jueves, 19 de agosto de 2021

El mejor disco sinfónico de la historia

Una soberana tontería eso de escoger “lo mejor” en algo tan extremadamente subjetivo, pero aun así voy a caer en la tentación: Sinfonía nº 9 de Anton Bruckner por la Filarmónica de Viena y Cargo Maria Giulini, registrada en vivo en la Musikverein de la capital austriaca para Deutsche Grammophon por Hans Weber y Klaus Hiemann. Ese es el mejor disco sinfónico de la historia. Bueno, dejémoslo en mi disco favorito. Por la música y por la interpretación. 

Me resulta muy difícil exponer los porqués de la elección. Quizá la clave del milagro esté en que tanto compositor como intérprete coinciden plenamente en algo que, en el arte en general, solo se alcanza en las más memorables obras maestras: la fusión perfecta entre belleza, emoción y reflexión, alcanzando los tres componentes el más alto grado posible. Y haciéndolo con un objetivo final, que va todavía más allá de extasiarnos ante lo hermoso, dejarnos llevar por tormentos y por éxtasis, o alcanzar un importante grado de elevación espiritual. Ese objetivo quizá se parezca al de eso que está tan de moda que se llama mindfulness: la plena conciencia de nosotros mismos, la vivencia intensa de cada momento y de cada sensación, el conocimiento de las circunstancias de nuestro cuerpo y de nuestra mente, la aceptación de que todas y cada una de ellas forman parte de la experiencia de vivir. No sé si logro explicarme.

Bruckner fue capaz de partir de las formas clásicas para –como Miguel Ángel y otros grandes maestros al final de su vida– disolver la materia y quedarse con la espiritualidad pura. Y para conseguir –nuevamente como Buonarroti– que el pathos más dramático, la tensión entre forma y materia, nos lleven al borde del abismo y seguidamente nos conduzcan por la misma ruta de Dante, primero al centro del infierno y luego hasta el cielo. Giulini, como ningún otro director, fue capaz de traducir plenamente todos estos logros sin quedarse en el mero envoltorio formal –difícil no dejarse llevar por tanta belleza, sobre todo cuando se tiene delante a la Filarmónica de Viena–, pero también evitando quedarse en lo mucho que de tensión, de escarpado y hasta de terrorífico hay en la partitura.

Luego puede uno hablar de otras cuestiones mucho más apegadas a lo formal. De las sonoridades organísticas que Bruckner conseguía extraer de la plantilla sinfónica. De la belleza agridulce de sus melodías. De su manera de combinar ternura y agonía en una misma frase. De su manera de traducir a lo sonoro las visiones del más allá. Y de cómo Giulini frasea con sensibilidad exquisita, domina de manera absoluta el peso dramático de los silencios, construye tensiones de la manera más orgánica posible –los tempi son lentísimos, pero no hay sensación de pesadez–, de cómo hace sonar a la formación vienesa –el dominio giuliniano de las voces intermedias al que se refería el crítico Gonzalo Badenes– con un terciopelo muy singular… Y muy especialmente, de la increíble concentración con que el maestro y la orquesta demuestran en todos y cada uno de los compases, desde un arranque brumoso como en pocas interpretaciones hasta un final que no es nihilista ni consolador, sino –sencillamente, maravillosamente– humano.

¿Qué más puedo decirle? Si no lo han hecho ya, escuchen el disco. Pocas experiencias van a vivir como esta.

14 comentarios:

bruckner13 dijo...

¿Lo volviste a escuchar en SACD? Si así fuera, ¿mejoró el sonido en la edición de Esoteric?

Julio César Celedón dijo...

Y de origen ya con una toma de sonido formidable. Definitivamente uno de los mejores discos de la historia.

Cristian Muñoz Levill dijo...

Mi apreciación por Bruckner llegó de la mano de tres discos: la Sexta por Klemperer/New Philharmonia, Séptima por Celibidache/Berlín y esta Novena que hace palidecer a prácticamente a toda la discografía. Efectivamente, para llevar a lo más hondo de la isla desierta.

Un abrazo fraterno, como siempre.

Cristian.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Gracias, Julio César y Cristian.

Bruckner 13, el CD original sonaba estupendamente, pero creo que el SACD lo hace todavía mejor. El volumen es más bajo y la gama dinámica, me parece, es ahora mayor. ¡Millones de gracias!

José Manuel dijo...

Llevo postergando hacerme con este disco algunos años, pero me parece que este va a ser el empujón definitivo.
Por cierto, Fernando, sé que no viene al caso, pero me muero por preguntarle si ha escuchado la quinta de Prokofiev de Celibidache en Stuttgart (la de DG). La escuché el otro día y necesito escuchar alguna opinión cualificada. Mil gracias
Un saludo
José Manuel

bruckneriano dijo...

