lunes, 15 de febrero de 2016

Un clásico de Karajan: Grieg y Sibelius

Suites nº 1 y 2 del Peer Gynt de Grieg y el Pelléas et Mélisande –música incidental completa– de Jean Sibelius en grabaciones realizadas en la Philharmonie berlinesa en 1982 por el sello Deutsche Grammophon. Todo un clásico de Karajan y la Berliner Philharmoniker que hasta ahora no había escuchado un servidor. Lo he hecho, por cierto, en una copia de  un Super Audio CD japonés: sonido un punto frío, como era habitual en DG por aquellas fechas, pero de enorme calidad.


Peer Gynt es una música ideal para que el de Salzburgo haga toda una exhibición de su magia de batuta derrochando elegancia, rico colorido, preciosismo sonoro, nobleza en el fraseo y elevada cantabilidad. El problema es que, en su afán por seducir mediante la belleza en sí misma, o quizá porque su manera de entender la expresión resulta antes “burguesa” que “comprometida” –ustedes ya me entienden–, el maestro se olvida un tanto de inyectar la intensidad, la garra y la fuerza dramática que anida en los pentagramas. No solo eso: Karajan ofrece sonoridades en exceso pulidas, relamidas incluso, abundantes en portamenti y de un ultrarrefinamiento que no casa bien con el punto de rusticidad que demanda la música de Grieg, e incluso –Danza árabe– con el espíritu de la propia partitura.

Las cosas funcionan de manera más satisfactoria en Pelléas et Mélisande. De acuerdo en que el enfoque es antes lírico que dramático y que de nuevo Karajan hace exhibición de un virtuosismo sonoro sin parangón, pero aquí las sinceridad expresiva es mucho mayor, no hay preciosismos de cara a la galería y toda la enorme dosis de elegancia y refinamiento que destila la batuta se encuentra al servicio de una interpretación no solo increíblemente hermosa, cantada con delectación –los tempi son lentos– y un de un gusto exquisito, sino también llena de fuerza –impresionante el primer número–, de sentido del misterio y de poesía. Todo ello se encuentra materializado, además, por una orquesta sencillamente ideal –por músculo y oscuridad sonora– para el mundo de Sibelius. La otra interpretación que conozco de la suite completa, la de Berglund, no llega a semejante altura.

A la postre, un disco que hay que tener: pronto les diré un chollazo para hacerse con él.

No hay comentarios: