domingo, 15 de enero de 2017

Cabaret, el musical, va a Sevilla

Vi dos veces en Madrid aquella soberbia producción realizada por Sam Mendes de esa obra maestra absoluta que es el musical Cabaret, de Kander y Ebb. En ambas ocasiones me tocó Asier Etxeandia haciendo el Maestro de Ceremonias. Descomunal y arrollador, sin la menor duda, pero me quedé con las ganas de apreciar al trabajo de su alternante Armando Pita, al que tantos elogios le había dedicado Eduardo Haro Tecglen en las páginas de El País. Ayer me pude por fin quitar la espina en el Teatro Lope de Vega de Sevilla, donde está ahora mism ofreciendo la nueva producción a cargo de Jaime Azpilicueta que ya pude comentar en este blog.


¿Es para tanto? Yo creo que sí, aunque durante parte de la obra me decepcionó un poco: esperaba más aún del artista. Hasta que llegó la segunda parte y la hora de desmelenarse con la participación del público. Y ahí estuvo sensacional. Entonces caí en la cuenta de que el problema no estaba en el actor, sino en la producción, solvente pero mucho menos buena que la de Mendes, y desde luego ofreciendo una concepción del personaje que intenta no olvidarse del todo del singularísimo Joel Grey, dándole un aire mucho menos canalla que Alan Cumming producción original de Mendes y conteniendo el histrionismo para mantener cierto distanciamiento ambiguo e inquietante. El YouTube que les pongo a continuación, con Pita en la producción de Mendes, deja bien claro hasta qué increíble altura puede este señor desarrollar su personaje. En cualquier caso, en Sevilla ha estado espléndido, ofreciendo garra, chispa y un considerable desgarro en sus últimas apariciones: como creo recordar que escribió Haro Tecglen, solo por él ya merece la pena.


Repitió Cristina Castaño como Sally Bowles: chirría un poco en las primeras escenas, pero actúa bastante bien, baila con solvencia y canta fabulosamente. ¡Grande! También venía de la Gran Vía Pepa Lucas, irreprochable como la prostituta Fräulein Kost. El gran Enrique R. del Portal volvió a otorgarle particular fragilidad a Herr Schultz. A Víctor Díaz no logré reconocerlo haciendo de Ernst Ludwig: no sé si me tocó un alternante o simplemente no le recordaba bien, pero en cualquier caso hizo un buen trabajo. Eran nuevos para mí Alejandro Tous como Cliff y Amparo Saizar en esa pequeña joya que es el papel de Fräulein Schneider: ambos cumplieron sobradamente, aunque sin ese plus de personalidad y desenvoltura que los personajes necesitan.


La orquesta y su director Raúl Patiño realizaron un trabajo irreprochable. En cuanto a la producción escénica, ya dije en su momento que está bien sin volar a especial altura. Lo mejor que tiene, el terrorífico final, está literalmente copiado de la londinense de Rufus Norris. Lo más flojo, las coreografías. En cualquier caso, merece la pena acudir, y no solo por Armando Pita: también por Cristina Castaño y por la oportunidad de ver en directo una obra como ésta. No la dejan pasar si viven en Sevilla.

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