domingo, 20 de diciembre de 2015

De cuando Zubin Mehta grabó Star Wars

1977. No solo la película Star Wars se convierte en un éxito comercial sin precedentes, sino que el doble elepé con la partitura de John Williams pasa a ser la banda sonora más vendida de todos los tiempos, lo que no dejaba de sorprender habida cuenta de que esta obra suponía un retorno al sinfonismo más clásico de Hollywood en un momento en el que un score fílmico equivalía a música ligera y canciones pegadizas. Nada volvería a ser igual en el mundo de la composición para la pantalla grande, entre otras cosas porque a partir de ese momento se iba a revalorizar la necesidad de volver a las fuentes de la música clásica y, al mismo tiempo, a reivindicar el valor de estas creaciones como obras con valor propio en la sala de concierto. En este sentido, no dejaba de resultar significativo que en este y en los siguientes capítulos de la saga, así como en otras muchas composiciones suyas para el más comercial cine norteamericano, Williams incluyese en los discos arreglos de los temas principales no como suenan en la película –el maestro usa magistralmente la técnica del leitmotiv, pero rara vez desarrolla las melodías al completo–, sino tratados como breves piezas sinfónicas cerradas en sí mismas.


Buena prueba de este cambio de mentalidad, y también de las nuevas persectivas comerciales que se abrían, iba a ser el hecho de que en diciembre de ese mismo año Zubin Mehta y su Orquesta Filarmónica de los Ángeles –todavía era titular– se fueran corriendo a grabar una selección de la partitura para el sello Decca/London, y que en la trasera del vinilo los fragmentos seleccionados apareciesen encabezados como "First movement", "Second movement" y así, como si de una suite sinfónica de tratase.

Artísticamente los resultados fueron espléndidos, en primer lugar porque contaron con una toma de sonido a la altura de las mejores del momento, aplastantemente superior al mediocre trabajo realizado por el ingeniero Eric Tomlinson en el original, y en segundo lugar porque el maestro indio supera al propio Williams en lo que a inspiración de batuta se refiere.

De este modo, el Main Title suena con especial espectacularidad y permite a Mehta ofrecer un tan efectista como atractivo ritenuto justo en el momento en el que la fanfarria desemboca en el celebérrimo tema principal. Princess Leia suena con un lirismo de gran depuración sonora, mientras que en The Little People la batuta acierta a subrayar las muy evidentes conexiones con el humor de Prokofiev. Cantina Band no posee los instrumentos rústicos del original, pero la interpretación tiene mucha vida y se beneficia de un percusionista extraordinario. The Battle ofrece brillantez sin que el resultado sea machacón ante nuestros oídos. En The Throne Room Mehta demuestra gran sintonía con el universo de Elgar y Walton que sirve de inspiración, mientras que en los títulos finales el maestro vuelve a hacer gala de su talento para el espectáculo sonoro.


De propina, suite de doce minutos y medio de Encuentros en la Tercera Fase, basada en el musicalmente portentoso final de la película de Steven Spielberg. Magnífico recreador del repertorio contemporáneo, Mehta no tiene problemas a la hora de clarificar y colorear adecuadamente las texturas "a la Ligeti" diseñadas por Williams para los extraterrestres, como tampoco a la de ofrecer cantabilidad puramente romántica e intensidad a tope para plasmar la emocionante experiencia vital del protagonista.

Un inconveniente: mientras la selección de Star Wars ha conocido abundantes ediciones en compacto, la de Close Encounters solo lo ha hecho en un par de ocasiones. Yo he tenido que obtenerla a través de Spotify. Si la quieren en compacto, quizá puedan encontrarla en una caja editada por Decca por el septuagésimo cumpleaños del maestro.

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