jueves, 7 de septiembre de 2017

Excepcional Tchaikovsky de Rostropovich

Este disco es, sencillamente, uno de mis favoritos de toda mi discoteca. Lo registró Deutsche Grammophon en la Philharmonie de la capital alemana en junio de 1978, y en él Mstislav Rostropovich se ponía al frente de la Filarmónica de Berlín para interpretar suites de los tres grandes ballet de Tchaikovsky, además de un Capricho italiano y de un Andante Cantabile que, lástima, no caben el la edición en CD y hay que conseguir por otro lado. Los resultados me parecen excelsos.


Con permiso de Celibidache, quien en 1991 nos dejó una toma radiofónica no menos increíble que esta, la suite de El cascanueces es una maravilla por todo. Empezando por la ejecución; continuando por la claridad, el sentido del color y la naturalidad del fraseo; y terminando por la enorme inspiración de una batuta emocionante, sincera, luminosa y también de enorme cantabilidad, que sabe matizar sin caer en el menor narcisismo, ni en blanduras, ni en sonoridades ingrávidas, ofreciendo el mayor aliento poético posible.

La selección de El lago de los cisnes se encuentra en la misma línea, es decir, un Tchaikovski ea mismo tiempo lírico y con empuje, soberbiamente expuesto y pleno de comunicatividad, pero en esta ocasión hay que reprochar un vals poco voluptuoso y no muy emotivo, dicho un tanto de pasada. En contrapartida, el final –que no es el del ballet completo, sino la escena inmediatamente anterior– está impregnado de una intensidad lírica sin parangón –puro Tchaikovsky romántico y desesperado–, por no hablar de la picardía de la Danza de los cisnes ni de las admirables intervenciones del violín de Leon Spierer y del violonchelo de Eberhard Finke en el cuarto número.

En La bella durmiente los primeros compases –el tema de la bruja Carabosse– impresionan por su garra y virulencia, y a partir de ahí se desarrolla una interpretación quizá todavía más lograda que la de André Previn cuando grabó el ballet completo en 1974 con la Sinfónica de Londres. Hay que descubrirse ante la increíble manera que tiene Rostropovich, muchísimo más que un violonchelista metido a director, de conjugar elegancia y depuración sonora extremas, cantabilidad para derretirse y un fortísimo pathos dramático. Claro que tampoco podemos relegar precisamente a un segundo plano a la orquesta de Karajan, en plena forma y entregadísima en lo expresivo.

Para redondear las cosas, la toma sonora es espléndida para la época: falta un poco de cuerpo, pero la definición tímbrica y la gama dinámica resultan irreprochables. Lo dicho, un disco para la isla desierta.

53 comentarios:

Nemo dijo...

Pues muchísimas gracias por la recomendación. Correo a hacerme con este disco.

De estas páginas tengo grabaciones de Stokowski (que me gustan mucho) y Celibidache (Cascanueces, claro).

No tenía en el radar esta comentas (sí la de Previn, pero nunca me hice con ella).

Nemo dijo...

Pues muchísimas gracias por la recomendación. Correo a hacerme con este disco.

De estas páginas tengo grabaciones de Stokowski (que me gustan mucho) y Celibidache (Cascanueces, claro).

No tenía en el radar esta comentas (sí la de Previn, pero nunca me hice con ella).

Cristiandelicia dijo...

Efectivamente, este disco es de una calidad soberbia por donde se le mire: a mi parecer, la suite de "La bella durmiente"es la mejor de las disponibles en disco, rebosando poesía e intensidad de principio a fin.

Respecto al Cascanueces, siempre me ha gustado parear esta lectura (correspondiente a la suite original) con las selecciones del primer y segundo acto que Mravinsky realizó con la Filarmónica de Leningrado: ¡es una lástima que ninguno de estos directores haya llevado el ballet completo al disco!

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Nemo, permítame que le recomiende humildemente la integral sinfónica de Tchaikovsky por Rostropovich y la LPO. Extraordinaria y baratísima en Amazon.

Cristiandelicia, gracias por recordar esa genial selección de Mravinsky. Concepto opuesto al de Rostropovich, pero imprescindible.

Cordiales saludos.

Nemo dijo...

¡Pues muchas gracias!

No conozco nada de esa integral. Tengo mucho Tchaikovsky (las tres últimas sinfonías): Celibidache, Bernstein, Stokowski, Böhm, Klemperer, Solti... las cuartas de Szell y Abbado... pero de Rostropovich nada, curiosamente. Queda anotado.

Julio César Celedón Orduña dijo...

Igualmente es uno de mis favoritos, no por nada lo regalé en tenporada navideña a mi amada. Una lástima que no grabara los ballets completos, seguramente estarían como discos de referencia.

Rafa dijo...

