miércoles, 17 de diciembre de 2014

Lise de la Salle interpreta Shostakovich, Liszt y Prokofiev

Este compacto que compré el pasado verano en Bruselas a precio de saldo me ha permitido acercarme al arte de la pianista francesa Lise de la Salle (Cherburgo, 1988), una señorita bellísima, con aspecto de Venus de Boticelli, que no ha terminado de hacer carrera en el mundo discográfico: siete grabaciones para el sello Naïve y ya está. La que paso a comentar es la tercera de ellas, e incluye tres Conciertos nº 1: el de Shostakovich, el de Liszt y el de Prokofiev, por ese orden de aparición. El registro se realizó en Lisboa en mayo de 2006 contando con la Orquesta Gulbenkian y quien era entonces y sigue siendo ahora su director titular, Lawrence Foster. Los ingenieros de sonido no estuvieron acertados: la atmósfera es algo turbia.

De la Salle Liszt Prokofiev Shostakovich

¿Y los resultados musicales? En Liszt, Lise de la Salle se nos muestra como una pianista sensata, ortodoxa, musical, pero algo falta de carácter, de imaginación y de garra; alcanza sus mejores momentos cuando tiene que desplegar sensualidad y lirismo en el Quasi adagio, pero en el resto interesa menos. La batuta del maestro californiano anda muy centrada, pero más solvente que inspirada, y desde luego un tanto plana. Tampoco es que la orquesta lisboeta sea nada del otro jueves.
Es el Andante assai central, interpretado de manera muy atmosférica y sensual, sin dejar de alcanzar un clímax altamente emotivo, el momento más logrado en la interpretación del Concierto para piano nº 1 de Prokofiev, mostrándose tanto solista como director mucho más afines a la vertiente digamos “romántica” del compositor que a lo que éste tiene de incisivo, de sarcástico o de trepidante; de ahí que los movimientos extremos, aun estando muy bien interpretados, estén necesitados de un enfoque más plural y de un estilo más adecuado al autor de Pedro y el lobo.

En el Concierto para piano y trompeta de Shostakovich resulta, por fin, una gratísima sorpresa la dirección de Foster, quien sin renunciar a la vivacidad que demanda la partitura sabe ser incisivo, sarcástico y no poco ominoso, sobresaliendo en este sentido un Lento de densa y desolada atmósfera; al final le falta un punto gamberro, cosa que también le ocurre al trompetista Gábor Boldoczki. Nuestra pianista, por su  parte, ofrece algunos detalles personales interesantes, sintonizando muy bien con el misterio que la batuta propone para el segundo movimiento. En los los pasajes más virtuosísticos, por desgracia, resulta un poco mecánica y carente de garra.

Resumiendo mucho: una pianista interesante por su desarrollada sensibilidad lírica, pero en exceso interesada por el lado amable de la música. ¿Alternativas discográficas? Para el Liszt, Arrau/Colin Davis o Barenboim/Boulez. Para Prokofiev, la de Postnikova y Rozhdestvensky es la versión que más me gusta. Y sobre el Shostakovich, ya escribí en este blog una comparativa donde recomendaba a Kissin/Spivakov y Leonskaja/Wolff por encima de los demás.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Más que de Botticelli, del pueblo de los malditos: tiene una mirada que da grima.