lunes, 10 de marzo de 2025

París bien vale unas prisas

No falla: fin de semana que me quedo en casa, fin de semana que me encierro a trabajar horas y horas en cosas del instituto. Así que el viernes pasado me harté y me escapé yo solito a París.

 

Hice bien: tiempo soleado sin nada que ver con las intensas lluvias de España, visita a algunas tiendas de discos, un concierto del que hablaré en su momento y, sobre todo, repaso de muchísimas cosas hermosísimas; algunas de ellas, gloriosamente restauradas.

 

¿El problema? Se me ha acumulado el trabajo y por este blog solo puedo pasar con muchas prisas, así que me limito a dejar aquí unas cuantas fotos de postureo entre las cuales se incluye una frente a la Maisón de la Mutualité. Sí, aquel sitio en el que tantos discos grabaron en su momento los de DG. Hasta otra.












martes, 4 de marzo de 2025

Boicot al libro de Barenboim: lo que no sale en la prensa, no existe

En marzo de 2024 envié a la editorial Tierra de Nadie un listado de los medios a los que creía conveniente enviar un ejemplar del libro sobre Daniel Barenboim para su reseña. Tardaron algunas semanas, pero todos los ejemplares se mandaron.

De entre los medios especializados, solo Platea Magazine realizó un comentario del libro. Se encargó de ello Javier del Olivo con un artículo en el que la mitad del texto era para ponerlo mal. Virtudes vio pocas: en su derecho está, aunque me hubiera gustado que dijera que se trata de la primera vez que se escribe –quizá la excepción sea lo de Leone Magiera sobre Karajan, que no he leído– una monografía sobre un director de orquesta que no se centra en aspectos biográficos y lo hace exclusivamente en los estéticos.

De Mundoclasico.com no se sabe nada. Hace siglos que no hablo con Xoan M. Carreira, pero nunca hubo problemas ente nosotros. Vayan ustedes a saber.

Pasando a los medios tradicionales en papel, en Ritmo se dignaron a publicar, después de muchos meses, la nota de prensa en su página web. De reseña, nada de nada, a pesar de que esa revista fue la gran defensora del argentino en España. Y me consta que para que saliera al menos esa nota alguien muy barenboimiano tuvo que hacer presión. No me ha extrañado, la verdad, después de lo mal que me trató el actual redactor jefe, Gonzalo Pérez Chamorro: cuando hace años le pedí que me pagaran la cifra muy simbólica que daban en otros tiempos por un artículo a doble página que les escribí a petición suya me respondió, literalmente, que si no sabía el significado de la palabra "colaboración". Vamos, que tras sustituir a Pedro González Mira impuso que había que trabajar gratis et amore. La cosa terminó mal entre nosotros y ahora ha tenido la oportunidad de hacerme el vacío. Que los lectores sepan de la existencia de esta publicación le importan un pimiento. 

En cuanto a Scherzo, nada. Absolutamente nada. Me habían llegado excelentes opiniones de Stefano Russomanno desde varias fuentes muy distintas entre sí, así que la sorpresa ha sido grande. La decisión última de no publicar nada es incuestionablemente suya, pero estoy por completo convencido de que detrás de esta decisión se encuentran un crítico habitual de la revista. O dos. Se admiten apuestas. (PD: ¿quién si no?).

lunes, 3 de marzo de 2025

Réquiem de Verdi con Daniel Harding y Santa Cecilia en San Pablo Extramuros

Hace un par de semanas se anunciaba que tanto en el Teatro de la Maestranza como en el Festival de Granada se podrá escuchar el próximo mes de julio el Réquiem de Verdi a cargo de Daniel Harding y los conjuntos a cuya titularidad acaba de acceder, los de la Accademia Nazionale di Santa Cecilia. Casualmente, en la plataforma Stage + se puede ver una filmación de esta obra a cargo de los mismos intérpretes realizada en San Pablo Extramuros de Roma el 23 de octubre de 2024. Pensé que me podría hacer una idea de cómo podría estar la cosa, pero no.

¿El problema? La toma de sonido. Ni siquiera el Dolby Atmos ayuda: demasiada reverberación, y uno ya no sabe si la desaparición del la entrada del coro se debe a las condiciones acústicas o a que el maestro británico acumuló demasiadas pes. Lo mismo pasa con la ausencia de determinadas líneas instrumentales. Dicho esto, parece apreciarse una interpretación de muy buena planta, bastante bien tocada y cantada, fraseada con pulso sostenido, sensibilidad lírica y bastante impulso dramático sin que esto signifique nerviosismo. Eso sí, línea mucho antes operística que religiosa, lo que en un teatro puede funcionar pero en una iglesia no tanto. Yo he echado en falta una buena dosis de espiritualidad. O quizá es que sobraba "frialdad británica". No sé.

