martes, 12 de septiembre de 2017

Más Bruckner por Barenboim, magnífico y gratuito

Dicen que al disco –el de música clásica, se entiende– le queda poco de vida. Es cierto. Mas la posibilidad de escuchar en el salón de casa interpretaciones recientes a cargo de grandes y no tan grandes intérpretes actuales, en absoluto se acaba. Antes al contrario: el lugar del disco físico viene a ser ocupado por las retransmisiones vía satélite y el streaming, sea éste de pago o no. Con frecuencia lo hacen incorporando imágenes, no solo el audio. La Digital Concert Hall de la Filarmónica de Berlín es un ejemplo modélico de lo que se puede obtener rascándose el bolsillo, pero cada vez son más las orquestas y las salas de concierto que ofrecen en sus respectivas plataformas filmaciones de visionado gratuito. Lo hace la Orquesta del Concertgebouw, por poner un ejemplo muy destacado, y lo va a hacer con más frecuencia la Sinfónica de Londres gracias al empeño de su nuevo titular, Sir Simon Rattle. La Philharmonie de París también se ha apuntado al carro, aunque dejando las grabaciones solo por un tiempo limitado.


Precisamente desde la gran sala Pierre Boulez de la capital francesa nos han llegado en directo dos nuevas filmaciones brucknerianas de Daniel Barenboim y la Stastskapelle de Berlín, Octava y Novena, ofrecidas en directo respectivamente el sábado y el domingo pasados y ahora mismo disponibles para todos ustedes. Si las descargan a su ordenador, pueden llevarlas a través de un pendrive a su equipo de música y disfrutarlas en condiciones, aunque les advierto que hay compresión dinámica y cierta pixelación de vez en cuando, incluso cuando se ha logrado bajar la retransmisión de mayor calidad (cosa que no es fácil: tuvo que ayudarme un experto).

No he visto aún la Octava. Ojalá sea tan extraordinaria como la del viernes 31 de septiembre en Berlín aquí comentada. Sí la Novena, que me ha parecido no menos admirable. De nuevo me ha gustado tanto o más que la correspondiente filmación del sello Accentus de 2010, aunque los reparos que le pongo son exactamente los mismos que a aquella, y siempre en comparación con la irrepetible, extremadamente genial grabación de Giulini con la Filarmónica de Viena, que tengo en los altares como mi disco favorito de todos los tiempos. Pero concretemos sobre los reparos a lo de París.

En el primer movimiento, la exposición inicial del bellísimo tema lírico tras el gran clímax inicial y las diferentes reapariciones del mismo podrían ser más emotiva, más humana, y también más agridulce; es decir, justo como lo hizo el maestro italiano. Obviamente tampoco se trata de caer en la parsimonia exasperante de Celibidache en la menos lograda de sus realizaciones brucknerianas, pero creo que un poco más de sosiego al referido tema no le hubiera venido mal. En el mismo movimiento –minuto 37'30 de la filmación parisina, que por cierto arranca mucho antes de que lo haga el concierto propiamente dicho–, el maestro quiebra la continuidad en el trazo al recurrir al nerviosismo para preparar uno de los grandes clímax. Este alcanza una potencia ante la que es difícil resistirse, pero después del mismo vuelve el de Buenos Aires a caer en cierta falta de concentración. Y a la conclusión del tercero se le podría sacar más partido, aunque quizá sea porque Barenboim lo ve como lo que realmente es: el final de un movimiento tras el cual vendría otro de carácter muy distinto, pero no la nihilista conclusión de una sinfonía que, a pesar de las abrumadoras pruebas en contra, muchos siguen queriendo ver.

Expuestos los reparos, poco queda que decir que no haya escrito un servidor en numerosas ocasiones: he aquí otra prueba más del absoluto magisterio bruckneriano de Daniel Barenboim. Este sigue abordando al autor con el ardor, el carácter combativo y la fuerza visionaria de los lejanos tiempos de Chicago, incorpora la unidad de trazo, la sensualidad y el vuelo lírico del la mayoría de aquellas grabaciones excesivamente juveniles carecían en grado suficiente y que sí logró en su posterior integral para Teldec, y más recientemente añade, con la complicidad de la formidable Staatskapelle de Berlín, una fluidez, una elegancia, y diría también una ligereza y una luminosidad bien entendidas, que convierte a sus recreaciones en poco menos que modélicas e indiscutibles, por atender a toda la pluralidad de enfoques que este universo sonoro permite. El final del primer movimiento, todo el Scherzo y la mayor parte del Adagio de esta Novena alcanzan la categoría de lo insuperable. No se la pierdan. Aquí tienen el enlace.

