jueves, 3 de septiembre de 2026

Lo del apagón en el Maestranza: perdida una presentación histórica que nunca se repetirá

Me he tenido que levantar de la cama hora y cuarto antes de lo que me correspondía para llegar a tiempo al trabajo. Desazones varias no me dejaban seguir durmiendo. Entre ellas, la producida por la cancelación del concierto de ayer cuarenta minutos justos después de que empezara a sonar la música, que no fue una cancelación cualquiera. Si se apaga la luz durante la visita de una Filarmónica de Viena o una Concertgebouw, uno siempre puede decir que ya habrá una oportunidad antes o después de verlas por estos lares, o quizá en Madrid. En última instancia, se puede volar a su lugar de residencia siempre y cuando se tenga dinero suficiente. Pero con la Orquesta del Festival de Bayreuth no es así. Sus giras son contadísimas. Sus visitas a España, poco menos que históricas: así se calificaba, con acierto, su presencia en el Maestranza. Tardará décadas en volver, si es que vuelve. Yo no creo que lo haga: detrás de mí había dos alemanes, juraría que venían con la orquesta, que durante el apagón repitieron varias veces la palabra “Spanien”. No resulta difícil imaginar lo que estaban diciéndose entre ellos, por muy injusto que ello fuera: los que llevamos acudiendo al Maestranza desde su apertura sabemos que esto jamás había ocurrido. ¿Y la posibilidad de ir a Bayreuth? No. Por un lado, yo no me lo puedo permitir: tendría que renunciar a esos tres o cuatro viajes que hago al año fuera de nuestras fronteras para poder costearme una entrada y una estancia en la Verde Colina. Mi sueldo es el que es, no el de esos críticos podría decir tres nombres muy famosos que tienen muchísimo dinero en sus respectivas cuentas corrientes. Por otro, en Bayreuth la orquesta se escucha amortiguada en su exclusivo foso. El interés estaba en ver cómo sonaba fuera de él y apreciar de forma distinta sus cualidades.

¿La calidad de lo escuchado? Me gustó poco o nada la dirección de Pablo Heras Casado, que esta vez se quitó el disfraz de “Harnoncourt radicalizado” con el que ha realizado sus más recientes discos historicistas la Tercera de Bruckner marca un hito no solo en el mal gusto, sino también en el carácter chapucero de una interpretación voluntariamente mal planificada, sin claridad polifónica alguna y nulo carácter orgánico de la arquitectura para ponerse las vestimentas de honrado e impersonal kapellemeister sin tener claro en qué consiste eso.

Fue el suyo un Wagner hiperlírico, refinadísimo, bastante cuidadoso y muy trabajado, que priorizó la belleza delicada sobre cualquier otra consideración. No hubo efectismo alguno, e incluso dio la impresión de que quiso enfrentarse a ese lamentable por injusto y facilón chiste de Woody Allen según el cual si uno escucha Wagner, le entran ganas de invadir Polonia. Por tanto, el granadino procuró que todo sonase bonito. La entrada de los dioses en el Walhalla evitó toda grandilocuencia y se fue al extremo opuesto, la anemia: mal, incluso muy mal, aunque esta misma secuencia se la he escuchado peor en directo el pasado otoño al mismísimo Christian Thielemann en su globalmente espléndido Rheingold

Exquisito el tratamiento de timbres y texturas por parte de aún joven maestro en la hermosísima escena en la que Siegmund encuentra la espada, aunque aquello seguía sin parecer el Anillo: mucho ojo, que la Tetralogía no puede sonar a Lohengrin ni a Parsifal, ni siquiera a Tristán e Isolda. Tan correctos como insustanciales, escaso de pasión, aliento poético y fuerza trágica los Adioses de Wotan, sin duda aceptables como los escuchamos, en versión de concierto, pero inoperantes si se integran dentro de La Walkyria. ¿De verdad que este señor va a dirigir el ciclo en Bayreuth en 2028? “Total”, me decía un conocido, “si en Berlín tienen como titular a alguien como Kirill Petrenko…”. Pues eso. Los murmullos del bosque comenzaron con cualidades casi impresionistas, y ahí se fue la luz.

Klaus Florian Vogt estuvo muchísimo menos mal de lo esperable haciendo de Siegmund: el timbre de su voz es el que es, la línea es la que ya sabemos, pero la voz cierre magníficamente, la línea parece muy sólida, su legato resulta precioso y hay una clara intención en el decir. Nicholas Brownlee me gustó bastante en sus dos intervenciones como Wotan, si bien mucho antes por voz lozanísima, soberbiamente manejada que por expresión: esos Adioses deben sonar mucho más matizados, particularmente en lo que a las dinámicas se refiere. A mi querida Catherine Foster ni siquiera hubo oportunidad de verla asomarse al escenario.

Pero bueno, si le pongo tantas pegas a lo escuchado del concierto, ¿cómo es posible que me haya amargado tanto su cancelación? Creo que se entiende: la música es sublime, las voces eran buenas y la orquesta no solo sonaba fabulosamente bien en lo técnico, sino que es un mito al que jamás voy a volver a escuchar. Frustración total, y fastidio adicional a los muchos que veníamos desde fuera.

Una anécdota a nivel personal: después de veinte minutos esperando que llegara mi comanda en una terraza de la calle Almirante Lobo, me tuve que volver a Jerez sin cenar. Por si fuera poco, justo ahora me vienen encima graves problemas en el trabajo. Perdónenme ustedes, pero me voy a ausentar del blog otra temporada. Hasta cuando sea.

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