Ninguno de los cantantes de la interpretación romana coinciden con los que vendrán a tierras andaluzas. El tenor Charles Castronovo no me ha interesado especialmente, pero su línea cien por cien italiana le viendo de maravilla a esta obra. Roberto Tagliavini, muy justito por abajo, cumple sin más. La mezzo Yulia Matochkina está bien. Lo mejor viene de parte de Masabane Cecilia Rangwanash, que no solo cuenta con la ventaja de poseer ese timbre maravilloso que caracteriza a las cantantes de raza negra, sino que además posee unos recursos belcantistas que le permiten brillar en casi todas sus intervenciones. El "casi" es por el célebre Do sobreagudo del Libera me, en el que lo pasa tan mal como casi todas. 

¿Conclusión? Una interpretación globalmente muy digna, solo eso, lastrada por la acústica del recinto. Si el vídeo merece la pena es para que los amantes del arte disfrutemos en soberbia imagen 4K de la belleza de una de las grandes basílicas romanas.

domingo, 2 de marzo de 2025

El otro programa de Andris Nelsons con la Gewandhaus: Mahler, Mendelssohn y Dvorák

La gira europea de Andris Nelsons y la Orquesta de la Gewandhaus de Leipzig lleva dos programas. Uno, el de La rueca de oro de Dvorák y la Cuarta de Mahler que le vi en Sevilla dando inicio a la misma. Lo comenté aquí. El otro, el que retransmitió ayer en directo desde Dortmund la plataforma Stage +, que he podido ver esta misma mañana en su repetición. A ello.

Blumine era un coñazo dentro de otro coñazo: la Primera sinfonía de Mahler, cuando esta se llamaba Titán. Hizo bien su autor en quitarlo de en medio, y mejor hubiera hecho aún si hubiera tirado a la papelera todo el movimiento conclusivo. Nada, pero nada que ver con las geniales obras maestras del genial compositor. Así suelto, en tan extraordinaria interpretación, Blumine se escucha con agrado para pasar una vez más al justo olvido.

No menos infrecuente es el Concierto para dos pianos MWV O 5 de Mendelssohn, pero esta es una música de mucho más fuste. Al menos, así lo vio un Andris Nelsons que –una vez más– acertó con la música del autor más históricamente ligada a su orquesta: ligereza, agilidad y efervescencia a tope sin que ello signifique precipitación, levedad ni pérdida de peso armónico. El secreto, no otro que un increíble dominio de la articulación –incisiva sin excesos, contrastada y de vibrato muy controlado– al servicio de una musicalidad irreprochable. Algo parecido se puede decir de los hermanos Lucas y Arthur Jussen. Como mis adoradas hermanas Labèque, explotan su físico y su manera de vestir, pero –al igual que en ellas– lo visual no es un subterfugio para paliar falta de talento. Además de tener dedos de sobra, rebosan arte. Por si fuera poco, las superan en el movimiento conclusivo de esta obra, en el que las francesas se dejaban llevar un poquito por los fuegos artificiales: cuando el vídeo lo cuelguen de manera definitiva, aquí estará la versión de referencia. Sublime la propina de otro señor muy vinculado a Leipzig, un tal Johann Sebastian: "Aus Liebe will mein Heiland sterben" de La pasión según San Mateo.

La Octava es quizá mi sinfonía favorita de las de Dvorák. No me ha terminado de convencer lo de Nelsons, pero aquí toca decir eso de "la culpa no es tuya, sino mía": me he criado a la sombra de la muy brahmsiana interpretación de Giulini con la Orquesta del Concertgebouw –absolutamente inalcanzable en los movimientos centrales–, mientras que el maestro letón ha ofrecido Dvorák-Dvorák. Ágil en los tempi, rústico e incisivo –incluso escarpado– en la sonoridad, de enorme inmediatez expresiva y, por ende, poco interesado en explorar los aspectos otoñales de la música. Ha sido además, haciendo gala de un control absoluto de las dinámicas y una apreciable libertad agógica, una interpretación considerablemente personal y creativa, para lo bueno y lo no tan bueno. En el primer movimiento algunos pasajes fueron dichos un tanto de pasada, en el segundo el enorme acierto a la hora de valorar su potencial dramático no siempre se vio acompañado por la atención a lo lírico, el tercero fue tan heterodoxo que en el discurso lineal no fluyó con la naturalidad deseable, y en el cuarto el vigor rítmico se impuso por delante de cualquier otra consideración. Del uno al diez, un ocho.

