domingo, 24 de julio de 2016

Shostakovich por Ormandy y Gilels

Tranquilos, no se emocionen: los dos artistas no llegaron a grabar juntos música de Shostakovich. Simplemente es que aparecen, cada uno por su lado, en este disco dedicado a la obra de Dmitri Dmítrievich que conozco desde hace ya tiempo y he querido hoy traer por aquí: Emil Gilels se encarga de la Sonata para piano º 2 y Eugene Ormandy y su Orquesta de Filadelfia hacen lo propio con la Sinfonía nº 15, registros respectivamente de 1963 y 1975 realizados por RCA y editados en la colección High Performance.


La interpretación de la Sonata –compuesta en 1943 y menos conocida de lo que se debiera– gira en torno a un movimiento central concentradísimo, esencial y desolado, recreado de manera magistral por el inolvidable pianista de Odessa. El Allegretto inicial mantiene un adecuado equilibrio entre ironía más o menos lúdica y sentido de lo inquietante, sin cargar las tintas en lo grotesco ni en lo gamberro: impera la sobriedad propia del artista. Ahora bien, lo cierto es que Gilels resulta un punto mecánico en algún pasaje y necesita, en comparación con la sensacional grabación realizada en los años noventa por Elisabeth Leonskaja para Teldec, un sonido más variado, o al menos más incisivo, una expresión más constrastada y una mayor imaginación a la hora de construir tensiones y distensiones.

El tema con variaciones final sí que es magnífico. Gilels lo lleva con lentitud y reviste la construcción de la página, abstracta y claramente deudora del mundo bachiano, de un enorme rigor en las líneas de tensión, delineando todas ellas de manera admirable hasta alcanzar picos de enorme fuerza a la que no es ajena precisamente la sonoridad rocosa que sabe extraer del piano; expresivamente priman la severidad, el dramatismo contenido y el distanciamiento analítico. La toma sonora es mejorable: hay demasiados crujidos y distorsiones.

Sorprendentemente afín al universo de Shostakovich, Ormandy ofrece una temprana lectura discográfica de la Sinfonía nº 15 –había conocido su estreno en enero de 1972– que resulta globalmente muy estimable, pero el maestro no llega a ser consciente del enorme potencial que esta esencial, desolada y profundamente nihilista partitura alberga. Decepciona un poco el primer movimiento, por fortuna nada lúdico pero tampoco especialmente sombrío, ni tenso, ni sarcástico. El segundo sí que es magnífico, ofreciendo pasajes subyugantes, estimulando solos muy  emotivos a cargo de los portentosos solistas de la orquesta norteamericana y planificando muy bien la arquitectura hasta alcanzar, en el clímax de la marcha fúnebre central, una fuerza desgarradora.

El tercer movimiento de esta op. 141 está bien encaminado, pero se precipita un tanto: se le puede sacar mayor partido al sarcasmo y al colorido instrumental. El cuarto, sin duda una de las más fascinantes y desoladoras creaciones del autor, comienza con la adecuada concentración, pero luego Ormandy no termina de tener muy claro a dónde va ni cómo construir las tensiones; se echan de menos misterio y atmósfera, aunque la orquesta vuelve a rendir a un espléndido nivel y la coda está bien llevada, sin las precipitaciones que encontramos en otros registros discográficos.

En fin, ustedes ya saben lo que voy a decir: los registros de Sanderling con la Orquesta de Cleveland y la Filarmónica de Berlín son la referencia absoluta para la sinfonía. Este de Ormandy queda para los muy interesados en la interpretación shostakoviana. Por cierto, la toma original era cuadrafónica: HDTT recuperó dicha imagen sonora, pero como desconfiaba mucho de los reprocesados de estos señores –he tenido experiencias insatisfactorias con ellos– no me hice con su edición. Ahora veo que ha desaparecido del mapa, es decir, de su página web. ¿Qué habrá pasado?

2 comentarios:

Bruno dijo...

Me suena que el primer registro de Sanderling es con su Sinfónica de Berlín, no la Filarmónica de Berlín.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

No se equivoca usted, Bruno, pero tampoco lo hago yo. Esa primera grabación de Sanderling, realizada con la Sinfónica de la Radio de Berlín en 1978, es magnífica, pero yo recomiendo otras dos que son mejores aún: la que grabó para Erato con la Orquesta de Cleveland en 1991 y el registro en vivo con la Filarmónica de Berlín de 1999, editado comercialmente por la propia orquesta alemana. En cualquier caso, muchas gracias por su interés: perfectamente me podría haber confundido.