domingo, 28 de octubre de 2018

Expresionista Sexta de Mahler por Currentzis

Tras el deleznable Beethoven que nos llegó vía radiofónica desde los Proms, Teodor Currenztis y sus chicos de MusicAeterna presentaron ayer mismo en Sony Classical la grabación realizada el pasado mes de julio en Moscú de la Sexta sinfonía de Gustav Mahler. Ya la he podido escuchar, gracias a la plataforma Tidal, y me alegra decir que me ha gustado mucho, tanto por concepto como por realización.

 
Por concepto, porque esta es una lectura intensa, rabiosa y visceral, marcadamente expresionista y de acentuados efectos teatrales, en la que se subrayan los aspectos más angulosos de la escritura y no se deja espacio a las languideces, ni a la blandura lírica ni a esos insoportables portamentos con que a veces se trufa esta música. Por realización, porque el maestro griego traza el discurso de manera decidida, sin puntos muertos, renunciando a preciosismos pero no con ello al detalle; porque equilibra bien los planos sonoros, despliega un colorido de enorme riqueza y da instrucciones precisas para llenar de significado todas y cada una de las intervenciones solistas. En este sentido, los músicos de su orquesta no son los más virtuosos y brillantes que uno pueda encontrar –la sección de metales no es la de Chicago precisamente–, pero tocan con una intensidad y un compromiso expresivo que parece les fuera la vida en ello.

Podemos matizar jugando a eso de las puntuaciones, que es una cosa bastante pueril pero muy útil para entendernos. Le pongo un nueve al Allegro energico inicial: decidido y vehemente, pero siempre controlado de manera admirable, dentro de un enfoque que acierta al ser más trágico que épico. Se puede estar en desacuerdo en cómo están aprovechados algunos pasajes o en cómo se resuelven determinadas transiciones, pero el resultado es globalmente espléndido. Un nueve y medio para el Scherzo que viene a continuación. Como apuntaba Riccardo Chailly, ubicarlo en segundo lugar obliga a la batuta a marcar diferencias con el movimiento precedente, lo que solo se puede conseguir llevándolo con rapidez y subrayando más que nunca sus aspectos virulentos, que es justo lo que hace un Currentzis como pez en el agua cuando se trata de combinar lo grotesco con lo angustioso y lo nihilista; impresionantes los solistas en sus onomatopéyicas y mordaces intervenciones, y un acierto dejar de lado los aspectos pintorescos y distendidos del landler.

Un ocho y medio e incluso un nueve para el sublime Andante moderato, al que se le podría pedir más sensualidad y una poesía aún más elevada, pero que acierta al olvidarse de hedonismos sonoros para intensificar la lacerante, no poco nihilista emoción que desprende. Y “solo” un ocho para el Finale, volcánico y lleno de rabia, pero a mi entender no del todo sincero, incluso un poco más ruidoso de la cuenta: aquí Currentzis no se muestra solo acertadamente teatral, que también, sino asimismo un poco teatrero. Nueve como nota media, por tanto, para esta interpretación que se acerca a las mejores cosas del maestro –geniales Purcell y Shostakovich– y nos hace olvidar, aunque sea temporalmente, los fiascos y los bodrios que también nos ha entregado.

Se me olvidaba comentar la toma: ofrece claridad, cuerpo y relieve, pero no toda la gama dinámica posible, y además adolece de cierto tinte metálico que parece consecuencia de haber sufrido una ecualización en busca de mayor brillantez. Lástima.

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