Soy chaikovskiano genético, y las suites me suelen saber a poco... Pero hay que reconocer la labor de Mitia, en particular su grabación de "La dama de picas." ¿Qué te parecen las grabaciones integrales de Dorati y Rozhdestvenski? Por otra parte, me confieso admirador a ultranza del heredero "in pectore" de Chaiko, Glazunov, ensombrecido por el tamizado Rachmaninov y las vanguardias diaghilevianas. ¿Qué opinas de su música? ¿Conoces las integrales de Järvi y Serebrier? ¿Y la música programática por Golovschin?

Nemo dijo...

Muchas gracias por la recomendación de sinfonías de Tchaikovsky por Rostropovich.

Tengo muchas versiones de las tres últimas sinfonías (Celibidache, Stokowski, Böhm, Bernstein, Klemperer, Solti... las cuartas de Szell y Abbado... pero curiosamente ninguna de un ruso. Siempre he tenido en el radar a Mavrinsky, Markevitch... pero esta que me dices de Rostropovich queda anotada.

Gracias de nuevo.

Délico dijo...

Impresionante.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Rafael, de la intetral Dorati solo conozco una grabación aislada. de Rozhdestvensky no conozco ciclos completos, pero sí numerosas versiones sueltas. Me gustan mucho. En este blog he hablado de algunas de ellas. A Glazunov lo conozco de manera superficial, lástima.

Saludos a todos.

Carlos Alberto dijo...

Tu entrada me ha hecho recordar un doble Cd con algunas de esas suites de Tchaikovsky y otras de Prokofiev, uno de los primeros que tuve. Las versiones las que comentáis, Ozawa el Romeo, etc. Maravilloso. Lo que no sabía era lo de las sinfonías, gracias por la pista de Amazon. Últimamente escuchaba en archivo de audio las versiones de Rozhdestvensky, a mi entender sensacionales también. Igual las compro. Un saludo.

Rafa dijo...

Sí, me refería a los ballets completos. Es curioso que Ansermet los grabara, y no las sinfonías: como si el Chaikovski de verdad vanguardista y esotérico estuviera ahí.

Rafa dijo...

De Glazunov te recomiendo, así al azar, su opulenta orquestación del Carnaval de Schumann, también por Ansermet.

agustin dijo...

Buenos días.
Tchaikovsky es maravilloso (a destacar su Capricho Italiano) pero su música es, digamos, más comercial y menos profunda que la de los grandes.
Quiero decir que vale más una obra perdida de Mozart o Schubert, alguna fantasía, divertimento o cuarteto que toda la obra del ruso.
A nivel artístico me refiero.
Lo que pasa es que los clásicos son muy duros de escuchar y se lo pasa mejor uno oyendo el Lago de los Cisnes.
Saludos.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Sin duda la música de Mozart es más difícil de escuchar que la de Tchaikovsky. ¡Y más complicada de interpretar en condiciones! Pero realmente no sabría decirle si la música de Tchaikovsky es menos profunda que la de otros compositores. Y no estoy seguro de que ser "comercial" suponga un problema. Adoro a este compositor. Saludos.

Rafa dijo...

¿Realmente son más difíciles de interpretar la Quinta de Schubert o la N. 25 de Mozart que "Manfred" o "Francesca da Rimini"? No soy intérprete, pero disculpen mi escepticismo... ¿Son más fáciles de escuchar que "Eine Kleine Nachtmusik" o "La bella molinera"? Y en cuanto al esencialismo del "valor artístico", la profundidad y otras gaitas... ¿Vale más la Séptima de Bruckner que la obertura de "El murciélago"?¿Por qué? A mí denme buena música y dejen la hondura a curas y pedagogos.

Rafa dijo...

No, en serio, me gusta desenmascarar cierto germanocentrismo grandilocuente del aficionado medio... ¿Por qué tengo que asumir que la Primera de Brahms es más sublime, importante o emocionante que las "Masques et Bergamasques", la "Rapsodia española", la Serenata de Dvorák (¿Marriner o Davis?) o "La isla de los muertos". Os recomiendo leer a Jankelevich, que teoriza y bromea sobre esto,y toma una partida claramente francófila.
Abrazos a todos.

agustin dijo...

Buenos días Rafa.
Hombre, comparar poniendo al mismo nivel la música francesa que la música clásica del área germánica, es como mínimo un error.
No se trata de ser germanófilo, se trata de reconocer las cosas como son.
Claro, que si pone como referencia de la música de MOZART la serenata K.525, no me extraña que diga lo que dice.
Aún así, el segundo movimiento de esa serenata es superior a todo lo que cita, en mi opinión claro.
Pero es que no hay comparación posible entre ambas culturas, en lo que se refiere a la música clásica o culta.
Saludos cordiales.

Rafa dijo...

Estimado Agustín:

Me ha irritado su, por otra parte, sensato y respetable comentario, que le voy a contestar detenidamente, con mis seguramente atrabiliarias, pero mías al fin, opiniones.

