jueves, 6 de agosto de 2015

La canción de la Tierra de Klemperer suena mejor que nunca

Tengo varias ediciones en compacto de la justamente mítica Canción de la Tierra que grabó Otto Klemperer al frente de su orquesta (Philharmonia cuando se registraron en 1964 los movimientos con Frizt Wunderling, New Philharmonia cuando en 1966 se hizo lo propio con los de Christa Ludwig): la original de 1985, que era todavía AAD, la remasterizada en 1998 para la serie Great Recordings of the Century y la de la caja editada en 2011 por EMI France que incluye todas las grabaciones con música de Mahler que el maestro de Breslau realizara para el sello del perrito con el gramófono.


Pues bien, he tenido ahora la oportunidad de escuchar la toma en HD Audio disponible en HD Tracks, que yo mismo me he pasado a DVD (sin imagen, claro). Probablemente se trate del mismo reprocesado de la Klemperer Edition de 2013, cuya caja Mahler no tengo en casa; en cualquier caso, parece claro que suena aún mejor que en las encarnaciones anteriores en compacto. La toma sonora siempre ha sido admirable, cosa no poco sorprendente tratándose de una grabación realizada en un lapso de tiempo de tres años y en dos salas diferentes, los estudios de Abbey Road y el Kingsway Hall, pero lo cierto es que la audición en HD ojo, hay que tener un amplificador que decodifique los 96 kHz/24 bit–, aun manteniendo un poco de distorsión en los violines, ha ganado más aún en presencia, redondez e inmediatez sonora, muy particularmente en lo que se refiere a la rotundidad de la impresionante cuerda grave. Una maravilla técnica para el que es, sencillamente, uno de los más importantes discos de música clásica que existen.

Imposible decir algo sobre ella que no se haya dicho antes, pero conviene recordar algunas cosas. Otto Klemperer consigue la cuadratura del círculo con una dirección que ofrece tremenda fuerza expresiva –centrándose, por descontado, en los aspectos más negros de la partitura y, al mismo tiempo, resulta tan sobria como marcadamente antirromántica. Ni que decir tiene que todo está bajo el más férreo control por parte de la batuta, que planifica con una tensión dramática y una claridad incomparables –tremenda la concentración pese a la relativa lentitud–, y que no hay espacio alguno para el preciosismo, la evanescencia, la dulzura o el éxtasis contemplativo.


Lo de Frizt Wunderlich es un milagro: parece mentira que no solo salga indemne de una parte tan extremadamente difícil, sino que además lo haga haciendo gala de una expresividad a flor de piel y, sobre todo, de una belleza vocal increíble. Ni un solo tenor que haya abordado esta obra se le acerca, ni de lejos. Christa Ludwig está maravillosa, y aunque ella misma haya declarado preferir a Bernstein en esta partitura, y por ende enfoques más voluptuosos y emotivos, aquí sintoniza a la perfección con la visión expresionista, oscura y concentrada del maestro de Breslau.

Lo dicho, una de las cuatro o cinco más importantes grabaciones de música clásica que se hayan realizado. No hace falta insistir más.

3 comentarios:

Julio Salvador Belda Vaguer dijo...

Absolutamente maravillosa.

aleman1492 dijo...

Sobrecogedora, impresionante. Mahler en estado puro.

aleman1492 dijo...

Sobrecogedora, impresionante. Mahler en estado puro.