viernes, 2 de junio de 2017

Mi patria, en Checoslovaquia y en Malasia

Dos versiones de Mi patria de Smetana. La primera, registro de Václav Neumann y Filarmónica Checa realizado por Supraphon en 1975, originalmente con sonido cuadrafónico. La segunda es mucho más reciente: grabación del sello BIS de Claus Peter Flor al frente de la Filarmónica de Malasia, nada más exótico para una obra como ésta, y en principio menos adecuado. Pues gana por goleada la segunda.


En la versión de Neumann el trazo es fluido, natural y elocuente. Hay sabor popular. Las melodías están muy bien cantadas, e incluso el maestro checo ofrece pasajes de un hermosísimo lirismo, como puede ser la sección nocturna de El Moldava. Sin embargo, hay algo que no termina de funcionar: se echan de menos variedad expresiva, intensidad y garra dramática, muy especialmente en la floja recreación de Por los bosques y prados…, que a partir de su sección fugada se ve seriamente aquejada por la blandura. La toma sonora no es muy allá pese a su amplia gama dinámica. Como curiosidad, les comento que la he escuchado en una remasterización casera que recupera la cuadrafonía original, si bien esta no parece aportar gran cosa.


La del maestro de Leipzig,  aun no contando con una orquesta de primera –tampoco lo era la Filarmónica Checa de los setenta– sí que es una globalmente espléndida interpretación. En lo sonoro alcanza el punto adecuado de equilibrio entre elegancia y rusticidad bien entendida, mientras que en lo expresivo se decanta sobre todo por los aspectos más fogosos de los pentagramas. Ahora bien, va de menos a más. A Vysehrad, que comienza con un solo de arpa colocado muy en primer plano por los ingenieros de sonido, le falta en algunos momentos algo de carácter y de imaginación. En El Moldava, no tan bien clarificado como en las grandes recreaciones del poema sinfónico, sorprenden determinadas acentuaciones rítmicas en la escena de la danza rústica, y engancha el carácter especialmente escarpado que se imprime a los rápidos. Šárka es irreprochable y sobresale por su fuego bien controlado. Por los bosques y prados... funciona magníficamente, con brillantez bien entendida y todo su sabor folclórico. Sensacionales los dos últimos números, llenos de fuerza dramática pero también de lirismo y hasta de sensualidad en los pasajes más introvertidos; culmina en un final amplio, lleno de grandeza sin retórica y también del apropiado carácter festivo.

¿Otras recomendaciones? Aquí pueden leer algo al respecto. Ah, ya he escuchado la reciente toma radiofónica del acercamiento de Barenboim, de cuyo Moldava en imágenes ya escribí hace poco: puro fuego.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias por seguir con el blog.Espero impaciente la crítica de ese concierto de Barenboim así como la del ciclo de las sinfonías de Brahms por Nelsons y la Sinfónica de Boston.AMCSánchez.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Gracias por el interés, de verdad, pero no tengo fuerzas para hacer ninguna de esas dos reseñas. En los próximos días saldrán las que ya tengo escritas: Dvorák por Du Pré, Réquiem de Mozart por Karajan y Muti, Don Quixote de Karajan y Rostropovich, Shostakovich por el Cuarteto Jerusalem... Pero ahora mismo solo quiero escuchar música, no escribir. Voy a continuar ahora mismo, con su permiso, con la maravillosa Iberia de Alicia de Larrocha de 1959. Un cordial saludo.

Anónimo dijo...

A descansar.

Anónimo dijo...

Me acabo de enterar que ayer murió Jirí Belohlávek, un director checo que de hecho ha aparecido por aquí unas cuantas veces y que me parece que merecía un poco más de reconocimiento, sobre todo en música checa. Un saludo.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Tiene usted razón. Hubiera estado bien comentar el disco del único concierto sinfónico que le escuché en directo, Britten, Martinu y Prokofiev en los Proms, o quizá su reciente Stabat Mater de Dvorák. Pobre hombre.