Chaikovski me parece un genio y Mozart no. Mozart no es un genio (ojo, lo decía Harnoncourt, que no era precisamente ignaro en el tema): es un músico sumamente inteligente, sensible e inspirado que combina con madurez el estilo galante (de Johann Christian Bach, por ejemplo) con el "Sturm und Drang" que otros ya hicieron ante (la influencia de, digamos, la sinfonía "Lamentatione" de Haydn en la obertura de "Lucio Silla" o en la mencionada N. 25). Es un músico crepuscular, no un revolucionario: y en este sentido no se le puede comparar con el Haydn de los últimos oratorios o con Beethoven: ni siquiera con el Weber de "El cazador furtivo", obra imprescindible para la génesis y desarrollo de las óperas romántica de Wagner, incluso para los dramas musicales arguyo.

Chaikovski sí es un genio: como el Schumann pianístico, produce toda una "revolución poética" (John Daverio) sin precedentes, a base de influencias bastante lejanas (Berlioz, cierto Schumann sinfónico, Leo Delibes...), creando las bases de la sinfonía post - wagneriana (Furtwaengler admiraba sus últimas sinfonías...), y sirviendo de (principal) influencia a músicos de la talla de Stravinski (véase "El beso del hada"), Sibelius (Segunda sinfonía) o Prokofiev ("Romeo y Julieta", "La Cenicienta"), para mí los tres más eximios de su siglo.

"Pero es que no hay comparación posible entre ambas culturas, en lo que se refiere a la música clásica o culta." Volvemos a los axiomas universales: ¿por qué yo tengo que asumir que la Sinfonía en re menor de Franck es inferior a la Quinta de Bruckner? ¿Preferir por fuerza la hierática nobleza de la segunda a la experimentada gentileza y voluptuosidad de la primera? Le recuerdo que Toscanini, Beecham, Monteux, Ansermet, Munch, Cantelli, Bernstein, Stokowski, por citar sólo unos pocos, coincidían con mi "heterodoxa" opinión, y todos grabaron la piedra filosofal del belga y ninguno obra alguna del austriaco, cuyo reconocimiento fue más lento y difícil a nivel universal.

¿Por qué tengo que aceptar que "Parsifal" es mejor ópera que "Carmen", "Los cuentos de Hoffmann" o "Benvenuto Cellini?¿Que Schubert es mejor compositor para piano que Chopin, cuya influencia ha sido ingentemente mayor? ¿Que el pelmazo de Mahler es más importante que el Debussy sinfónico, Ravel, Dukas o incluso Pierné o Chabrier?

No me convencen sus razones. Siga usted con su (buena) fe.

Un fuerte abrazo,
Rafa

agustin dijo...

Buenos días otra vez Rafa:

En primer lugar, gracias por todas las referencias que me indica que, desde luego, pienso revisar.
Mozart tiene quizá una doble personalidad musical:
La galante, como ud. indica, seguramente para complacer a los oyentes de su tiempo y otra mucho más introspectiva y profunda.
Se muestra cuando se pone a trabajar en obras poco conocidas por el gran público, que son obras maestras.
Así su música de cámara, sus sinfonías, obras para piano, divertimentos,serenatas, conciertos para piano (asombrosos), sus óperas (para mí las mejores de la historia), etc.
De galante no tiene nada en esas obras. Escuche por ejemplo la Fantasía para piano K.475, la sinfonía nº 34 o la serenata Posthorn, por poner algunos ejemplos.
Es cierto que no fué un revolucionario como Beethoven, pero es el nº 1 a años-luz de los demás.
Respecto a la música del área germánica, si sumamos al gran Haydn, a Mozart, Beethoven, Schubert, Schumann, Mendelshon, Bruckner y Wagner, pienso que su aportación a la música es muy superior a todos los demás juntos.
Sin despreciar a nadie y menos a los rusos, como Tchaikovsky o Mussorsgky (un genio), ni a esa maravillosa sinfonía de Cesar Franck.

Saludos cordiales.

Rafa dijo...

Hola, Agustín:

En primer lugar, agradecerte tu mensaje conciliador. El Mozart galante no es incompatible con la hondura y la emotividad: sólo hay que oír el primer movimiento de la Nº29, que hace pensar en la definición de Cioran: "La música oficial del paraíso".

Como decía Borges, la cantidad importa: y obviamente el extaordinario acervo de la obra del salzburgués, de una calidad media excelente, tiene pocos parangones en la historia de la música (Beethoven, tal vez Schubert, y para de contar... Brahms y Bruckner ya son otra historia).

Como bien afirmas, hay una inflexión dramática en ciertas obras (las que mencionas, más el concierto nº 24, la Sinfonía "Linz" - tan cara a Bernstein -, la obertura de "Don Giovanni" (y naturalmente el resto de la ópera), que no lo hace ni mejor ni peor. Igual me gustan el Concierto 17, la Sinfonía "París" - tan cara a Beecham - o "El rapto en el serrallo", mucho más bienhumoradas.

