viernes, 4 de octubre de 2019

Las sinfonías de Beethoven por Nelsons (I)

He escuchado ya las tres primeras sinfonías del ciclo Beethoven que ha grabado en vivo Andris Nelsons con la Filarmónica de Viena para Deutsche Grammophon entre marzo de 2017 –Sexta– y abril de 2019 –las tres que he podido conocer, precisamente–. Me parece admirable que se haya atrevido a abordar este repertorio así, tan "a la tradicional", sin deuda ninguna con el movimiento "históricamente informado" al que, de una manera u otra, en estas obras se han apuntado Simon Rattle, Osmo Vänskä, Paavo Järvi, Riccardo Chailly, Michael Sanderling o, ya hace tiempo, el difunto Charles Mackerras. Pero reconozco que los resultados me han parecido desiguales y me han dejado, en estas primeras sinfonías, un sabor agridulce en los labios.


La Sinfonía nº 1 recibe una interpretación sonada con extraordinaria belleza y fraseada con enorme cantabilidad, de elegancia aleja a amaneramientos y detallista sin preciosismos, pero dicha desde una aproximación no ya marcadamente apolínea y atenta mucho antes al pasado clásico que al futuro romántico, sino también algo más amable de la cuenta en su carácter; incluso por momentos, en algunas frases, demasiado suave… El Menuetto sí que quiere ser (¡lo es!) un Scherzo en toda regla, y ofrece por ello un apropiado carácter combativo, pero a la postre en manos de Nelsons resulta en exceso nervioso. Del uno al diez, le pongo un ocho.

Para la Sinfonía nº 2, el maestro letón propone una interpretación sensual y gozosa, bañada por una luz cálida que la mantiene alejada de claroscuros tanto sonoros como expresivos, pero no por ello ajena a la potencia expresiva y al pathos que debe ofrecer la música beethoveniana. Ahora bien, la enorme belleza lírica del Larghetto, fraseada con efusividad encomiable y con una cantabilidad para derretirse, no ofrece el sabor agridulce con que otros directores han abordado este movimiento, e incluso por momentos resulta algo más acariciadora de la cuenta, mientras que en el resto de la página los aspectos carnales y gozosos se imponen por encima de cualquier otra consideración. Un nueve.
 
Llega la Sinfonía nº 3, Heroica, y aquí pasa lo que tenía que pasar. Toda la interpretación, eso desde luego, se encuentra todo lo maravillosamente tocada que es de esperar de una orquesta de semejante categoría, y también admirablemente construida por parte de una batuta que sabe frasear con naturalidad y holgura manteniéndose ajena a precipitaciones, planificar de manera irreprochable tensiones y distensiones, regular los planos sonoros, resolver transiciones y ofrecer un perfecto equilibrio entre transparencia y músculo sonoro al tiempo que despliega una sensualidad tímbrica para derretirse. Pero la óptica apolínea de Nelsons aquí no funciona, ya desde un primer movimiento que, aun no faltándole empuje ni ganas de comunicar, se queda corto en lo que a carga dramática se refiere. Y la cosa ya va a mayores en una marcha fúnebre muy hermosa, llena de nobleza y de sentido humanista, mas por completo ajena tanto a la negrura y la congoja que a todas luces necesita como a los claroscuros teatrales, a las tensiones extremas y, también, a un sentido de la rusticidad sonora aquí muy conveniente. Los dos movimientos postreros resultan irreprochables siempre que se acepte el enfoque “clásico” y nada agónico del maestro: la luz y la felicidad terminan despejando cualquier tiniebla. Creo que la versión no pasa del siete y medio, si es que aceptamos este juego de las puntuaciones.

Ahora mismo no me quedan muchas ganas de seguir con el ciclo, pero si lo hago les daré cuenta de ello.

1 comentario:

Sergio dijo...

¡Ayyyy! Como se nos desinfle Nelsons...