domingo, 28 de agosto de 2016

Soberbio Wagner de Tennstedt en Tokio

Me hablaron maravillas del programa Richard Wagner que ofrecieron Klaus Tennstedt y la Orquesta Filarmónica de Londres el 18 de octubre de 1988 en el Suntory Hall de Tokio, un concierto editado por el sello EMI en DVD con muy notable calidad de sonido –amplísima gama dinámica– que no resulta nada fácil de encontrar. Yo lo he logrado, pero quizá ustedes no tengan la misma suerte. No importa: aquí tienen los YouTubes, que les recomiendo disfruten antes de que los retiren.



Comienza el programa con la Obertura y bacanal de Tannhäuser –versión París, se entiende– en una recreación que no es la más sensual posible. Tampoco la más arrebatada. Simplemente, está dicha con admirable espiritualidad en el arranque, con fuego magníficamente controlado en las danzas orgiásticas y con admirable concentración en la sección final, todo ello con una elegancia suprema y, sobre todo, con una asombrosa capacidad para la disección del entramado orquestal: se escucha todo, todo, y con una depuración sonora formidable.


La obertura de Rienzi es todavía mejor: ni se pueden cantar con más nobleza las frases líricas (¡conmovedoras!), ni se pueden decir con más garra y brillantez –sin retórica alguna– las marciales, ni se puede trazar mejor la arquitectura global –fraseo sin prisas, pero pulso perfectamente sostenido– ni se puede desentrañar con mayor claridad la escritura orquestal. Importa poco que los metales de la London Philharmonic, por lo demás espléndida, no sean los mejores posibles: una versión de referencia.


Irreprochable, con perfecto estilo y buen sentido teatral, pero sin caer en el arrebato ni en la machaconería con que a veces se escucha esta página, el Amanecer y viaje de Sigfrido por el Rin.

 

La Marcha fúnebre de Sigfrido, sorprendentemente, me ha gustado bastante menos. Los tres famosos "tirones" de la cuerda grave están poco trabajados, la aspereza sonora suena más externa que sincera y se echan de menos concentración interior y hondura reflexiva: hay más nerviosismo de la cuenta.


El nivel se recupera con un prodigioso preludio del acto I de Los maestros cantores, soberbiamente trazado en sus tensiones e increíblemente bien delineado en todas las complicadas figuras de la madera. Hay además, y esto es lo importante, entusiasmo, grandeza bien entendida y –aun manteniendo siempre Tennstedt las distancias– una buena dosis de sentido del humor. El público japonés, enloquecido, obtiene de propina una Cabalgata de las Walkirias brillante en todos los sentidos, pero en absoluto hinchada. Soberbio concierto. Insisto, disfrútenlo cuanto antes.


1 comentario:

amd dijo...

Eso mismo existe en un CD editado por la misma London Philharmonic, registrado en el Royal Albert Hall, concierto de los Proms el 20.08.92