sábado, 26 de septiembre de 2015

¿La especialidad de Gergiev?

Suele decirse que el repertorio ruso es la especialidad de Valery Gergiev. Incluso he leído declaraciones de algún director de renombre –no recuerdo ahora mismo quién– afirmando que el director del Mariinski convence mucho en los compositores de su tierra natal y bastante menos en otros terrenos sinfónicos. No estoy de acuerdo. A mí me parece que Gergiev no solo no posee particular afinidad con el idioma de la música eslava, sino que casi siempre es un maestro vulgar y pedestre. Esto no quita que a veces ofrezca cosas de interés, pero sus aciertos no tienen que ver con la nacionalidad del compositor que tiene en los atriles, sino con las ganas que su batuta –o su mano, pues a veces dirige sin ella– le ponga al asunto. Léase el tiempo que le dedique –es conocido su desinterés por los ensayos– y la inspiración que le venga de las alturas.

Como ejemplo de las referidas desigualdades, traigo este disco del sello de la Sinfónica de Londres que recoge los resultados de los conciertos ofrecidos los días 7 y 8 de mayo de 2009 con obras de Rachmaninov y Stravinsky en los atriles: las Danzas sinfónicas y la Sinfonía en tres movimientos respectivamente. En teoría, ambos compositores son especialidad de la casa.

Gergiev Rachmaninov Danzas Sinfónicas

La obra del primero recibe una lectura muy mediocre. Confundiendo rusticidad sonora con trazo grueso, lirismo con excesiva ensoñación, atmósfera con blandura y garra dramática con uso abusivo de la percusión, el maestro ruso fracasa estrepitosamente entregando, ya desde un arranque por completo falto de gas, una interpretación flácida y deslavazada, carente de pulso en el primer movimiento, muy caprichosa en el segundo –donde al menos, aun sin conseguirlo, intenta ser sensual– y sin unidad ni fuerza expresiva en el tercero. Interesa el carácter tétrico con que hace sonar el motivo religioso cerca del final de la obra, pero ya es demasiado tarde: el aburrimiento ha ganado la partida. En mi comparativa sobre esta genial partitura que son las Danzas sinfónicas ya dije cuáles son mis versiones favoritas. A la hora de puntuarla del uno al diez, a esta de Gergiev le pondría un cinco.

Mucho mejor la Sinfonía en tres movimientos: aunque no haga uso precisamente de pinceles muy finos, aquí hay que apreciar cómo Gergiev sabe ofrecer rusticidad bien entendida, energía y sentido del ritmo dentro de una lectura que mira en gran medida hacia Le Sacre, teniendo en cuenta no solo la brutalidad sonora sino también la atmósfera turbulenta y el carácter opresivo del genial ballet stravinskiano. Hay interpretaciones más satisfactorias –la de Rattle, por ejemplo-, pero esta está muy bien.

¿Merece la pena el disco, pues, habida cuenta de los buenos resultados del Stravinsky? Teniendo en cuenta que los ingenieros de sonido de LSO Live vuelven a fracasar con la acústica del Barbican Hall, incluso escuchando el audio en HD, yo diría que no. En cuanto a Gergiev, para qué insistir. Un mediocre con algunas cosas buenas, nada más.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Con todo el respeto, ya que yo no dirijo ninguna orquesta, totalmente de acuerdo con tu opinión sobre Gergiev, incluso llega a ser irritante verlo dirigir moviendo su mano como si fuera un pajarito, nada mas ridículo. Y en cuanto a interpretaciones, por favor, ni hablar... Ya se ve cuan vacíos están los lugares dejados por los grandes. Se está terminando una época, o ya se terminó.
Te mando un abrazo.
Oscar