domingo, 10 de septiembre de 2017

Susanna Mälkki con la Filarmónica de Berlín

Mi anterior reproductor de Blu-ray Sony era demasiado antiguo y solo me permitía ver los conciertos de la Digital Concert Hall en diferido. Me he comprado uno nuevo y he quedado contentísimo: además de reproducir muchos más formatos de audio, ahora sí que puedo disfrutar las retransmisiones de la Filarmónica de Berlín en directo. La calidad de imagen es igualmente espléndida –se produce alguna pixelación al principio, cuando se va ajustando el "caudal" de información–, mientras que la toma sonora ofrece el relieve y la naturalidad que son propias de esta plataforma. Eso sí, se percibe una compresión dinámica que, sin ser en modo alguno alarmante, llega a molestar en algunos momentos de la Sinfonía nº 2 de Sibelius que ha ocupado la segunda parte del programa con el que he estrenado el gadget: el que se ha ofrecido esta misma noche con Susanna Mälkki (Helsinki, 1969) al frente de la mítica formación alemana. Una señora a la que nunca había escuchado –ha sido durante años directora del Ensemble InterContemporain– y en la que creo detectar una poderosa personalidad, para lo bueno y para lo no tan bueno.


Se ha abierto la velada con Tanzwalzer de Ferrucio Busoni, infrecuente página que desconcierta al mismo tiempo que fascina, y en la que se han detectado ciertas similitudes con La Valse de Ravel. En ella la directora finesa deja buena muestra de sus señas de identidad: gestualidad más bien robótica
–no diría yo que sugerente– pero clara y precisa, sonoridades muy compactas, pulso de enorme firmeza, trazo no del todo flexible, cierta desatención a la variedad en las dinámicas y, ya en el plano expresivo, un franco desinterés por la delectación sonora para centrarse en los aspectos más tensos de la música.

Así las cosas, en el Concierto para violín nº 2 de Belá Bartók para Mälkki se olvida del vuelo lírico, la sensualidad y el refinamiento que también anidan en los pentagramas, e incluso se permite pasar de largo ante las sugerentes atmósferas oníricas del segundo movimiento, mientras subraya con apreciable intensidad dramática los conflictos, la rabia y la desesperación bartokianas, siempre con un marcado sentido del ritmo y texturas incisivas. Hay además bastante sentido del humor, pero no precisamente amable, sino más bien sarcástico, por momentos gamberro, siempre contando con la complicidad de los profesores de la orquesta y ante el regocijo del solista convocado para la ocasión, nada menos que Gil Shaham.

Poco que decir sobre la increíble labor del violinista estadounidense. O mucho: su virtuosismo es absoluto, diríase que insuperable, y su compromiso expresivo es extremo. De su violín sale auténtico fuego. Eso sí, al contrario de lo que le ocurre a la batuta, el ardor no le impide desplegar una riqueza de matices diríase que inagotable y hacer gala de enormes sutilezas solo al alcance de un músico que domina todos los secretos del instrumento y posee una musicalidad colosal. Bach de propina: espléndido, pero a tenor de lo que he escuchado en la reciente integral no estoy muy seguro de comulgar con sus presupuestos.

A estas alturas estaba claro cómo iba a ser la Segunda de Sibelius: tensa, poderosísima, escarpada a más no poder, mirando al futuro mucho antes que al pasado romántico –o sea, todo lo contrario que Rattle con la misma orquesta–, pero también algo escasa de aliento espiritual, de flexibilidad y de imaginación, también de matices, particularmente en un primer movimiento que vuela corto. Fenomenal sin embargo el segundo, optando por un dramatismo no tanto ominoso como terrible e impactante; todo ello sin dejar de cantar las melodías con holgura y lacerante intensidad. Ágil, nervioso e implacable el tercero, sin bajar la guardia en unos interludios pastorales que permiten el lucimiento –sobrio y musicalísimo– de la madera berlinesa. Lo que menos me ha gustado es el cuarto, por la manera premiosa de abordar el tema principal, al que le faltan grandeza y aliento épico. En cualquier caso, la batuta va al meollo del asunto y hace rugir a la cuerda de la orquesta con una fuerza y una sinceridad incuestionables. El público termina aplaudiendo con comprensible entusiasmo.

