jueves, 8 de diciembre de 2016

Barenboim, en su nuevo piano

Me pregunta un amigo por qué no he escrito aún sobre el resto del disco On my new piano, del que ya comenté aquí algunas piezas al hilo de la reciente gira de su protagonista Daniel Barenboim. Fácil: no tengo tiempo. Mi trabajo de este año –se lo aseguro a ustedes– es una auténtica locura, y si este blog sigue más o menos activo es gracias a la nevera que me permite sacar de vez en cuando –por ejemplo, lo del otro día del Brahms de la Grimaud– cosas que tengo escritas desde hace tiempo. Pero bueno, hoy es festivo y he querido volver a escuchar la parte de ese disco que me había dejado en el tintero y tomar algunas anotaciones.


Las sonatas K 159, K 9 y K 380 de Domenico Scarlatti son un prodigio. Fueron lo que más me gustó del CD la primera vez que lo escuché, y lo que más me sigue gustando. El clan de la cuerda de tripa se echará las manos a la cabeza: ¡otras vez Scarlatti al piano, como en los viejos tiempos de Horowitz o en los no tan viejos de Pogorelich! Pues sí. No solo eso: Barenboim se toma todas las libertades agógicas y dinámicas que le apetece. Pero no solo logra no fracturar el discurso musical, sino que además saca a la luz toda la extraordinaria belleza de estas notas mediante una pulsación de los más ricos colores, un fraseo nada mecánico –increíbles los trinos–, una cantabilidad extrema y una sensibilidad extraordinaria para destilar sensualidad íntima, delicadeza e incluso fragilidad bien entendida sin que éstas suenen triviales ni ridículas; antes contrario, desplegando un vuelo poético fuera de lo común.

Para las 32 variaciones sobre un tema original WoO 80 de Beethoven he realizado una comparación con la lectura de ese enorme intérprete del de Bonn que fue Emil Gilels registrada en vivo en 1968 y editada por RCA. Me ha defraudado: sonido increíblemente poderoso para una interpretación llena de tensión y de rabia, encrespada a más no poder, pero también algo nerviosa, a veces precipitada o incluso mecánica, y desde luego bastante unilateral. La de Barenboim me ha parecido muy superior, pues el maestro no solo atiende mucho mejor a la variedad de atmósferas expresivas que el gigante ucraniano, sino que ofrece un toque mucho más variado que su colega, atiende de manera mucho más convincente a la unidad de la pieza –hay transiciones verdaderamente mágicas– y matiza con mucha mayor intencionalidad gracias a ese fraseo particularmente sensible e imaginativo que caracteriza al de Buenos Aires.

Me queda por comentar la transcripción realizada por Liszt de la Marcha solemne del Santo Grial del Parsifal de Richard Wagner. Aquí Barenboim se mueve como pez en el agua, no solo porque no ha habido nunca pianista que conozca tan de primera mano la partitura del festival escénico sacro como él, que la ha dirigido infinidad de veces, sino también porque posee ese particular sentido de las tensiones y las distensiones, también del peso de los silencios, que caracterizan a la música de Liszt (¡y de Wagner!). El resultado es memorable, no sabiendo uno si quedarse más asombrado por la naturalidad de la planificación de las dinámicas –increíblemente matizadas–, por las sutilezas de los pianísimos o por la espiritualidad llena de desazón que es marca de la casa.

10 comentarios:

Enrique dijo...

Uno lee esta reseña y se queda como estaba. Si ensalza sin mesura ni criterio cada cosa que hace Barenboim, sus escritos pierden toda validez y utilidad, y se convierten en propaganda superficial. Hasta que lea una crítica seria, no sabré realmente qué me encontraré antes de escuchar este disco. Afortunadamente, las nuevas tecnologías como Spotify, funcionan como un filtro implacable que acabará abocando a los malos críticos a la extinción, y sólo quedarán los que realmente aportan algo. Ya no necesitamos panfletos cutres como Ritmo o Scherzo antes de acudir a la tienda de discos. Lo siento, va sin ánimo de molestar ni ofender, es honestamente lo que pienso. Un saludo.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Me parece muy bien, caballero.

Ofender sí que me ofende, porque me tomo la molestia de escribir, aun no teniendo tiempo en absoluto, para intentar transmitir las cosas que me gustan, pero qué le voy a hacer.

Pero permíteme que piense que sí tengo criterio: el mío propio, con el que ustes puede estar de acuerdo o no, pero que se basa en una larga experiencia de melómano, en mucho leer y en mucho reflexionar.

Que Barenboim es un artista de tan inmensa altura -como lo fue Furtwangler- que rara vez falla, aunque algunas cosas suyas no me gusten, o no me terminen de convencer, y que cuando así ha ocurrido nunca he dejado de decirlo, incluyendo el primer Schubert de su pasado recital en Madrid.