"Es el número uno a años luz de los demás." Pues aquí discrepamos: para mí es único e insustituible, como lo son Borodin, Bizet, Goldmark, Szymanowski... Creo que hay una excesiva jerarquización en la historia de la música, que sólo beneficia a la pereza de intérpretes y organizadores.

"Respecto a la música del área germánica, si sumamos al gran Haydn, a Mozart, Beethoven, Schubert, Schumann, Mendelshon, Bruckner y Wagner, pienso que su aportación a la música es muy superior a todos los demás juntos." Bueno, esta afirmación es difícilmente refutable. Aún sin entender muy bien por qué la germanidad deba agrupar a músicos tan diversos y enfrentados: Schumann detestaba a Wagner, Wagner pensaba que Mozart era una antigualla y Mendelssohn un reaccionario contumaz (lo que no le impidió plagiarle: hay páginas calcadas de "La bella Melusina" en "El oro del Rhin" y de la Sinfonía "Reforma" en "Parsifal": sobre la defenestración - literal- de Mendelssohn por el nazismo recomiendo la novela de Jiri Weiss, "Mendelssohn en el tejado").

Pero como comprenderás, frases como "El último rondó de Mozart vale más que todo el ruso ese" no son muy conciliadoras, aunque eres totalmente libre de formularlas.

Otro aspecto de mi francofilia: prefiero el "Réquiem" de Fauré al "Alemán" de Brahms, que se me hace un poco cuesta arriba.

Abrazos para todos.
Rafa

agustin dijo...

Bueno, la pereza de los productores e intérpretes supongo que tendrá que ver bastante con los gustos del público.
Lo cierto es que el repertorio clásico, no sólo el de los alemanes (ahí está un Rossini por ejemplo), sigue siendo el más demandado y el que da más juego artístico, por sus múltiples matices tanto en la interpretación como en la asimilación por parte del oyente.
Una frase conciliadora podría ser que seguramente yo debo salir de mi encasillamiento en el período clásico y ud. debería escuchar mucho más a Mozart.
La calidad media de Mozart no es excelente, es incomparable.
Saludos cordiales.

Rafa dijo...

Hola, Agustín:

Le aseguro que escucho a Mozart a diario, y con mucho deleite. Pero lo reitero: me parece más un epígono sagaz y nostálgico, como Richard Strauss, que un genio. Hasta Gluck y Rameau me resultan más adelantados.

El público demanda muchos repertorios: clásico, barroco, romántico... Tardorromántico. Todos curiosamente salvo el de su propia época, lo que no hace reflexionar un ápice a toda esa horda de seguidores de Stockhausen, Boulez, Nono, Xenaquis y toda la infame turba...

Falta harían Juanes Volfangos (como decía Eugenio D'Ors) retrospectivos en esta marea de vanguardia mal digerida.

Saludos, hombre.

Rafa dijo...

Sin ánimo de ofender a nadie, tan absurdo me parece hacer una religión de Mozart como de Bach o de Wagner... Una vez conocí un bachiano que decía que de Mozart sólo salvaba el Réquiem y la Misa en do mayor... Y un viola de la Orquesta Nacional que se jactaba de dormirse con las óperas de Wagner. Es tremendo como algunos hacen de sus limitaciones virtudes. Claro que yo tampoco puedo con Schoenberg y aquí estoy.

agustin dijo...

Hola otra vez Rafa.

No me bajo del burro, Mozart es incomparable.
Oiga la Misa de la Coronación por ejemplo y luego me cuenta.
Mozart fué un incomprendido en su tiempo y por éso murió pobre.
Demasiado grande para ser apreciado en su tiempo como merecía.
Algo parecido le ocurrió a Schubert.
Desde que existen las grabaciones sonoras, es cuando se ha apreciado la grandeza de su obra.

Saludos.

Rafa dijo...

Estimado Agustín:

La Misa de la Coronación la tengo bien escuchada (por Kubelik, Jochum, Pinnock, Hogwood, Koopman... Érase un hombre a un Spotify pegado), y mucho que la valoro, igual que las del Orfanato y del Gorrión y demás. Le recomiendo a usted que oiga las obras sacras de Dvorák,y verá cómo no le van a la zaga.

En fin, la relativa incomprensión de Mozart y Schubert (no he visto incomprendidos tan aclamados por la república musical, pero en fin...) les suma el encanto de lo inédito y lo desconocido.

Obviamente es sustraerse a la frágil belleza y a la cándida emoción del Schubert sinfónico (en las diversamente admirables integrales - o casi - de Kertesz, Bohm, Sawallisch, Marriner, Abbado, Harnoncourt, Blomstedt, Davis, Celibidache, Wand, Brüggen, Goodman...), pero le repito, a nivel histórico, Chaiko me parece un autor más decisivo y revolucionario. Ya que empezamos a repartir consejos, oiga usted alguna de las grandes integrales históricas (Markevitch, Dorati, Svetlanov, Bernstein, Maazel, Mehta, Muti, Karajan, Haitink, Termirkanov...) y ya me contará. Le aseguro que se cuestionará sus aseveraciones.

