jueves, 26 de enero de 2017

¿El arreglo del Villamarta? Que se vayan

Seré breve y contundente: el arreglo del Villamarta pasa, entre otras cosas, por la dimisión de Isamay Benavente y el alejamiento para siempre de Francisco López Gutiérrez, cuya La Traviata que se encargó a sí mismo en su calidad de director de escena –faceta para la que, recordémoslo, no fue contratado por el Ayuntamiento– su antigua colaboradora ha decidido programar. ¡Por quinta vez! Uno de los varios errores de la señora directora, el penúltimo de los cuales fue poner al maestro repetidor del teatro a dirigir la Novena de Beethoven, con absolutamente bochornosos resultados. Váyanse ya.

3 comentarios:

Alejandro Vicuña dijo...

Curiosa la forma en la que he llegado a este blog. Trabajé hace unos años retratando a la junta administrativa del teatro. Curioso también el desglose de su cantera. Sobre dirección y presidecia de la fundación, admito poder decir poco (o nada), pero limitar la trayectoria del Maestro Aragón a la de "maestro repetidor" puesto a capricho para la Novena, denita bastante desconocimiento del panorama operístico real (no de grabaciones) nacional e internacional. Hablemos de su más reciente trabajo como director: Gran Teatro de Córdoba, Teatro de la Zarzuela de Madrid, Teatro Arriaga de Bilbao, Teatro Calderón de Valladolid, Teatro Valuarte de Pamplona, Teatro Principal de Palma de Mallorca... a nivel internacional: Ópera de Montpelier, Ópera de Hamburgo, Teatro Bolschoi de Moscú, Ópera de Pitsburg... resto de orquestas, teatros y trabajos en su página web www.carlosaragon.net, en la que, admito, he tenido que buscar pues desconocía su labor. Pero al leer aquí "maestro repetidor" al frente de la dirección de la Novena (a la que curiosamente asisití por casualidad como público), no me he podido resistir a socabar información. Siempre a favor de la crítica. Pero documentada y constructiva.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Gracias por su aportación. El señor Aragón comenzó a dirigir orquestas hace relativamente poco. Para mí, que he seguido al Villamarta desde su reapertura, es "el repetidor del teatro"; quizá por eso no he sido del todo exacto en mi categorización. Si no recuerdo mal, su carrera como director se vio impulsada a partir de la colaboración con Antonio Florio a raíz de la visita de éste al Villamarta; con el maestro napolitano ha podido trabajar codo con codo, lo que me parece estupendo, y desde entonces ha desarrollado una carrera que, por lo que me consta, se ha limitado a ópera. Ponerle a dirigir Beethoven me pareció una absoluta temeridad. Vistos los resultados, se confirma. ¿O le gustó a usted su Novena? A mí me pareció una demostración de incompetencia. Y curiosamente su Otello no me había parecido malo, cosa que sí me afirmaba algún melómano muy experimentado en ópera acusándome de estar sordo ante el, según este amigo mío, cúmulo de horrores perpetrado desde el foso por el maestro Aragón cuando dirigió el título verdiano. Pero mi reseña no fue en absoluto negativa entonces, porque escribí lo que verdaderamente me parecía. Como lo he hecho ahora.

En cualquier caso, siempre he manifestado profundas discrepancias con la dirección del Villamarta a la hora de escoger batutas para óperas. Dos de los directores favoritos de los señores Francisco López e Isamay Benavente son Luis Remartínez y Miquel Ortega, para un servidor batutas absolutamente deleznables. Por descontado, nunca me perdonaron que manifestara mi opinión públicamente. Probablemente opinan que no teng idea. Lo mismo pienso yo de ellos, por descontado: creo que su mal gusto a la hora de escoger directores es manifiesto. Y también creo que el Villamarta hace ya tiempo que debería haber cerrado este ciclo que empezó brillantemente y ha terminado de manera catastrófica. Hay que saber poner punto y final.

Anónimo dijo...

Con comentarios como el suyo para que quiere la cultura más henemigos.
Mal que bien podemos seguir disfrutando del Villamarta que sin apenas presupuesto hace verdaderos milagros.
En cuanto al maestro Aragón estoy totalmente de acuerdo con usted, que dicho sea de paso es el lo único que coincido.