miércoles, 18 de febrero de 2026

Volodos en el Maestranza: el clasisismo, y más allá

Tras las reflexiones generales realizadas ayer en esta entrada, vamos allá.

La primera parte del recital de Arcadi Volodos en el Maestranza la ocupó la hermosísima Sonata nº 18, D. 894 de Franz Schubert. Siguió las líneas generales de la interpretación disponible en YouTube del año 2000 que comenté aquí: tempi amplios, fraseo muy concentrado, deseo de apartarse de la imagen más amable del compositor y, por consiguiente, búsqueda del equilibrio entre la elegancia, el sentido melódico, la delicadeza y el recogimiento, por un lado, con las tensiones internas, los claroscuros y el pathos que la música demanda. En este sentido, resultó significativo el modo el que le vimos usar el pedal en el teatro sevillano, muy atrevido cuando necesita serlo (¡nada de convertir a Schubert en una mosquita muerta!) pero en general moderado e inteligente, alargando cada nota no de manera más o menos uniforme, sino en función de las necesidades expresivas y prestando especial atención a la limpieza, cosa bien difícil de controlar cuando se tiene un sonido tan tremendo como el suyo. De esta forma, su portentosa mano izquierda le permitió ofrecer unos graves de impresión sin emborronar el conjunto y, con ellos, ofrecer momentos de tremenda intensidad dramática, por no decir rabia y negrura sin que se le moviera u pelo, es decir, sin recurrir a lo tempestuoso en la forma. ¿Una visión otoñal? No, no es eso. Lo otoñal implica un cierto sentido de lo dulce y lo decadente que aquí no se dio. Yo hablaría más bien de una suerte de clasisicismo intemporal, o incluso de algo que va más allá. Lo de música callada que mencioné en la primera entrada no era solo un guiño a su adorado Mompou.


Dicho esto, hubo algunos cambios tras estos veintiséis años. Avances diría yo, porque más que de modificación se debe hablar de profundización, de nuevas ideas, de madurez. Madurez expresiva, se entiende, porque técnica este señor siempre ha tenido toda la que ha querido. Los tempi han sido en Sevilla algo más lentos: se ha pasado de 38'27'' a 40 segundos exactos, bien cronometrados. Por consiguiente, los silencios han alcanzado mayor peso. Con esa misma intención, la de extraer la mayor significación expresiva de cada pausa, en el primer movimiento hizo gala de una serie de ritenuti -perdonen la pedantería- que nos dejaban con el corazón en un puño sin que por ello (¡auténtica cuadratura del circulo!) se quebrara el discurso musical. A destacar el carácter combativo del Scherzo, y también la manera en la que restó un poco de la alegría con que antes recreaba el movimiento conclusivo para dar paso a ese sabor agridulce tan típicamente schubertiano. Lo dicho, una interpretación de absoluta madurez.

Chopin en la segunda parte. Las tres Mazurcas estuvieron expuestas con lentitud, muy a la luz de las velas, pero no por ello sonaron decadentes ni melancólicas, como tampoco perdieron el ritmo de danza original: Volodos no intentó realizar una deconstrucción, sino explorar las posibilidades más reflexivas de las notas. El Preludio op. 45 fue excelso, de nuevo un Chopin lentísimo que, milagrosamente, mantiene tosa la tensión interna para que las melodías vuelen lejos y el oyente se concentre en las notas sin dejarse llevar por el espectáculo.

Como plato fuerte, la Sonata para piano nº 2 del polaco. Su interpretación parece seguir la línea de Gilels y Sokolov -esta última la he escuchado a posteriori, por eso no está en mi discografía comparada-, solo que con mayor personalidad (¡aún!) y superior inspiración. Lo parece no solo por el sonido, macizo, severo y de tremendo volumen, sino también por un enfoque abiertamente dramático, sin espacio para la sensualidad, la galantería ni el encanto, como tampoco para los arrebatos románticos. En este sentido, los dos primeros movimientos fueron una especie de cuadratura del círculo: tensión máxima, apasionamiento extremo, pero todo expuesto con un rigor cartesiano, bajo el más absoluto control y olvidando cualquier tentación de exhibicionismo.


La Marcha fúnebre, lentísima -10’15’’, casi tanto como Fou Ts’ong-, fue toda una experiencia: muy doliente en la primera sección, increíblemente hermosa, paladeada y humana en la segunda -sin bajar la guardia, por descontado- y abrumadora en la tercera. Nadie, en ninguna otra recreación de las que haya escuchado, se acerca ni de lejos a lo que aquí consiguió el domingo Volodos, quien con una mano izquierda sobrenatural marcó acordes impotentes, de volumen casi insoportable en lo anímico, que recordaban más que nunca a una campana de difuntos. Uno no puede dejar de preguntarse si, como en la grabación de Sokolov editada por Naive -que no llega tan lejos, ni mucho menos- el artista no se ha pasado un poco de rosca, si no ha pretendido asustarnos con un efecto tan marcadamente teatral, pero lo cierto es que terminamos -creo que hablo por todos los que estábamos allí- por completo conmocionados. Así las cosas, el brevísimo Presto conclusivo no solo con él ni con tempestuosidades románticas ni con ambigüedad protoimpresionista, sino terriblemente abstracto, tenso y visionario. Y aquí sí, por cierto, nuestro artista se decidió a ir rapidísimo sin perder claridad, dejando muy claro que puede ir tan rápido como el que más manteniendo la más absoluta nitidez digital. Sorpresa al final: vuelta del tema del primer movimiento, no sabemos si por tratarse de una edición infrecuente de la partitura o por ser una morcilla del pianista.