Saludos,
Rafa

agustin dijo...

Estimado Rafa:

Al margen de polémicas, es un placer dialogar con alguien tan metido en este mundo de la música.
Se ha dejado la de Mravinsky, ya ve, tengo la integral de Maazel y las 3 últimas por Mravinsky, Bohm y Klemperer.
Aparte de los ballets, conciertos piano, el trío Op. 50 y el concierto para violín.
Lo cual indica que me gusta Tchaikovsky o no tendría tantos discos suyos.
Pero sin embargo, por alguna razón, siempre vuelvo a Haydn, Mozart, Schubert y últimamente Rossini.
Cuestión de gustos, supongo.
Gracias por todas esas referencias y un cordial saludo.

Rafa dijo...

¿Y tú, Fernando, qué opinas de esta algo descabellada y apasionante polémica? Por cierto, que de la "Rosamunda" de Schubert, ¿qué versión/es prefieres? ¿Furt, Walter, Monteux, Szell, Boskovsky, Abbado, Masur? ¿Qué opinas de Masur como director en general?

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

A ver, Rafael. Sigo la polémica con interés, pero no intervengo en ella porque estoy teniendo unos días muy intensos en mi trabajo que me exigen horas de dedicación en casa al margen de mi horario presencial en el instituto. No tengo tiempo para entrar en polémicas, ni tampoco ganas.

En cualquier caso, aprovecho que los martes salgo antes (generalmente lo hago a las diez o a las once de la noche) y saco fuerzas para confesarte que, a tenor de las cosas que vas escribiendo en este y otros hilos, creo que nos separan serias cuestiones ideológicas que van más allá de la música. Creo que tenemos maneras distintas de ver el mundo. Coincidimos en muchos gustos pero en otros no. En absoluto comparto tu rechazo por la música contemporánea (has escrito cosas muy despectivas sobre compositores que me parecen grandísimos), ni tu ira ante los que se desinteresan por la zarzuela, porque yo precisamente soy uno de ellos. Y no sé a qué viene eso de extrañarse que directores "de izquierda" toquen músicas católicas. Vamos, es que no conozco a ninguno más o menos importante que no lo haya hecho, aunque curiosamente sí que hay directores "de derechas" que no han tocado a compositores judíos.

Todas tus aportaciones son muy bienvenidas, por tu sabiduría, tu sinceridad y tu pasión, pero perdona que no entre al trapo en ciertas cuestiones en la que nunca nos vamos a poner de acuerdo. Gracias y un abrazo.

Rafa dijo...

Querdido Fernando:

Tanto derecho tienes tú a menospreciar "La verbena de la paloma" como yo a Stockhausen. Me refería a la controversia que he planteado de un Mozart conservador frente aun Chaikovski progresista, pero da igual. Gracias por cederme tu espacio, y un placer charlar con los dos.
Abrazos plúrimos.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Sí, sé que te referias a Tchaikovsky-Mozart. Pero he aprovechado para manifestar que ante ciertos declaraciones prefiero callar antes que meterme en discusiones para las que ahora no tengo tiempo ni fuerzas. Gracias por comprenderlo.

Rafa dijo...

Al hilo de tu respuesta, te recordaré que no es raro que músicos de izquierdas inicien progromos contra otros por su ideología "malsana": mira si no la lapidación de Sibelius por Adorno, Leibowitz o el padre de los charlatanes vienés, Schoenberg... Incluso al modernísimo Stravinski por ser un "formalista" (puro estalinismo en "stanb by..."). O como Adorno veía necesario "limpiar la imagen" de músico protestante (¿era otra cosa?) de Bach... Así que yo no daría por hechas tantas cosas.

Un fuerte abrazo.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Querido Rafael, de este y de otros mensajes tuyos se desprende una ideología política que no puedo compartir y que condiciona de manerta considerable tu manera de ver las cosas. Por descontado que el tema que has abierto es apasionante, pero no estoy dispuesto a responder a estos mensajes tuyos que parecen más provocaciones que otra cosa. Quiero seguir siendo sumamente respetuoso con tu persona. Lo siento, pero es mi última palabra contigo sobre temas políticos, porque quiero seguir siendo amigo tuyo. Gracias.

Rafa dijo...

Querido Fernando:

Te repito, das por hecho muchas cosas. Me considero un hombre muy de izquierdas, siempre he votado a IU y ahora a Podemos (nunca al Psoe, quizás ahí estribe tu incomodidad ;)... Pero la verdad es la verdad, y Prokofiev fue represalidado y hasta su señora, Lina Codina - Llubera, acabó en el Gulag sólo por no hacer música proletaria. La verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero.

