viernes, 10 de febrero de 2017

Más danzas eslavas: Iván Fischer y Jiří Bělohlávek

He comentado tres versiones de las colecciones de Danzas eslavas op. 46 y op. 72 de Antonín Dvorák: Kubelik, Dohnányi y Szell. Añadamos ahora un par de ellas más: las de Iván Fischer y la Orquesta del Festival de Budapest registradas para Philips más recientemente ha sido reeditada por Channel Classics en 1999 y las de Jiří Bělohlávek y la Filarmónica Checa grabada para Decca entre 2014 primera serie y 2015 la segunda. En ambos casos he escuchado una descarga digital en HD. Y en los dos la toma sonora no me ha resultado del todo satisfactoria: solo bien la de Fischer, bastante mejor la de Bělohlávek, pero las dos por debajo del asombroso trabajo que realizaron los ingenieros al servicio de Dohnányi.


La de Iván Fischer es interpretación de alto nivel, más sinfónica que rústica, dicha con estilo y convicción, fraseada con holgura, con flexibilidad y con apreciable vuelo lírico, animada asimismo por un buen sentido del ritmo y de lo dancístico. Pero no se encuentra del todo lograda. Los pasajes líricos resultan un punto más ensoñados de la cuenta, y no son del todo emotivos, mientras que los extrovertidos suenan un punto amazacotados, con una percusión en exceso relevante y carentes de toda la claridad deseable, esto último debido quizá a una grabación un poco turbia. Tecnología aparte, da la impresión de que al maestro se le ha ido un poco la mano en la búsqueda de grandes contrastes sonoros y expresivos.


El que sí convence plenamente es Bělohlávek. Como su colega Iván Fischer, se encuentra más cerca de la opulencia sonora y del vuelo lírico de Dohnányi que de la rusticidad, la frescura y el sentido rítmico de un Kubelik, pero el maestro checo supera al de Budapest en sinceridad –más intensidad e inmediateze inspiración –aquí no hay tendencia a la languidez, como también en el tratamiento de la orquesta, más equilibrada en los planos, con mayor claridad y ofreciendo una considerable depuración sonora. Canta además Bělohlávek las melodías con enorme delectación (¡más de setenta y cinco minutos!) sin que se le caiga el pulso, ofrece en algunas danzas –en la primera, sin ir más lejos multitud de detalles creativos y, lo más interesante, aporta un regusto amargo y dramático en las que más se prestan a ello: aunque los aspectos luminosos y festivos de esta música no se encuentran relegados, el actual titular de la Filarmónica Checa nos descubre aspectos muy interesantes y abren nuevas posibilidades que miran hacia el Dvorák más introvertido y personal sin limitarse a equiparar lirismo con delectación melódica, ni introversión con carácter contemplativo.

Resumiendo: Kubelik y Dohnányi, muy diferentes y complementarios entre sí, firman las dos interpretaciones imprescindibles. Szell y Bělohlávek nos entregan versiones personales que enriquecen nuestra visión de la obra. Iván Fischer, aun ofreciendo una recreación notable, queda por detrás de todos ellos.

1 comentario:

Rafael Bellón dijo...

Es una obra menos atendida, pero la Suite checa, en especial por Dorati y Detroit (1981), es Dvorák del mejor.