¿Y la orquesta? Con algún desajuste pero muy bien, gracias. Tengo cita con ella el próximo mes de mayo para escucharla ayudando a la Sinfónica de Boston a hacer la Leningrado de Shostakovich allí en Leipzig. Sí, las dos orquestas tocarán a la vez. Será histórico... ¡y decibélico!

Solución para la ROSS, y solución para las orquestas sinfónicas: música de cine

Ayer sábado estuve en el Palacio de Congresos y exposiciones de la ciudad de la Giralda viendo un espectáculo usual en otros lugares de Europa –cuando hace poco estuve en Bucarest se anunciaba Solo en casa–, pero apenas visto al sur de Despeñaperros: proyección de una película más o menos reciente con música sinfónica en directo. En este caso se trataba del primer capítulo de El señor de los anillos (Peter Jackson, 2001) con la partitura de Howard Shore a cargo de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Los lectores de este blog ya saben que me he negado a hacer difusión de los eventos de esta formación después de que la señora de relaciones públicas me sacara de la nómina de prensa oficial, cuando soy –perdonen mi inmodestia, pero es la verdad– el crítico en activo que más y mejor conoce la trayectoria de esta formación y –sobre todo– el repertorio que trabaja, mientras que de manera no poco desalentadora esa misma persona, y con ella esa misma orquesta, se muestra de lo más complaciente ante esos otros que montaron una campaña demonizando las justas reivindicaciones sindicales de la ROSS y poniendo toda clase posible de zancadillas; haciéndolo, además, con la cada vez más indisimulada intención de que su repertorio y su espacio vaya siendo ocupado en Sevilla por dos agrupaciones con las que los referidos críticos guardan una especial amistad, la Orquesta Barroca –que es eso, barroca, pero a la que ya le piden Beethoven– y esa pickup orchestra (en español, "orquesta de bolos") que es la Bética Filarmónica, cuya titularidad corre a cargo del poco estimulante Michael Thomas –sí, el del mediocre Cuarteto Brodsky–.

 

Pero esta vez sí que voy a hablar, porque tengo muchas cosas que decir por tratarse de un tema que me interesa muy especialmente: la música sinfónica escrita para la pantalla grande. Aquella con la que empecé en el mundo de la melomanía y con la que aún sigo, a pesar de que escribo poco sobre ella. Voy a ir por partes. Ahora va una primera reflexión.

Las entradas al espectáculo eran considerablemente más caras que las de un programa de abono de la misma ROSS: la mía me costó 72 euros (incluyendo 6 euros "por gasto de gestión", así por la puta cara). Aforo máximo del recinto, según la web, 3.500 personas. No se llenó al completo: quedaban libres butacas laterales. Se ofrecían dos funciones. Calculo que se venderían 6.000 entradas en total. ¿Cuántas personas van a los conciertos de abono? No lo sé, pero imagino que la media rondará las 1.200 entre los dos días de cada programa, jueves y viernes. ¿Cuántas fueron a ver la semana pasada esa maravilla de Andris Nelsons y la mítica Gewandhaus de Leipzig aquí comentada? Unas 800.


Yo lo tengo clarísimo. La solución no es la que dicen esos personajes siniestros, recortar gastos en nuestras orquestas sinfónicas –españolas en general, andaluzas en particular– para dejar fluir las iniciativas más o menos privadas –bienvenidas sean por mi parte siempre que ofrezcan calidad–, sino todo lo contrario. Lo que hay es que hacer que todo ese público que no acude a escuchar a Tchaikovsky, a Bruckner, a Mahler, a Debussy o a Stravinsky se acerque a la sonoridad gloriosa de una orquesta sinfónica en directo a través de espectáculos como este. ¿Que la mayoría de la gente acude porque les gustó la película de turno? Por descontado. Pero resulta que hablamos de 6.000 personas que normalmente no se acercan por el Maestranza, que aullaban de emoción en los aplausos y que empezarán a pensar que no estaría mal asomarse a ver qué hace esa misma orquesta a lo largo del año. Con que un diez por ciento de los asistentes den ese paso, ya habrá merecido la pena la iniciativa.

Por descontado, no ha habido el menor apoyo –ni noticia, ni reseña– por parte de esos mismos medios que dedican párrafos y párrafos a cualquier cosa que se haga en Sevilla con cuerda de tripa y maneras históricamente informadas. Lógico y natural. No es solo que este repertorio no les interesa lo más mínimo: es que estamos hablando de dos conceptos absolutamente enfrentados en torno a la gestión de las formaciones sinfónicas.