Abrazos fuertes.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Mira, Rafael, no me gusta nada que insinúes que no me interesa la verdad. Soy historiador y a eso me dedico, a investigar la realidad histórica, que hay que analizar dejando al lado todos los prejuicios ideológicos. Em mis clases he explicado infinidad de veces las represalias del comunismo y no necesito que nadie venga a contar ahora. Ni Agamenón ni su porquero. No, no es que no me interese "la verdad": es que no quiero discutir. Rotundamente. Te ruego abandones estas cuestiones políticas.

En cuanto a Schoenberg, puedes insultarlo todo lo que te plazca, pero este blog no me parece el lugar más adecuado para ello. Si prefieres escuchar La del soto del parral antes que Erwartung me parece perfecto. Repito, se acabaron las provocaciones. Estoy muy atareado como para tener que escribir como este mensaje que estoy redactando ahora. Estoy seguro de que podrás comprenderlo. Un abrazo.

Rafa dijo...

Querido Fernando:

Disculpa si te molestan mis bromas sobre Schoenberg (también se ha dicho por aquí que Chaikovski es un compositor de tercera y no he visto aspavientos semejantes, pero en fin...). A mí, en cambio, me divierten mucho los improperios de Glenn Gould hacia Schubert, Schumann o Chopin, músicos de adoro. Cuestión de gustos. Pero recuerda que has presupuesto rasgos ideológicos en mí que iban totalmente desencamianados, y tenía que defenderme.

Mucho ánimo con la didáctica, y un abrazo. Seguimos compartiendo entusiasmos y pareceres.
Abrazos,
Rafa

Rafa dijo...

Y, para acabar aclaro, que valoro mucho obras de Schoenberg como "Peleas" y "Los arrullos": y que el dodecafonismo me parece un experimento interesante (fallido, pero interesante), y que escucho con interés no sólo a Webern y Berg, sino al padre putativo Zemlinsky (el mejor de todos, claro), a Krenek, a Hartmann, a Krasa, a Wellesz y otros compositores en la estela del atonalismo. No sólo "La del manojo de rosas", te lo aseguro. Pero quien me quiera convencer que "Gruppen" es comparable a las serenatas de Brahms... Lo lleva claro. Prefiero otras vanguardias más risueñas (Weill, Goldsmidt, Schulhoff, Hindemith...)
Un abrazo,
Rafa

Rafa dijo...

En mi opinión, es significativo que los que encuentro los dos compositores más notables de la segunda mitad del XX, Ligeti y Lutoslawski, siguieran más los pasos de Bartók que de este Belmonte ("Schön -berg") con menos temple. Y es que el húngaro es un músico en definitiva más moderno, seminal y dotado que Don Arnoldo.

Su vanguardia, como la de Spontini, Auber o Meyerbeer (que tanto gustaba de dirigir su pupilo y fámulo, Scherchen), quedará (¿ha quedado ya?) como una bella y siniestra reliquia del pasado.

Y siquiendo con mi francofilia galopante, también "La voz humana" del gran Poulenc me parece superior a "La espera", como "El rey David de Honegger" a "Moisés y Arón."

¿Y Agustín que opina de todo esto?

Ala, ahí lo llevas.
Abrazos,
Rafa

agustin dijo...

Buenos días Rafa:

Pues opino que estoy "pez" en música contemporánea, que el mejor es Bartok (en éso coincido), que Stravinski es un gran compositor, Hindemith es un compositor apreciable y gracias a una entrada en el blog de Fernando descubrí a Lutoslawski.
Y poco más.
Lo que para mí es un misterio es por qué la música culta del siglo XX no ha sido capaz de alcanzar la belleza y la expresividad de la de los dos siglos anteriores.
También es verdad que muchos compositores han dedicado su talento al mundo del cine, que les proporcionaba un medio de vida más digna que el "amor al arte".
Hay bandas sonoras de películas muy buenas, pero genios como Chopin, Wagner o J.Strauss ya no han vuelto a surgir en el siglo XX y en lo que llevamos del XXI.

Saludos.

Rafa dijo...

"Sólo se puede hostil hacia esas conductas (es decir el error y la perseverancia en error) en tanto que ellas pretenden erigirse en normas y en tanto que ellas devienen efectivamente la norma, admitida y sancionada por una crítica ciega, por toda una generación de músicos jóvenes que literalmente no saben lo que hacen. Entonces fundar la música en el error sólo puede dar falsa música, la falsa música sólo puede producir sinsentido, y yo odio el sinsentido, que estaba excluido de la música por sus propios dones y que ha aparecido de manos de Schoenberg. El sinsentido me parece la sola cosa detestable en este mundo, y yo lo veo como una fuente de mal. Es cierto que hay sinsentido y mal en el mundo, pero el hombre tiene precisamente este recurso de salvarse, llamando mal al mal y sinsentido al sinsentido." (Ernest Ansermet)

agustin dijo...

