domingo, 20 de diciembre de 2020

No es momento para conciertos

Acabo de mostrar mi desaprobación a un amigo que me invitaba a un concierto de órgano que él organiza. Lo siento, pero no es momento para conciertos. Ni para teatro. Ni para cine. Ni para reuniones familiares. Ni para lamentar la ausencia de cabalgatas, desfiles procesionales o ferias. Es momento para la prudencia y para el dolor. Porque hay por ahí, por si alguien no se acuerda, decenas de miles de muertos.

Me asombra la hipocresía de quienes allá por junio, cuando la epidemia estaba casi controlada –en mi tierra el número de contagios era igual a cero– se escandalizaban porque alguien no se pusiera una mascarilla en un momento determinado, y ahora que estamos en la cresta de la segunda ola salen a donde les da la real gana arguyendo que el peligro está bajo control. Falso. El riesgo es ahora –siempre me refiero a España, claro está– muchísimo mayor que lo era este verano. Infinitamente mayor. La única diferencia es que nuestras autoridades han claudicado bochornosamente ante el dios Economía, y también ante ese dios menor pero decisivo que es el colectivo de los votantes. Ya se sabe, si se aprietan las tuercas se acusa al gobierno de represor, de dictatorial y de maltratador de la economía. En nuestro país, incluso, la ultraderecha inculpa al ejecutivo de estimular ese maltrato para poder transformarnos en una suerte de “nueva Venezuela”.

Siendo este un fenómeno general europeo –aunque no solamente: ahí están los casos terroríficos de los EE. UU. de Trump y del Brasil de Bolsonaro–, en España está muy claro que tanto PSOE/Podemos –en el gobierno– como el PP y determinados partidos nacionalistas –en las autonomías– van a ser responsables de muchas, muchísimas muertes: las que están por venir en enero y febrero, cuando se noten los efectos de las imprudencias que se van a cometer estas navidades. Junto a ellos hay un responsable adicional, la ultraderecha de VOX, ese partido que clama “contra la cultura de la muerte” a raíz de la legislación sobre el aborto y la eutanasia al tiempo que afirma que no hace falta ningún tipo de restricción, sino tan solo sentido común. ¡Cuando el sentido común es, precisamente, el menos común de los sentidos!

Yo, como muchos miles de españoles, arriesgo mi vida diariamente durante esta pandemia. Voy a trabajar. Puedo decir, con cierto orgullo, que no ha habido ni un solo caso de contagio en mi instituto. Las pocas personas infectadas se han contagiado fuera. Ya saben que lavarse las manos no es en absoluto suficiente: el virus se trasmite hablando. Como su principal enemigo son las corrientes de aire, tenemos las ventanas abiertas de par en par a todas horas. Por ello estamos sufriendo un frío y humedad extremadamente desagradables. Tampoco nos está importando dar clases en el gimnasio –bueno, a mi garganta sí– para que haya más espacio entre los alumnos. Intentamos minimizar el riesgo. Aun así, si los gobiernos considerasen adecuado cerrar los centros educativos y someternos a todos los funcionarios a un ERTE –ya sé que es imposible, ente otras cosas porque los padres no tendrían dónde dejar a sus hijos– me resignaría por un bien común, que no es otro que el de salvar muchísimas vidas. No saldría por ahí con una pancarta de "la escuela es segura". Porque el riesgo de cualquier actividad en interiores en absoluto es cero. Y el virus no es precisamente una gripe.

Deseo conciertos, cines, compras y disfrute gastronómico tanto como la mayoría de los españoles. Pero este invierno no toca. Esa postura de que “los conciertos son seguros”, “los cines son seguros”, “los restaurantes son seguros” me parece de un egoísmo muy irresponsable. Son seguros en la misma medida en que lo son los nuestros centros educativos: aunque si todos guardamos las medidas de seguridad el peligro se reduce de manera considerable, el virus se va a seguir extendiendo. No vale que la cultura le eche la culpa a la hostelería, la hostelería a la botellona y la botellona a las misas dominicales. Porque, por alguna vía de la que nadie quiere responsabilizarse, el virus se sigue multiplicando.