Éxito apoteósico entre el público -no demasiado abundante- del Teatro de la Maestranza y tres propinas. La primera fue uno de los highlights de su sobrenatural disco Brahms: el primero de los Tres Intermezzi op. 117. Volvió Schubert con el célebre Impromptu op. 142 nº 4. Bach, que había desaparecido del programa inicialmente previsto, cerró la memorable velada con la Siciliana de la BWV 596, que ya estaba en su disco Volodos en Viena. 

PS. Vuelvo a abrir los comentarios, a ver. 

Fotografía: Guillermo Mendo/Teatro de la Maestranza

8 comentarios:

kapsweiss2016 dijo...

Muchas gracias por la reseña del concierto de Volodos. No ha mencionado en sus varias entradas sobre este pianista el disco que dedicó al último Liszt. No sé si lo conoce. Me entusiasman las obras más abstractas y avanzadas: sus versiones de En Reve, La Lugubre Gondola, Bagatelle sans Tonalité, o San Francisco d'Assise... Pianismo esencial y desnudo.
Saludos.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

¡No sabía ni que existiese el disco! Lo he escuchado mientras trabajaba y, salvando algún momento puntual, me ha parecido una maravilla. La música, pues ya se sabe, de lo mejor de Liszt y de toda la literatura pianística. A ver si realizo una audición en condiciones, de noche y completamente a oscuras. ¡Muchísimas gracias!

jose cuevas dijo...

Fue un concierto magnífico. Yo pude vivirlo en primera fila y la marcha fúnebre sobrecogedora, aunque me impactó especialmente la Siciliana, probablemente por el contraste. Una pequeña corrección que no pretende ser pedante: La segunda propina fue el tercer momento musical de Schubert, no el Impromptu op. 142 nº 4 que mencionas. Si alguien le interesa, grabé el concierto y puedo pasarlo a quien lo quiera. Lo subí a Youtube, pero nuestra querida Sony me lo ha tirado ya dos veces. No tengo ningún inconveniente en compartirlo con todos vosotros.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Muchas gracias. Claro qrw fue el tercero, no sé por qué demonios he escrito esto.

jose cuevas dijo...

Nada, hombre, cosas del directo. Y gracias por publicar mi comentario. Os dejo este enlace de mega con la grabación que realicé del concierto:

https://mega.nz/file/n5gwxKJI#Ba9zx8JI3w7U--7SG0Kylg8jHapD0KBRPkbieIPGOOI

Como menciono, estuve en primera fila, y lo grabé con una grabadora Zoom H1n, que no es gran cosa, pero es pequeña y manejable. El archivo lo tenéis en formato flac, la verdad, creo que muestra bastante bien cómo fue la experiencia. No le he puesto ningún filtro al audio ni nada, está tal cual sale de la grabadora. Sólo he cortado un poco los aplausos y unido las partes. Quitando el sonido típico de alguna puerta que se cierra o alguna tos, o alguien que cierra y abre la cremallera del bolso (lo normal en un directo), creo que el resultado es bastante bueno para ser una grabación pirata. ¡Disfruten! Y si tienen oportunidad, no duden en ver a Volodos en vivo. Merece muchísimo la pena.

kapsweiss2016 dijo...

Comparto su opinión. El disco globalmente es.glorioso, pero tiene algun pero... En el Vaellé d'Obermamm utilizada la segunda versión de Liszt en vez de la tercera. Más virtuosa y menos pulida. Y en Funeraillles, siendo tremenda su versión, la marcha central es demasiado marcial y espeditiva
(Dentro de un nivel técnico superlativo)
Saludos.

kapsweiss2016 dijo...

Corrección ortográfica a entrada anterior. Quise decir "expeditiva". Cosas de escribir con el móvil.
Saludos.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

¡Agradecidísimo a los dos, José Cuevas y Kapsweiss!

Sobre la Marcha fúnebre, copio lo que me ha escrito un veterano y excelente crítico, ya no en activo, que ha podido escuchar el registro: "Me ha dejado impactado. Nunca había escuchado algo igual: lenta, desolada, oscura, y como remate, el apabullante y terrible crescendo final con unos estremecedores acordes que te dejan abatido. Una auténtica revelación."

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