viernes, 26 de julio de 2019

La Sinfonía doméstica por Maazel y Mehta: The Mama & the Papa

Dos versiones de la Sinfonía doméstica de Richard Strauss: la de Mehta y la Filarmónica de Berlín grabada para CBS en 1985 y la de Lorin Maazel y la Filarmónica de Viena registrada por Deutsche Grammophon dos años atrás. Cada una de ellas adopta una perspectiva distinta para este retrato familiar hecho en música: en la primera toma protagonismo el papá, en el segundo la mamá.


La del maestro indio es una inflamadísima pero, aun así, admirablemente controlada interpretación en la que la fusión entre la sonoridad opulenta y oscura de la orquesta que aún era de Karajan y la batuta de un Mehta amante del empaste recio y poco interesado por preciosismos dan como resultado una visión en la que parece primar el carácter de un Herr Strauss particularmente viril, decidido e inflamable, por momentos muy tempestuoso, sexualmente más “avasallador” que tierno, sin menoscabo de que los otros miembros de la familia también encuentren su lugar: la batuta sabe frasear con delectación y atender a la sensualidad, el vuelo lírico y la magia poética que esta música demanda. Al estar realizada a bajo volumen, la toma ofrece la amplia gama dinámica que pide la partitura, si bien los tutti podrían sonar con un poco más de sentido espacial. Soberbia opción para conocer la obra, en cualquier caso, sin olvidarnos de la no menos impresionante lectura que los mismos intérpretes ofrecieron en 2009 y se encuentra disponible en la Digital Concert Hall.



En comparación con la digamos que “muy viril” visión de Mehta, con Lorin Maazel la esposa y el bebé tienen una importancia decisiva. Ternura, delicadeza, vuelo lírico y refinamiento muy bien entendido –distinción antes que decadentismo-, elementos que probablemente tienen mucho que ver con la presencia de una Filarmónica de Viena en su mejor momento, son las señas de identidad de esta lectura que, pese a lo dicho, sabe también ofrecer timbres incisivos, claroscuros dramáticos y una buena dosis de electricidad cuando debe. Por lo demás, uno no deja de asombrarse por la manera en que el maestro maneja la arquitectura, consiguiendo claridad y empaste al mismo tiempo, así como el modo en que frasea con naturalidad, cantando de maravilla las melodías y acumulando tensiones –admirable la escena de amor– con una lógica y sensualidad arrebatadoras. Lástima que la toma, realizada en vivo en la Musivkerein entre septiembre y octubre de 1983, resulte un punto más plana de la cuenta, aunque a cambio posee una enorme gama dinámica y una tímbrica muy transparente.

La cosa está clara: aunque personalmente me decanto por Mehta, hay que escuchar a los dos directores para conocer lo que puede dar de sí esta partitura.

3 comentarios:

Nemo dijo...

Fernando, ¿estas dos son tus versiones favoritas de la obra?

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Pues lo cierto, Nemo, es que no recuerdo haber escuchado más que las dos últimas versiones de Mehta (con Berlín: tiene una más antigua con Los Ángeles) y las dos de Maazel (esta en Viena y otra con la Rabio Bávara, espléndida pero que ahora no que querido repasar). Son tan buenas que dudo que ningún otro director haya alcanzado semejante altura.

Nemo dijo...

Muchas gracias Fernando por tus amables comentarios.

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