Que esto no es propaganda en absoluto(¿sabe usted cuántas veces me ha tratado con desdén en las firmas de autógrafos este señor?) y que el disco me lo he pagado yo de mi bolsillo, al contrario de lo que hacen otros que solo escriben en sus webs cuando le mandan el disco gratis.

Y que probablemente el que no se entera es usted, dicho sea con todos los respetos. Es honestamente lo que pienso. Un saludo.

PD: hace mucho que no me fío de Scherzo, y desde no hace tanto tampoco lo hago de gran parte de las cosas que escriben en Ritmo.

Jorge Luis Argüero dijo...


Señor, debe escribir usted algo más que Enrique...
porque desde el anonimato todos podemos decir, de todo.-

Ahora bien, permítame decirle que no sólamente ofende usted
al señor Fernando López Vargas-Machuca, sino también a la gran
cantidad de lectores que tiene esta magnífica página...
y le puedo asegurar que somos muchos más, que los que escribimos
con -más o menos- cierta frecuencia.-

Desarrollar una idea opuesta al Administrador de este blog,
pero con valiosos aportes docentes y/o académicos, me parece que
está muy bien, pero cuando usted señor Enrique, descalifica con
palabras vacuas y sobre todo ofensivas, allí en realidad:
se descalifica a sí mismo.-

Mis respetos, Señor.-


Jorge Luis Argüero - DNI 10.126.940 - 64 años
Ciudad de Buenos Aires - Argentina

Enrique dijo...

Sr. Argüero, yo también podría ofenderme cuando, por ejemplo, llama ridículo, grotesco o abominable a lo que hace Patricia Kopatchinskaja, que también dedica muchas horas y esfuerzo a su profesión y tiene su "corazoncito". Hay que saber encajar las críticas, no sólo hacerlas. Por otra parte, no juzgo los gustos del señor Vargas-Machuca, sino la pobreza general de ideas y la baja calidad de su argumentación. Un saludo.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Pobreza de ideas, baja calidad de la argumentación... ¿Le gusta a usted la Kopatchinskaja, artista que considero solo puede gustar a personas muy pedantes y con pésimo gusto? Pues le invito a que argumente de manera mucho más acertada de como yo lo hago habitualmente por qué le parece una artista considerable? Y de paso, nos podría decir usted qué críticos españoles considera usted actualmente los más fiables y sólidos en sus argumentaciones. Porque a lo mejor así nos aclaramos.

Enrique dijo...

Un ejemplo de artículo bien informado, argumentado y expuesto:
https://www.mundoclasico.com/ed3/documentos/4752/Regreso-origenes

Y aquí, ese mismo articulista pone en su sitio al nefasto Carrascosa:
https://www.mundoclasico.com/ed3/documentos/4243/Dijolo-Blas-punto-redondo

Saludos.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Aclaradísimo queda todo, Don Enrique. Sus referencias a Carreira, al que agradezco sinceramente la oportunidad que en su momento me dio en Mundoclasico pero al que me une muy poco en lo que a gustos interpretativos se refiere, y a mi buen amigo Carrascosa, al que considero uno de los mejores críticos de España, son perfectamente ilustrativas. No hace falta decir más. Me hubiera gustado verle argumentar a usted mismo, a ver qué tal lo hace. De momento le invito a no volver a pasarse por este blog, que a la vista de su manera de ver las cosas muy poco le puede aportar más que unas risas. No pierda el tiempo ni me lo haga perder a mí, por favor. Estoy seguro de que podrá contrastar sus propias opiniones con personas con gustos mucho más afines a usted que los de un servidor, y si su deseo es simplemente hacer daño, busque a otra persona que tenga más tiempo que yo para seguirle el juego. Un saludo.

Enrique dijo...

Si identifica discrepancia con hacer daño, está claro que pierdo el tiempo en este blog. No compartimos valores elementales. No volveré a molestarle, ni a usted ni a sus feligreses. Adiós.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Lo suyo no es mera discrepancia, caballero. Desde su primer comentario quedaba clara su descalificación rotunda de mi labor. Descalificación gobal, pues no solo calificaba mi crítica de poco seria, sino que me consideraba un crítico malo. Usted no entró para discrepar, sino para descalificar. No se haga ahora la víctima ni me hable de valores.

Anónimo dijo...

Hola Estimado Fernando !
ayer me topé con este disco y tuve el tino de adquirirlo : una delicia en todo sentido !!! creo que Barenboim es de los pocos músicos que me convencen como directores y como pianistas. Mi última adquisición suya si mal no recuerdo había sido los conciertos de Liszt en la batuta de Boulez , que para ser franco en la previa no tenía buenas espectativas y la verdad me sorprendió muy positivamente.
En cuanto a las "polémicas" que ha vertido el tal Enrique quiero que sepa que sus esmerados aportes y esfuerzo por mantener con vida este blog es valiosísimo para quien escribe y sin duda para muchísimos melómanos , y la mala fe de estos ponzoñosos paracaidistas de ocasión no tiene la menor importancia ,
un abrazo

Juliàn