7 comentarios:

Carlos Alberto dijo...

Gracias por la recomendación. Intentaré descargarlo para verlo en la televisión o en el ordenador.Coincido contigo en esa versión de Giulini como una de las más grandes interpretaciones jamás realizadas, y con esa calidad de sonido. Supongo que no se grabaría en vídeo, como si se hizo con el Sibelius de Leni, por ejemplo. Es curioso que Giulini tiene algunos de esos discos míticos. Yo el de Bruckner lo compré después de la impresión que me hizo la versión de la novena de Mahler. Son discos de esos que van ganando con los años.

Nemo dijo...

A mi la recreación del cuarto movimiento que grabó hace no mucho Rattle me gustó mucho. Aprovecha, muy bien hilado, el material conservado (que es mucho), con esa bellísima melodía, y cierran con una coda adecuada.

Es una pena que otros directores no le den una vuelta a esa partitura, porque me da la sensación de que Rattle se apresura un tanto y no atiende a muchos de los detalles.

A la Novena para mi le falta algo. Se nota que detrás debía haber algo que cerrara todo y que no está.

Mi versión favorita es sin duda Giulini con Viena, aunque hay muchas muy buenas.

Rafa dijo...

Sin ser un forofo del argentino como director, y viviendo más bien en unos setenta filarmónicos mentales, hay que reconocer lo indiscutible de sus aportaciones (su "Te Deum", por ejemplo). Por cierto, me permito recomendarte esta grabación en vivo de Karajan con un cuarteto estratosférico:

https://www.youtube.com/watch?v=XjFMSi5OsBo

Rafa dijo...

Por cierto, qué gran maestro el anterior titular de esta agrupación, Otmar Suitner. Escuchando sus oberturas de Weber en Spotify...

Julio Salvador Belda Vaguer dijo...

¡Gloriosas!

Ángel Carrascosa Almazán dijo...

Acerca de la Novena de París, creo que le pones demasiadas pegas para al final elogiarla tanto. La sección del primer movimiento en que Barenboim acelera creo que es una práctica acertada, que rompe la igualdad (no diré "monotonía") del tempo y que queda muy bien por su relativa crispación; es lo mismo que hace, con mayor acierto aún, en un pasaje del movimiento inicial de cualquiera de sus Cuartas. La coda me ha parecido descomunal por su aterradora rebeldía (trompetas apocalípticas). Y te pediría que volvieses a escuchar el finale, que para mí es el mejor que le he escuchado hasta ahora a Baren, debido sobre todo a su inmensa emoción, a un equilibrio perfecto entre pavor y anhelo de consuelo, que ni siquiera Giulini en Viena alcanza, tal vez más ocupado en extraer toda la belleza posible -lo que consigue con creces-. En cuanto al pasaje final, tras el último y terrorífico clímax, como yo no he tenido la impresión que has tenido tú, he hecho la siguiente comprobación: a Barenboim le dura 4'13" mientras a Giulini 4'58". Diferencia notable, sí, pero en la línea del tempo de todo el Adagio, que a Baren le dura 25'42" y a Giulini 29'28". Calculados los porcentajes, el tramo final a Baren le dura un 85% que a Giulini, y el movimiento completo un 87%. Es decir, que prácticamente no hay acelerón alguno al final. Ángel Carrascosa.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Hombre, yo creo que al mejor bruckneriano del momento y al que es uno de los tres o cuatro mejores brucknerianos de la historia (Celibidache, Giulini...) hay que ponerle el listón en lo más alto, de ahí los relativos reparos a la que es una grandísima interpretación. En cualquier caso, nunca me gustó como resolvió algunas cosas en el primer movimento. Y a tenor de lo escuchado por ahí con respecto a ese pasaje que he referido, tengo la impresión de que lo que hace es respetar la partitura, mientras que otros directores se toman las coass con más calma porque creen que así está mejor; y estoy de acuerdo con estos últimos. En cuanto al Finale, mi sensación es que no es tanto una cuestión de tempo como de expresividad. Con Giulini, suena a final de "La canción de la Tierra". Con Barenboim, bastante menos. Saludos.