cimentado un merecido prestigio, va dejando al descubierto puntos débiles -los arriba referidos- que se deben atender. Por ello mismo, y aplaudiendo con entusiasmo la en general fantástica labor de Francisco López, pensamos que resulta positivo este cambio de rumbo que puede contribuir a romper con el conformismo acrítico y construir sobre lo mucho ya edificado, posibilitando que el Villamarta tenga un buen futuro en un panorama lírico nacional que cada día, pese a todos sus problemas, cuenta con mayor, más variada y mejor oferta. Renovarse o morir.

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Artículo publicado en el número 88, junio-septiembre de 2008, de Filomúsica.

Nuevo número de Filomúsica

Por fin ha aparecido el nº 88 de Filomúsica, en el que se publican -con evidente retraso- una serie de críticas que he ido realizando a lo largo de los últimos meses: Maximiano Valdés al frente de la Sinfónica de Sevilla, la Tabernera del puerto que se hizo en el Maestranza con José Bros encabezando el elenco, el recital de zarzuela a cargo de éste último y su esposa y, perteneciendo ya a la presente temporada, la floja Vida Breve presentada al alimón en Sevilla por la ROSS y la Bienal de Flamenco.

Se incluye también un largo comentario sobre la última edición del West-Easter Divan; si hasta ahora en el blog no había comentado nada sobre estos conciertos de Barenboim es precisamente porque confiaba en ver pronto publicado dicho texto. La espera, como puede verse, ha sido más larga de la cuenta.

Hay finalmente un largo artículo de opinión sobre la actual situación del Teatro Vilamarta que, aprovechando que la nueva Temporada Lírica comienza esta misma semana, reproduzco en su integridad en la siguiente entrada del blog. Los demás textos pueden todos leerse en la habitual dirección http://www.filomusica.com/

lunes, 22 de septiembre de 2008

Un nuevo comienzo

La adjudicación como plaza definitiva de profesor de Enseñanza Secundaria en el IES Doctor Francisco Marín de Siles (Jaén), un instituto grande, prestigioso y activo enclavado en este pequeño y tranquilo enclave en plena Sierra de Segura, supone para mí un nuevo comienzo no en mi trayectoria profesional, pues con el traslado sigo trabajando en lo que más me gusta, pero sí en lo personal y, desde luego, en lo musical, toda vez que a partir de ahora y por unos cuantos años mi vida se va a centrar muy lejos de mi Jerez de la Frontera natal.

Supone este cambio también un nuevo comienzo para el blog, que perdió actividad debido a unas vacaciones basante ajetreadas -para bien- y luego quedó casi encallado con las numerosas ocupaciones derivadas de la mudanza y el comienzo de curso. Por fin con conexión a Internet en mi nuevo hogar, y bien lejos de las garras de la asociación jerezana Al-Qadia, espero a partir de ahora seguir publicando con regularidad entradas sobre temas musicales de diversa índole, fundamentalmente comentarios de las audiciones que empezaré a realizar en mi nuevo equipo de música y de los espectáculos a los que pueda asistir en mis escapadas de fines de semana. ¡Gracias por leerme!

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Tres momentos de Pavarotti

Como pequeño homenaje a Pavarotti en el primer aniversario de su fallecimiento, aquí va esta reseña que escribí en febrero de 2007 para Ritmo.
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Estos tres DVDs ya aparecidos hace tiempo y que Decca ahora reúne en un pack, ofreciéndolos a un precio algo más bajo que el habitual, son reflejo de tres momentos bien distintos en la carrera de Luciano Pavarotti. En 1981 era aún el gran tenor que arrasó en los sesenta y setenta con un timbre increíblemente hermoso (¿ha habido otro semejante en esa mágica unión entre terciopelo y luminosidad?), una extensión considerable que no conocía pérdidas de homogeneidad, un irresistible verbo italiano y, sobre todo, un agudo segurísimo, fulgurante y arrebatador. Cierto es que se pueden preferir otros enfoques para el Duque de Mantua más digamos “psicológicamente complejos”, más “altareros”, o quizá más “señoriales”, que ya sabemos que la capacidad introspectiva no fue nunca el fuerte del tenor modenés; también es verdad que ciertos alardes canoros muy adecuados en un teatro sobran en una película pensada para ser vista en el salón doméstico, más aún si quién dirige ésta es un Jean-Pierre Ponnelle mucho más atento a la integración entre música y drama -es decir, a lo que ya con esta genial obra buscaba claramente Verdi- que al lucimiento de los solistas.