9 comentarios:

Rafa dijo...

Le reina de las sinfonías de Sibelius, adorada y registrada por todos los que coincidieron en denostar (Toscanini, Beecham, Ansermet, Monteux, Celibidache, Salonen...) a ese (gran) compositor de segunda fila llamado Gustav Mahler, ese Berlioz judío de menos talento aupado Lenny y otra serie de marchantes sionistas... ¿Cuál es tu versión favorita, Fernando, o favoritas?
Un abrazo.

Délico dijo...

Me encantó Bartók. ¿Alguna recomendación discográfica? Gracias.

Carlos Alberto dijo...

Fernando, hace tiempo que sopeso comprar un blu-ray pero aún no lo he hecho porque pensaba que los discos son muy caros y no tengo claro que compense con respecto a un DVD. ¿ crees que merece la pena? ¿Qué aparato me recomiendas, por si me decido? Estoy instalando al DVD un home cinema de cinco altavoces aunque no creo que lea todos los archivos, pues tengo muchos descargados, aparte de originales.
Un saludo

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Rafael, sé que ya has encontrado la respuesta en otra entrada, pero de cara al resto de los lectores dejo aquí el enlace a la misma:

https://flvargasmachuca.blogspot.com.es/2008/10/una-segunda-de-sibelius-mtica.html

Délico, para el Concierto nº 2 de Bartók quizá me quede con la de Menuhin/Furtwaengler, pero Perlman/Previn y Chung/Solti me parecen igualmente extraordinarias. Un escalón más abajo pondría las de Chung/Rattle y Faust/Harding. La de Zukerman con Mehta la recuerdo sensacional, pero hace siglos que no la escucho; por cierto, me la pasó un amigo en transferencia desde su vinilo, porque aún no están en CD oficial, que yo sepa.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Carlos Alberto, no dudes en comprar un reproductor de Blu-ray. La diferencia con los DVDs es, por lo general, muy grande. Muchísimo. No solo en la imagen, sino también en el sonido. Además, si compras un modelo más o menos reciente, te decodificará archivos de audio que de otra manera tendrías que convertir tú mismo en CD o DVD para visualizarlos. Los archivos descargados los puedes introducir a través de un pendrive o copìándolos en un DVD (o incluso disco blu-ray, si son muy grandes) como archivos de datos. Se pierde el encanto del disco con su carátula, pero se gana en comodidad.

No soy en absoluto conocedor de la tecnología, pero creo que puedo recomendar el Sony BDP-S7200 que me compré muy recientemente. Lee muchos tipos de archivos, incluyendo los FLAC de alta calidad y los flv. Tiene la aplicación Netflix, a la que me he abonado. Y al ser Sony incluye también la aplicación de la Digital Concert Hall (que luego hay que pagar mensual o anualmente aparte, claro está). Por si acaso, te advierto que para sacar provecho a estas dos aplicaciones tienes que tener el reproductor conectado a internet, y con banda ancha, preferentemente a través de un cable ethernet. Si no tienes banda ancha, olvídalas, aunque un Blu-ray sigue mereciendo la pena por los motivos arriba comentados.

Si algún lector puede enriquecer mis pobres consejos, será bienvenido. Saludos.

Carlos Alberto dijo...

Muchísimas gracias Fernando. Si tenía alguna duda ya no la tengo en absoluto. Un saludo.

Rafa dijo...

Hablando de señoras en el podio, me permito recomendar (sé que la obra te apasiona) la satánica Tercera de Prokofiev por Marin Alsop y su orquesta de Sâo Paulo en Naxos.

Rafa dijo...

Por cierto, confieso que prefiero la Primera a la Segunda, y si es grabada por Stokowski ya no te digo...

Délico dijo...

Muchas gracias por las recomendaciones. Todos excelentes violinistas y directores.