Estamos mucho peor –repito, mucho peor– que hace unos meses. Los expertos –que saben más que los cuñados– anuncian ya la tercera ola, que se alzará cuando el frío invernal nos haga cerrar puertas y ventanas. Y hasta que no nos pongan las dos dosis de la vacuna, van a pasar bastantes semanas.

Lo siento, pero hasta que la situación se estabilice de manera considerable –me conformo con los niveles de julio y agosto– solo toca paseos y conversaciones en terraza bien aireada. De todo lo demás hay que prescindir. También de los conciertos.

2 comentarios:

Alberto Lopez dijo...

Algo más que sentido común, no sea simplista ni se deje llevar por su ideología. Sentido común es lo que dicen en general, no en este tema.
Con respecto a la pandemia lo que dijeron fue a finales de febrero cerrar vuelos con China e Italia. Pero eso era de racistas y hasta hace un mes no se hicieron ni PCRs en los aeropuertos (y aún ahora parecen ser de manera aleatoria para los turistas, que no para los miles que entran semanalmente de manera ilegal y trasladan por España con nocturnidad y alevosía).
El 1 de junio exigieron mascarillas gratis (ni IVA) y hasta hace dos meses el Gobierno ha cobrado IVA por todas e incluso ahora siguen cobrándolo en sanitarias y FFP2 (sólo se libran las quirúrgicas). ¿El motivo? Según el Gobierno culpa de una UE que lleva desde abril sin cobrar el IVA. Luego se sorprenden de que la gente use la misma mascarilla durante 5 días... Unas mascarillas que en marzo dijeron que NO eran necesarias a sabiendas de que sí, pero es que no tenían y era mejor mentir y poner en riesgo la vida de los españoles.
El 1 de abril en VOX exigieron un plan de emergencia económico para los sectores amenazados. El Gobierno entendió por amenazados a la primera de cambio a los medios de prensa para tenerlos bajo control. Que diferencia con Alemania que si entendieron a turismo y hostelería como sectores más amenazados. Será cosa de la turismofobia de algunos.
Después del desastre generalizado en tema sanitario el Gobierno dijo en verano que a consumir, que habíamos vencido al virus. A partir de ahí se borró y le dejó el marrón a las autonomías. Un Gobierno que ya en febrero decía habría uno o dos casos y en abril empezó con lo de saldremos más fuertes.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

No, no, no, lo del sentido común no lo digo yo. Lo dice VOX: que con eso vale, que no hay que encerrar al personal. Yo creo que hace falta mucho más: hacen falta acciones serias desde las autoridades, y mucho sacrificio por parte de la población.

Sobre autonomías y gobierno central, las primeras acusaban al segundo de no darles vía libre en la primera oleada, pero en la segunda le reprochan por todo lo contrario, por "dejarles el marrón" a ellas. Errores múltiples se han cometido en todo el mundo por culpa del desconocimiento de qué era y como actuaba el virus.

Ahora bien, sobre España en particular mi opinión está muy clara: si muchos errores -de gobierno central y de autonomías- son disculpables por las razones antedichas, les doy suspenso rotundo a todos los partidos políticos, a todos, por anteponer sus intereses partidistas a la salud de la población. Y que conste que no dudo que en todos los partidos, también en todos, ha habido personas con muy buena voluntad.

Pero de este tema, con permiso de ustedes, prefiero no hablar más. Simplemente les pido que limiten sus movimientos en función de como ande la cosa en sus localidades. Aquí en Jerez, por ejemplo, está mucho menos mal que en otros sitios, pero de momento no para ir a conciertos. Los de Sevilla, ellos verán. Y los de Madrid y Barcelona, ni les cuento.

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