lunes, 17 de agosto de 2015

Octava de Bruckner con Blomstedt en Berlín

Hace ya tiempo que el maestro estadounidense –de origen sueco– Herbert Blomstedt dejó de grabar para las grandes compañías discográficas, pero la Digital Concert Hall de la Filarmónica de Berlín nos permite poder seguirle la pista en estos últimos años de su muy longeva carrera: ochenta y siete añitos tenía cuando –sin batuta– dirigía el pasado 10 de enero a la formación alemana nada menos que la Octava de Bruckner (edición Haas, para los puntillosos).


Obviamente Blomstedt juega con ventaja, porque no hay una sola orquesta en el mundo –incluidas Viena, Concertgebouw, Chicago y todas las que ustedes quieran– más adecuada para semejante partitura. Su empaste denso y prieto, su perfecto equilibrio entre masas sonoras, su robustísima cuerda grave y sus metales redondos, poderosos, pero nunca excesivamente brillantes o con afán de protagonismo, convierten la audición en toda una experiencia.

Por supuesto, esto no serviría de nada sin una cabeza rectora que sabe lo que se hace, y aquí tenemos a un Blomstedt que construye la magna catedral sonora con absoluta perfección, sin languideces ni puntos muertos, fraseando con sutil flexibilidad, cantando las melodías con holgura, evitando toda pesadez y alcanzando los clímax, jamás retóricos ni hipertrofiados, con absoluta lógica y naturalidad.

El problema es que Blomstedt, maestro serio y profesional donde los haya, rara vez termina comprometerse con lo que toca y ofrecer interpretaciones de auténtica referencia. Yo echo de menos un grado más de terror ante el abismo, de anhelo de encontrar respuesta en el más allá, de súplica agónica… También de sensualidad terrena, de profundidad mística y de exaltación visionaria. La coda final, por otra parte, suena más épica que trágica: no es lo que a mí más me convence.

En definitiva, una gran interpretación de “kapellmeister” de los de toda la vida, pero no una de las que hacen plena justicia a la obra como una de las más geniales sinfonías que se hayan compuesto. ¿Mis versiones favoritas? Karajan con la Filarmónica de Viena en San Florián, Giulini con la Filarmónica de Berlín, Celibidache con la Filarmónica de Múnich y Barenboim con la Staatskapelle de Berlín.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Si tuviera que elegir una sola interpretaciön de cualquier sinfonía que haya escuchado nunca (y de la octava de Bruckner, mi autėntica obsesiön, debo tener unas 20 versiones, más las de youtube) me quedaría con la dirigida por Horenstein creo recordar que en los Proms de sobre 1970 a la London Symphony y que está junto con la novena editada en BBC LEGENDS.
La de kna de 1963 con Munich también es una maravilla.
Tratándose de esta obra no he podido resistirme a dejar un comentario.
Que disfrutes de tus vacaciones y ... Que la fuerza te acompañe con tu traslado!!!
Seguro que sí. Un saludo. José.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Muchas gracias por las recomendaciones, José.

La interpretación de Horenstein no la conozco; me la imagino bastante escarpada. Haré lo posible por escucharla. La de Kna en Múnich sí que la conozco: muy lírica, muy espiritual y muy hermosa, pero a mi entender no muy dramática y con serios altibajos en las tensiones. Me la compré ilusionado a raíz de las espléndidas críticas que había tenido, pero ahora no puedo compartir ese entusiasmo que en muchos melómanos despierta, lo siento.

Gracias también por los ánimos para el traslado. La verdad es que aún no me empezado a organizarlo. He decidido llevarme a la sierra lo menos posible, a ver si es verdad. No me siento con fuerzas físicas para pegarme una panzada de mudanza. Mientras tanto, intento disfrutar de la playa. Un cordial saludo.

aleman1492 dijo...

Yo tengo las de Kna y la de Horestein, ambas me gustan pero la de Klemperer del 64 me sobrecoge. Y otra que no se puede olvidar, posiblemente de lo mejor es la dirigida por Tennstedt con la London Philharmonic.