El primero, el de ellos, es el concepto neoliberal. Se reivindica bajar impuestos, por descontado que para que los ricos ahorren millones, pero tomando como excusa el presunto interés de la mayoría: "¿por qué hay que pagar entre todos los gustos de una minoría de melómanos?". Se mete la tijera y que sobreviva aquella música culta que requiera escaso número de ejecutantes, esto es, la que va del siglo XVIII para atrás, más el repertorio de cámara y cierta creación contemporánea. A la que va de Beethoven de Shostakovich, que le den morcilla. Confórmate con orquestas de tercera o con escuchar el disco; si quieres el directo, ahorra y te vas al extranjero. Es la ley del más fuerte, la que hoy impera en este mundo de los Trump, Milei o Ayuso

El segundo es el que hasta ahora era el modelo europeo: lleva un tiempo en crisis, pero a esta se le puede hacer frente. Por supuesto que el estado debe promocionar la música sinfónica culta. Por supuesto que debe hacerlo con los impuestos de los ricos, única manera de garantizar calidad –a los músicos que hacen bien su trabajo hay que pagarles de la manera que les corresponde–, y garantizar también precios asequibles para el común de los mortales. Y por supuesto que hay que llenar butacas, tanto para compensar gastos como para crear nuevos públicos.

Hay que hacer Mozart, Schumann, Bartók y Lutoslawski, como también hay que hacer músicas que al mismo tiempo sean populares y de calidad para acercar el sonido sinfónico a las personas ajenas a este mundo. ¿Que Brahms y Mahler nunca van a ser de consumo masivo? Por supuesto que no, pero sí que podemos ampliar considerablemente el espectro de personas que se interesen por ese repertorio. Es por esto por lo que felicito al nuevo gerente de la orquesta por su iniciativa: este el camino adecuado para que la gran música sinfónica, trátese de Schubert, de Dvorák, de Manuel de Falla o de John Willliams, siga estando al alcance de muchos más que unos poquísimos privilegiados.

sábado, 1 de marzo de 2025

Boulez dirige Messiaen... ¡con imágenes!

La plataforma Stage + pone cada vez más y más cosas interesantes. Por ejemplo, este vídeo de una hora de duración en el que tras un breve documental y una interesantísima entrevista, Pierre Boulez dirige en la Alte Oper de Frankfurt primero a su Ensemble InterContemporaie y luego a la Junge Deutsche Philharmonie en dos obras fundamentales del catálogo de Olivier Messiaen: Oiseaux Exotiques y Chronocromie; la primera de ellas cuenta con el concurso de Pierre Laurent Aimard.

¿Las obras? Maravillosas. ¿Las interpretaciones? Descomunales, pero teniendo muy en cuenta que lo que Boulez dice en la entrevista lo materializa en su dirección: el ritmo en primer término. Quien en esta música busque eso de la sensualidad impresionista, la atmósfera y el misterio propio de "lo francés", que también lo hay, puede que no se vea del todo satisfecho. Por lo demás, transparencia absoluta e incisividad elevada, sin llegar a ser agresiva. Más información sobre el asunto en esta antigua entrada.

Dos reparos: no hay subtítulos y la calidad audiovisual es la propia de un producto televisivo de 1991. Eso sí, ver además de escuchar permite apreciar mucho mejor cómo Messiaen distribuye y trabaja con los timbres. No se lo pierdan.

Al servicio (secreto) de Su Majestad

Increíble la manera en la que ciertos críticos, de estómago ciertamente agradecido, han vuelto a ponerse al servicio de ese gestor promocionando sus eventos. La gracia es que se dicen críticos comprometidos con la realidad, con la música, con el buen periodismo y tal, pero todavía no se han atrevido a escribir la verdadera razón de por qué el referido gestor ya no está donde estaba. Porque no se fue por cansancio, sino porque le echaron por algo bastante grave.

A estas alturas lo sabemos todos, o casi todos, pero su círculo de poder periodístico, que es muy amplio, calla astutamente. Están a su servicio, muy disimuladamente. Además, quién sabe cómo se puede desarrollar el juego de tronos en el futuro. Unas notas por aquí, algún carguito menor por allá...

Extraño bloqueo

Bueno, parece que mi ordenador no me permite subir más imágenes. Anoche se quedó sin subir la carátula de la Cuarta de Tchaikovsky por Dohná...