sábado, 2 de febrero de 2019

Noelia Rodiles, una artista de verdad

Esta noche actúa en el Teatro Villamarta Noelia Rodiles, una señorita desconocida para mí que, entre otros autores, tendrá la oportunidad de interpretar a Franz Schubert. Por eso mismo he escuchado con suma curiosidad –está disponible en Tidal– su único disco, editado por el sello Solfa en 2014, que incluye precisamente los Impromptus D 899. Y me han interesado mucho.


Ya desde el acorde inicial, lleno de expectativas, la joven pianista asturiana anuncia que su lectura va a estar más interesada por los interrogantes que por las respuestas, por las tensiones internas que por la belleza sonora en sí misma. Y así resulta ser, ofreciéndonos una recreación que en cierto modo me ha recordado a la de Barenboim que comenté hace un par de días, lo que significa que puede parecer un tanto unilateral, no del todo atenta a la magia poética de esta música, pero también que acierta de pleno al no ver en Schubert a un compositor amable, sereno y contemplativo, sino a un creador apasionado que bajo el más increíblemente hermoso y equilibrado ropaje formal esconde una buena dosis de desazón, incluso de desgarro. No hay espacio, pues, para la delicadeza preciosista, para la levedad ni para el distanciamiento expresivo: Rodiles se compromete a fondo y llena la música de pasión controlada y de lirismo con regusto amargo, sin renunciar en modo alguno a la elegancia, a la nobleza y a la cantabilidad. Personalmente echo de menos una gama dinámica más matizada y un juego más flexible de tensiones y distensiones, quizá también mayor carácter visionario en los clímax, aunque también debo reconocer que nuestra artista se controla a sí misma mucho mejor que Barenboim en el primer número y no incurre en el nerviosismo que rozaba el de Buenos Aires. En definitiva, este es un Schubert notabilísimo a cargo de una pianista muy seria que sabe poner los medios al servicio de una idea interesante. Es decir, de una artista de verdad y no de alguien que intenta deslumbrar corriendo sobre el teclado.

El disco se completa con las once piezas de la acojonante (¡perdón!) Musica ricercata de Ligeti. Aquí no tengo mucho donde comparar, pero me ha parecido que Rodiles, lejos de ver aquí meras experimentaciones sonoras, llena estas fascinantes piezas de vida, de fuerza expresiva, a veces utilizando con valentía el pedal y ofreciendo acordes llenos de tensión sonora. A toda luces, una artista a seguir. Estoy deseando que llegue el concierto.

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