Pero Pavarotti utiliza como arma, junto a su instrumento privilegiado, una extroversión, un apasionamiento y una comunicatividad -mucho antes espontánea y natural que reflexiva- que le hace ganar plenamente la partida. Algo parecido a lo que le pasa a Riccardo Chailly con su dirección tan vitalista, contrastada y muy latina, ya que no atmosférica ni particularmente dramática, al frente de nada menos que la Filarmónica de Viena. Y todo lo contrario de lo que le ocurre a Edita Gruberova, que a pesar de contar con una voz no menos privilegiada y con un superior virtuosismo, fracasa con una Gilda insincera, narcisista, anémica y desmayada. Ingvar Wixell, ya se sabe, mucho mejor viéndolo que sólo escuchándolo en su papel del bufón. Una filmación de Rigoletto que sin duda hay que conocer, pese a que el playback resulta hoy bastante artificioso.

En 1991 Pavarotti era ya el personajillo de los “mass media”, el de la sonrisa tan amplia como falsa y el pañuelo en la mano, el de la voz aún hermosa pero ya declinante, el de la rutina y el escaso compromiso expresivo. Sólo un año antes el concierto de los Tres Tenores en las Termas de Caracalla le habían convertido en ídolo de masas comparable a una estrella del pop, y este célebre recital en Hyde Park bajo la lluvia terminó de cincelar su imagen pública y de abrirle el camino del dinero fácil que le llevaría, a medida que iban mermando sus facultades, a sustituir las funciones de ópera por Pavarotti & Friends y horrores similares. Claro que quien tuvo retuvo, y ante un público londinense que debió de mojarse mucho y escuchar bien poco, y que parece más atento a saludar a la cámara que a disfrutar en lo posible de la música, pudo aun exhibir buenos medios y una excelente línea en arias como “Recondita armonía” o “Vesti la giubba” -en otras se quedó muy corto-, por no hablar de la luminosidad y el vuelo lírico con que cantó las inevitables canciones italianas. Le acompañaba sin mucha inspiración y sin aprovechar lo suficiente a la Philharmonia Orchestra Leone Magiera, su colaborador durante muchos años.

Es precisamente el ex marido de la Freni uno de los entrevistados que aporta cosas interesantes en el documental de hora y media que ocupa el tercer DVD. En él se acompaña a Pavarotti desde marzo de 2003 hasta su despedida del Met un año después, prestando especial atención a acontecimientos como su boda con Nicoletta (se oye “cantar” a Bocelli durante la ceremonia) e indagando de manera más bien superficial en su vida cotidiana. El resultado es muy triste: lo que aquí vemos es un Pavarotti en una anticipada decrepitud, torpe en los movimientos y con escasos reflejos en la palabra, ridículamente maquillado y un tanto ajeno a la corte que le rodea, amén de bastante mermado vocalmente en lo poco que se le escucha cantar. Desde luego el documental está realizado de manera espléndida (magnífica la dirección de Francis Hanly, y sobresaliente la narración de Ian McKellen), pero es más un producto promocional que otra cosa, pasando completamente de lado sobre lo que es el arte del tenor. Tampoco logra convencernos a la hora de presentarnos su figura como la de un hombre sencillo, de provincias y buen amigo de sus amigos, porque ya sabemos cómo se las gastaba el italiano. Lo más interesante, la breve pero curiosa entrevista a Pavarotti -quien no regatea elogios a Di Stefano y Corelli, sus dos grandes ídolos- y la más extensa a Roberto Alagna en torno al tenor modenés. Se incluyen como propinas tres arias filmadas en recitales multitudinarios de los noventa y los excelentemente realizados videoclips de las dos últimas canciones que grabó: el simpático “In canto” y el tan hortera como divertido “Ti adoro”. Poco después un tumor en el páncreas empezaría a acabar con la vida de quien, pese a todo, ha sido uno de los más grandes tenores de los últimos cincuenta años. Y el más popular. Descanse en paz.


VERDI: Rigoletto. Pavarotti, Wixell, Gruberova, Furlanetto, Vergara, Barbieri. Coro de la Ópera de Viena. Orquesta Filarmónica de Viena. Dir: Riccardo Chailly.
Decca, 00440734166.
DVD 116’
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Universal
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M


PAVAROTTI EN HYDE PARK. Obras de Verdi, Meyerbeer, Puccini, Massenet, Leoncavallo, etc. Angrea Grimielli, flauta. Coro y Orquesta Phiharmonia. Dir: Leone Magiera.
Decca, 0711509.
DVD 99’
DDD
Universal
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M


PAVAROTTI: THE LAST TENOR. Una película de Francis Hanly, escrita y producida por Adam Sweeting.
Decca, 0743102.
DVD 88’ (+ 77’ extras)
DDD
Universal
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Artículo publicado en el nº 807, abril de 2008, de la revista Ritmo.