martes, 25 de noviembre de 2008

El Wozzeck de Bieito

Si el Giulio Cesare de Wernicke del que se habla en las dos entradas anteriores parece un modelo de cómo puede ser una buena producción operística "moderna", el Wozzeck de Bieito es un ejemplo de lo que no debería ser.
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Wozzeck.

Hawlata, Denoke, Goldberg, Tierney, Tilli, Delamboye, Kuebler, Gysen, Schmeckenbecher, Cole.
Petits Cantors de Catalunya. Coro Vivaldi. Coro y Orquesta del Gran Teatre del Liceu. Dir: Sebastian Weigle.
BBC Opus Arte, OA 0985 D
DVD 129’ DDD
Ferysa
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En el breve y espléndido documental que acompaña este DVD magníficamente filmado, grabado y presentado, el propio Calixto Bieito califica su propuesta escénica para el Wozzeck ofrecida en el Liceu en enero de 2006 como “directa, impactante, provocadora y emotiva”. De acuerdo con todo salvo con el último adjetivo. Aunque aquí hay una enorme cantidad de ideas inteligentes, entre ellas el magnífico concepto escenográfico materializado por Alfons Flores, y de que el director catalán -cuyo talento es tan grande como su egolatría y desvergüenza- se muestra mucho menos estrafalario y antimusical que en otras ocasiones, tanta violencia, brutalidad y efectismo terminan saturando la retina del espectador y produciendo el efecto contrario al deseado: una indiferencia que conduce al aburrimiento.

Además, no parece en absoluto necesario subrayar de esta manera el mensaje sociopolítico (de izquierdas y por completo vigente, dicho sea de paso) que subyace en la obra original, porque el espectador no es tan lerdo como para no captarla, y tanta obviedad termina resultando panfletaria: al igual que el Anillo “de Chernobil” ideado por Kupfer a finales de los ochenta, este Wozzeck “del chapapote” se ha quedado anticuado… y en un plazo de dos años.

Un voluntarioso pero engolado y plano Franz Hawlata se limita a cumplir con el papel protagonista; me gustó mucho más Jochen Schmeckenbecher (aquí Segundo Aprendiz) en la reposición madrileña. Angela Denoke le pone muchísima intención al fraseo de su Marie, pero en el agudo se muestra tirante y su registro grave es de todo punto insuficiente para el rol. Su marido en la vida real, David Kuebler, compone un Andres de referencia. Johann Till hace un sólido Doctor, Hubert Delamboye un solvente Capitán y el gastadísimo Reiner Goldberg es soportable como el Tambor Mayor. Lo mejor, la dirección de Sebastian Weigle, que sin poseer la fuerza, el sentido del color, el vuelo lírico y la creatividad de su maestro Barenboim, resulta admirable por alcanzar el punto justo entre la tradición tardorromántica y el expresionismo más descarnado.

Por ello, y a pesar de que la personal interpretación del argentino en la magnífica producción de Patrice Chéreau -que sí ha sabido resistir el paso del tiempo- está a punto de salir en DVD, merece la pena la compra de esta edición de BBC Opus Arte. Máxime contando una superlativa calidad de sonido DTS, muy superior a la de cualquier grabación en compacto, que en un buen Home Cinema permite disfrutar a tope de la magistral orquestación atentamente diseccionada por Weigle y de toda una poderosa gama dinámica.
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Artículo publicado en el nº 804, enero de 2008, de la revista Ritmo.

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