Completamente de acuerdo con tu apreciación. Por pura suerte, este fue uno de mis primeros CDs, allá por 1993 y siempre lo consideré una joya. Hasta la fecha no puedo encontrar una interpretación que supere esta novena de Bruckner por Giulini. Es más, conseguí la edición en SHM CD, que muestra, en equipos adecuados, más detalles en la ejecución orquestal.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Bruckneriano, nunca he entendido eso de los SHM CD. ¿D everas que suenan mejor?

José Manuel, le copio lo que tengo anotado de esa Quinta de Prokofiev de Celi:

"La batuta no comienza con mucha concentración pero acumula tensiones y logra un final del primer movimiento apabullante. El segundo está muy bien, ortodoxo y centrado, y espléndido el tercero por su sentido del color, de las texturas y del vuelo lírico. El cuarto es magnífico, brillante y sarcástico al mismo tiempo, y con detalles creativos y convincentes, pero se echa de menos una orquesta de superior calidad. En conjunto, una versión menos heterodoxa que la suya de EMI, pero no menos lograda."

Unknown dijo...

Mil gracias por tomarse la molestia de rebuscar en sus notas. Me encanta comprobar que estamos de acuerdo. Celibidache es algo irregular, y la orquesta las pasa canutas, pero el resultado general me parece fantástico: esperaba una de esas lecturas suyas lentas y "zen", y me encontré una interpretación de una fuerza y electricidad enormes. Sería fantástico leer una de sus discografías comparadas de esta obra, siempre y cuando el tiempo se lo permita, claro.
Muchas gracias, José Manuel

Fco.Javier dijo...

Estimado Feenando, ¿qué opinión le merece la interpretación de las sinfonías 7 y 8 de Giulini con la Wiener en DG?

bruckneriano dijo...

Mi estimado, era escéptico también con los SHM, pero animado por tratarse de uno de los mejores discos que he conocido me arriesgué y la verdad que sí se nota diferencia; pero ojo (oído, mejor dicho) tiene que ser en un equipo de cierto nivel. En mi viejo amplificador y con parlantes usuales, suenan igual. Una tarde fui con los dos CDs a casa de un amigo, que cuenta con un ampli y parlantes que obviamente le costaron un buen dinero; procedimos a la comparación y nos llevamos una gran sorpresa porque con el SHM pudimos notar mayor claridad y detalles en la música. En los tuttis, por ejemplo, el metal no tapaba las figuras de las maderas, y en otros pasajes los contracantos de las cuerdas o las intervenciones de fagots y cornos eran mucho más claras y definidas... a veces ni siquiera las habíamos notado en el CD original. Un saludo y estaré atento a sus publicaciones. Gracias y saludos desde Perú.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

¡Interesantísimos datos, Bruckneriano! Lo que ocurre es que mi equipo es de gama media. En absoluto mediocre, pero lejos de la verdadera HIFI. No sé si yo lo notaría lo suficiente. En cualquier caso, gracias mil.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Francisco Javier, de la Séptima de Bruckner dejé una comparativa aquí.

http://flvargasmachuca.blogspot.com/2021/03/bruckner-sinfonia-n-7-discografia.html

Las Octavas de Giulini me gustan mucho o muchísimo, pero no están a la altura de su Novena. En realidad,k ningún disco Bruckner lo está.

José Manuel, la discografía de la Quinta de Prokofiev va marchando.

Unknown dijo...

Absolutamente de acuerdo. Un disco imprescindible. Aún no superado. Y siempre que escuchamos una novena de Bruckner, inevitablemente, estamos remitiéndonos de alguna manera a él como referencia, aun inconscientemente.
Igualmente, su versión de la 9 de Mahler con Chicago está dentro de ese nivel de lo milagroso, al menos para mí, pero es verdad que en esta última hay otras versiones que pueden rivalizar con ella, aunque sin llegar a superarla. Creo que una vez hablaste sobre ello.
Este Bruckner, como tú dices, es único.
Un saludo.
Carlos Alberto.

Unknown dijo...

Absolutamente de acuerdo. Un disco imprescindible. Aún no superado. Y siempre que escuchamos una novena de Bruckner, inevitablemente, estamos remitiéndonos de alguna manera a él como referencia, aun inconscientemente.
Igualmente, su versión de la 9 de Mahler con Chicago está dentro de ese nivel de lo milagroso, al menos para mí, pero es verdad que en esta última hay otras versiones que pueden rivalizar con ella, aunque sin llegar a superarla. Creo que una vez hablaste sobre ello.
Este Bruckner, como tú dices, es único.
Un saludo.
Carlos Alberto.

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