jueves, 26 de mayo de 2016

Un gran cambio en mi vida... pero con menos música

Ayer miércoles a las 0:00 de la madrugada la web de la Junta de Andalucía publicaba los resultados definitivos de los concursos de traslado de los cuerpos docentes de mi comunidad autónoma. Los resultados me han llenado de alegría: por fin he conseguido desplazarme a mi Jerez de la Frontera natal. Concretamente paso al IES Padre Luis Coloma, un centro prestigioso y con muchísima solera en el que yo mismo tuve la oportunidad realizar mis estudios de secundaria entre 1984 y 1988 (¡cómo pasa el tiempo!). Hace ocho años estuve allí destinado de manera provisional, pero mi retorno ahora es con plaza estable.

Cuando tuve que abandonarlo –unos meses después de crear este blog– fue para venirme con destino defintivo al centro donde aún sigo, y seguiré hasta principios de septiembre, en plena Sierra de Segura. Con la excepción del curso pasado, en el que pude volver temporalmente a Jerez, he pasado todo este tiempo en una especie de, llamémosle así, "exilio dorado": disfrutando de una experiencia laboral globalmente muy positiva, maravillándome ante la naturaleza que me rodea –el campo me gusta muchísimo– y con la tranquilidad que supone vivir en un pueblo, pero también soportando temperaturas que encuentro muy frías, viviendo a demasiada distancia de toda la gente a la que quiero y teniendo que enfrentarme a largas horas al volante para desplazarme a cualquier sitio. Todo ello con mucha soledad, para lo bueno y para lo malo.
 

No hace falta enumerar las ventajas que va a tener regresar a Jerez, que son importantes y muy variadas. Claro que asimismo va a tener algunas desventajas, sobre todo en lo que a cuestiones musicales se refiere. Y es que desde la sierra segureña he podido desplazarme con cierta frecuencia a Madrid, Valencia y algunos otros lugares para disfrutar de buena música en directo, pero en mi tierra la cosa la cosa pinta mal. El Maestranza, a una hora en coche, está de capa caída por los conocidos motivos presupuestarios, mientras que el Villamarta a punto ha estado de extinguirse por completo. Aún no se sabe si para el curso que en unos meses comienza habrá una temporada de música clásica digna de tal nombre; si la hay, desde luego, será tan parca y escasamente atractiva como lo ha venido siendo en estos años de la crisis. Madrid queda muy lejos de Jerez y el tren resulta carísimo. De Valencia, ni hablemos: echaré muchísimo de menos esa ciudad.

Hay más. El pasado sábado tuve la oportunidad de ingresar –a la ceremonia corresponde la fotografía– en el Centro de Estudios Históricos Jerezanos, un honor que me supone también un compromiso: dedicar más tiempo y constancia a la investigación en el campo en el que llevo trabajando un par de décadas, el de la arquitectura gótico-mudéjar. Por supuesto que me apetece muchísimo hacerlo, pero también es verdad que eso me va a suponer marginar un poco a "mi otro amor", la música. ¡No se puede estar en todo! En cualquier caso, aún rodeado de olivos, voy a aprovechar para ver en directo a alguno de los nombres más vistosos de los carteles de las próximas semanas: el violín y la batuta de Pinchas Zukerman, el órgano de Olivier Latry, la voz de Waltraud Meier... y los muy comentados atributos de Easy Rider, el bóvido de Moisés y Aarón.


4 comentarios:

Mario Gutiérrez dijo...

Me alegro mucho por usted. Es un placer leerle.
Reciba un cordial saludo.
Mario.

Mario Gutiérrez dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Julio Salvador Belda Vaguer dijo...

Querido Fernando,me alegro muchísimo. Estoy convencido que inicias una etapa que estará llena de buenos momentos tanto personales como laborales. Seguro que ahora más cerca igual podemos tomarnos un café y charlar de las cosas de este mundo. Me alegro además por el ingreso en esa institución que seguro se verá engrandecido con tu labor. Un abrazo.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Muchísimas gracias, Mario.

Julio, estaré encantado de verte cuando tenga la ocasión de ir por el Maestranza. Muchas gracias también a ti.