Coincido bastante con Ansermet.
Par mí música, sea del siglo que sea, siempre será algo como la banda sonora de The Big Country de Jerome Moross y no esas músicas extrañas que venden talento porque nadie las entiende.
Es un fenómeno similar al de la pintura abstracta.
Sin embargo, hay compositores como el que he mencionado, que demuestran que en el siglo XX también se puede hacer GRAN música.
Pero sólo si hay TALENTO, claro.

Saludos.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

La pintura abstracta es tan válida como la figurativa. En ella hay enormes genios, grandes pintores, pintores mediocres y pintores malos. Quien no entienda la gran pintura abstracta se está perdiendo algo importante. Lamento que los que nos dedicamos a la enseñanza no hayamos aún sido capaces de hacer llegar la emorme valía artística de muchas obras "raras", que ciertamente necesitan un esfuerzo inicial a la hora de acercarse pero luego ofrecen impagables experiencias estéticas.

agustin dijo...

Buenos días Fernando.

Yo le agradecería muchísimo esa labor divulgativa para dar a conocer esas grandes obras.
Ya he comprobado que lo hace, pero "más".

Cordiales saludos.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

¿Y cómo lo hago, Agustín? Me esfuerzo mucho en mis clases de Historia del Arte, cuando las puedo impartir (este año SÍ me toca hacerlo, afortunadamente), y creo que los resultados no son malos. Mi impresión es que a los alumnos les termina gustando, aunque lo único que puedo hacer a lo largo de un curso es abrir un poquito una puerta que luego ellos tendrán que abrir entera.

Pero aquí, desde el blog, es muy difícil. Escribir se me da bastante peor que hablar en público. No logro transmitir lo que yo quisiera. Créame que me gustaría encontrar la manera de explicarle por qué es grande la pintura de Rothko o la música de Boulez. En cualquier caso, creo que el fracaso educativo es generalizado, no solo mío. Un saludo.

agustin dijo...

En cualquier caso, muchas gracias por este blog, que es magnífico.

Un saludo.

Rafa dijo...

En mi opinión, hay una diferencia clara entre las vanguardias literarias y plásticas y la musical. La música es un arte eminentemente formal ("La música es incapaz de expresar nada por sí misma" decía Stravinski en su "Poética musical" del 39), mientras que la poesía o la pintura son artes más bien expresivos. Tal vez por eso Éluard o Klee hayan sido aceptados, y Varése no. Que quede claro que yo he disfrutado de obras de Henze, Maderna, Scelsi, Nancarrow, Feldman... Pero defiendo el derecho de que a alguien no le gusten, sin por eso ser tachado de obtuso, cazurro o retrógrado. Y lo mismo para la política, la vida cotidiana, etc.

Abrazos a todos.

agustin dijo...

Hola Rafa.

No estoy de acuerdo con esa afirmación de Stravinski.
Una pintura nos penetra a través de un sentido, la vista y el cerebro la interpreta.
Es decir, es el cerebro el que decide si la pintura expresa algo o no.
En el caso de la música, es el oído el sentido que la capta y es el cerebro el que determina si expresa algo o no.
Es un proceso parecido.
Precisamente, lo que distingue la buena música de la mala es que al menos unos cuantos oyentes sean capaces de afirmar que esa música sí que expresa algo o que les sugiere algo o que sienten algo al escucharla.
Por lo la música se parece bastante a la poesía, ya que apela al sentimiento de quien la percibe.
Otra cosa es que Stravinski justificara así que algunas de sus composiciones no expresaban nada.
Saludos.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Aprovecho el hueco del recreo.

Rafa, yo tampoco estoy de acuerdo con la afirmación de Stravinsky. En realidad, el compositor de Le Sacre era un especialista en boutades.

Como aficionado a la música puedo ser más tolerante, pero cuando me tocan la historia del arte lo soy menos, porque a ella me dedico. Si alguien me dice que el Pórtico de la Gloria es una puta mierda, que las esculturas son inexpresivas, que no son "realistas" o no guardan la proporción, le pongo las orejas de burro inmediatamente.

Lo mismo vale para cualquier otra obra maestra que esté más o menos reconocida. Si, ya, al arte "de vanguardia" le hace falta tiempo para recibir una valoración con suficiente perspectiva. Pero sobre los dos primeros tercios del siglo XX, como mínimo, tenemos ya las cosas muy claras. Si alguien dice que Jackson Pollock no vale nada... Lo siento, no todas las opiniones valen. ¿Acaso te parece una opinión "respetable" que alguien diga que Los bingueros es mejor pelicula que Ordet? Podrá decir que le gusta más la de Ozores y que prefiere mil veces ver una de Ozores a una en blanco y negro y de argumento raro, y eso sí que resulta por completo respetable, pero afirmar que la de Dreyer "es peor" o "es mala" solo puede demostrar una ignorancia supina y una enorme falta de sensiblidad. Insisto, no todo vale.

