sábado, 12 de septiembre de 2015

Stravinsky, Prokofiev y Dvorák para Iván Fischer: de más a menos

El concierto del 3 de noviembre de 2012 de la Filarmónica de Berlín se abrió con el Epitafio para violonchelo solo de Hans Werner Henze, en homenaje al compositor alemán fallecido tan solo unos días antes. Olaf Maninger se encarga de interpretar la tan breve como estremecedora página.

A partir de ahí, el programa se desarrolló tal y como estaba previsto bajo la dirección del irregular y desconcertante Iván Fischer (Budapest, 1951), en la que hasta ahora ha sido su última comparecencia al frente de la Berliner Philharmoniker; casualmente, desde ese mismo año el maestro húngaro ejerce de director titular de la Konzerthausorchester Berlin, esto es, la Sinfónica de Berlín de toda la vida. Las interpretaciones fueron de más a menos.


Jeu de cartes de Igor Stravinsky será una obra todo lo menor que se quiera, pero resulta deliciosa si se la interpreta con frescura, desparpajo y sentido del humor. Es justamente lo que ocurre con la lectura de Fischer. Se podría pedir una interpretación un poco más mordaz e incisiva, es decir, más propiamente stravinskiana, pero en cualquier caso los resultados son espléndidos. Conviene subrayar que buena parte del mérito, habida cuenta de la escritura de la página, corresponde a las soberbias maderas de la formación alemana, que tienen muchas oportunidades para lucir precisión, fluidez e intencionalidad en sus intervenciones.


Aparece a continuación Lisa Batiashvili para interpretar el Concierto para violín nº 1 de Prokofiev, una página que me gusta tanto que ofrecí por aquí una discografía comparada. La verdad es que su interpretación no me acaba de convencer: arrancando con abundantes portamentos, la violinista georgiana –hermosísimo sonido, legato admirable– ofrece una interpretación netamente feérica, de ensoñado y bellísimo vuelo lírico, pero un tanto carente de la congoja y el desgarro interno que son motivo de la melancolía que destilan los pentagramas; solo en el estremecedor clímax final antes de la coda Batiashvili parece alcanzar una incandescencia sincera.

Iván Fischer dirige un tanto ajeno al estilo de Prokofiev y sin preocuparse mucho de los matices, pero al menos resulta cuidadoso y sintoniza a la perfección con la propuesta lírica de la solista. Ésta ofrece de propina la deliciosa Danza de las siete muñecas de Shostakovich, en arreglo de Tamas Batiashvili –padre de la artista– para violín y orquesta, en interpretación bonita pero algo blanda. La pieza, por cierto, ya la incluía en su disco Echoes of time, que comenté hace tiempo.


En la segunda parte, Octava sinfonía de Dvorák en interpretación decepcionante: aunque Fischer sabe frasear con holgura, flexibilidad y sentido cantable, además de dotar de brío a los momentos más épicos del Finale, adopta un enfoque bastante superficial, ajeno a la incandescencia poética y a los contrastes expresivos que pide la obra, y su sensibilidad lírica tiende no ya a lo trivial sino a lo melifluo, incluso lo cursi. A la postre, lo que nos ofrece es una mera evocación paisajística que además resulta blanda, sin apenas garra dramática, desarticulada en sus tensiones y sonada sin la rusticidad bien entendida propia del autor checo. La extraordinaria calidad de la orquesta termina aportando un poco de dignidad a los resultados, que como siempre se encuentran disponibles en la Digital Concert Hall.

2 comentarios:

RicardoDeLosRios dijo...

Hola, estoy construyendo un blog de contenido similar, con tu permiso te voy a enlazar si no hay inconveniente (http://ricardodelosrios.blogspot.com.es/)

Por cierto, "Guias de audicion" es tambien tuyo o me equivoco?

Un saludo.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Hola, Ricardo. El otro día no logré entrar en tu blog, algo pasó con la dirección. Ahora no ha habido ningún problema. ¡Gracias por compartir tus vivencias musicales con los demás! He puesto un enlace desde mi propio blog.

"Guías de audición" no es mío, en absoluto. Mi único otro blog es uno sobre arquitectura medieval en Jerez de la Frontera. Un cordial saludo.