Gracias por compartir vuestras impresiones y un saludo.

Nemo dijo...

A mi me gusta más Georges Mathieu que Jackson Pollock, la verdad.

Creo que el arte no trata de acceder a nuestros "sentimientos", o provocarlos, sino tratar de provocar un estímulo intelectual a través de los sentidos, pero de forma no (o no totalmente) estructurada, es decir, en el arte hay cosas que no se pueden explicar (verbalmente).

Estoy de acuerdo en que la música del siglo XX está ya muy asentada, al menos para los dos primeros tercios (digamos que hasta la muerte de Stravinsky), y poco a poco se van incorporando al repertorio (no solo de las salas, también discográfico, radiofónico, cinematográfico) cosas. Kubrick, por ejemplo, usa en El Resplandor (1980) la obra de Krzysztof Penderecki "El sueño de Jacob", realmente inquietante y terrorífica, pero que era una obra reciente en aquel momento, y emplea también con similar efecto la "Música para cuerdas percusión y celesta" de Bartok, junto con composiciones y arreglos para sintetizador de Wendy Carlos que, en comparación, suenan más sencillos, menos atrevidos. Quién lo diría, música totalmente contemporánea empleada en una película de Hollywood. Hay otros casos (la música de Planeta Prohibido, algunas bandas sonoras de Bernard Herrmann, etc.). Podríamos ver popularizada, por alguna vía inimaginable, alguna cosa de Boulez, quién sabe.

Pero como en todas las épocas, hay seguramente mucha paja, y obras estimables como precursoras, como ejercicios de vanguardia, o alimenticias, que se irán olvidando o simplemente quedarán como curiosidades. Ya iremos viendo.

agustin dijo...

Kubrick solía emplear la música clásica en sus películas, con muy buen gusto.
Especialmente notable es la empleada en la película Barry Lyndon, con el Trío Op. 100 de Schubert y la Sarabande de Haendel, que por cierto descubrí al ver esa película (una música impresionante).
Respecto a El Resplandor, no recuerdo esa música de Penderecki. Pensaba que era toda de Bartok.
Pues bien, si esa música no es expresiva no sé que se entiende por expresivo.
Sin embargo, esa música de Bartok que en esa película concreta expresa terror, podría expresar otras cosas en otras situaciones.
Esa es la grandeza de la música como arte y en efecto, es muy difícil de explicar con palabras.
Saludos cordiales.

Rafa dijo...

Agustín, nunca he dicho que la música no sea expresiva. Expresar es el objetivo de todo arte. Digo que que este arte se expresa por medios (más o menos) rigurosamente formales. El Andante con como del Trio D. 929 que mencionas, consigue la emoción del oyente dado que "los dos compases de obertura, sobre la escansión monótona del piano, sugieren ya algo fúnebre antes de que entre el tema, grave, desplegándose lentamente en el violonchelo. Lo toma el piano, mientras el violín dobla al violonchelo en el acompañamiento. A este episodio en modo menor, teñido de fatalismo, sigue otro en mi bemol mayor en el cual el violín lanza un nuevo motivo, derivado del tema inicial, que es retomado por los otros tres instrumentos en una exaltación siempre creciente. Vuelta a la escansión fúnebre inicial con un ensombrecimiento progresivo del clima, en una especie de grandiosa balada romántica (modulaciones a do sostenido menor, si menor, fa sostenido menor) que precede al retorno del motivo en modo mayor, esta vez en do. El permanente contraste entre piano y forte, entre menor y mayor, se acentúa aún en la coda, donde de nuevo se hace más lento el movimiento (Un poco pi ù lento) y el tema parece quedar en suspenso, trágico." (Tranchefort) No es algo comparable a cuando Éluard te emociona diciendo "Al alba te amo tengo toda la noche en las venas."

Creo haber dejado claros mis argumentos, que son fácilmente compartibles.

Saludos "erga omnes".
Rafa

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Plantean ustedes tal cantidad de cuestiones interesantes, y lo hacen con tal mezcla de pasión y erudición, que no puedo sino sentirme abrumado e incapaz de intervenir. Permítanme simplemente apuntar que estoy completamente de acuerdo con las palabras de Nemo:

"Creo que el arte no trata de acceder a nuestros "sentimientos", o provocarlos, sino tratar de provocar un estímulo intelectual a través de los sentidos, pero de forma no (o no totalmente) estructurada, es decir, en el arte hay cosas que no se pueden explicar (verbalmente)."

Creo que no se puede explicar mejor. Un saludo.

Nemo dijo...

Pues acabo de escuchar el ciclo de Rostropovich de sinfonías de Tchaikovsky (EMI, años 70), y en efecto, me he quedado de piedra. ¡Qué Tchaikovsky más bien dicho! Muy expresivo, muy bien desmenuzado, muy bien tocado. ¡Qué maravilla!

¡Muchas gracias por el soplo!