miércoles, 4 de junio de 2014

Pogorelich (re)interpreta Scarlatti

Tras hablar en este blog sobre su fabuloso disco Ravel/Prokofiev, de su nefasto Segundo de Chopin y de sus irregulares pero muy interesantes Preludios del autor polaco, cierro este pequeño repaso a algunas de las realizaciones discográficas de Ivo Pogorelich con el registro de 15 de las 555 sonatas para clave de Domenico Scarlatti realizado para Deutsche Grammopohn en septiembre de 1991 y editado por el sello amarillo al año siguiente.

Pogorelich Scarlatti

El pianista croata se siente aquí como pez en el agua, por una razón muy sencilla: al estar esta música escrita originalmente para un clave, tocarla en un piano le da vía libre para dejar volar su fantasía y hacer todas esas reinterpretaciones a la que es aficionado. Ya se sabe: ustedes no se han enterado de nada y aquí estoy yo para descubrirles esta música. ¿Resultados? Generalmente admirables, cuando no extraordinarios, aunque cuesta encontrar un criterio interpretativo claro. Porque hay momentos en los que Pogorelich, siempre armado de un mecanismo descomunal y de una asombrosa capacidad para regular el sonido y ofrecer colores, se decanta más bien por lo clavecinístico y otros, la mayoría, en los que se zambulle plenamente en las posibilidades de su instrumento. Y no siempre en una sonata frente a otra, sino con frecuencia dentro de una misma pieza, lo que no deja de desconcertar pero genera interesantes efectos expresivos.

Desde luego, nuestro artista le echa mucha imaginación al asunto: hay contrastes dinámicos a veces muy sutiles, en otras ocasiones muy valientes, y a veces planteando interesantísimos efectos de eco con la yuxtaposición de forte y piano; hay también numerosas retenciones del tempo y estiramientos del mismo a discreción, seguidos a veces de pasajes en los que se echa a correr en plan clavecinístico, incluso cuadriculado, para de nuevo explotar al piano en toda su dimensión en los siguientes compases; encontramos galantería muy marcada, a veces en su dosis justa y en otras ocasiones más coqueta de la cuenta; y hallamos también un fraseo amplio, cantable, lleno de emotividad e impregnado de cierta melancolía con el que consigue resultados magistrales en las sonatas más introvertidas, como pueden ser la nº 8 –llena de sugerentes claroscuros–, la nº 9 –asombrosos los colores del último trino– o la nº 87 –plagada de ricos matices que no llegan a romper el discurso–.

Encontramos asimismo momentos digamos que marciales muy interesantes en los que Pogorelich frasea con decisión y hace gala de un sonido muy poderoso, para contrastarlo a continuación con trinos de agilidad asombrosa y escalas de enorme limpieza donde ese mismo sonido se adelgaza hasta el límite. En otras sonatas nos sorprende gratamente con una buena dosis de sal y pimienta muy barroca, mientras que en alguna otra se le va un poquito la mano en la dulzura.

El disco finaliza con la famosa nº 380, que recibe precisamente la interpretación más desconcertante de todo el disco: en el polo opuesto al clasicismo amable de Yuja Wang, Pogorelich ofrece una recreación muy comprometida y creativa pero llena de contradicciones, jugando con los tempi a discreción, otorgando gran relieve a unos silencios a veces muy discutibles y alternando pasajes con claroscuros de enorme fuerza expresiva con otros muy clavecinisticos que le quedan coquetos a más no poder. Qué cosas.

Gran disco, en cualquier caso, que demuestra cómo el personalismo y las ganas de ser diferente pueden arrojar, cuando priman la lógica musical y el buen gusto, unos resultados portentosos. Es decir, todo lo contrario de lo que hizo nuestros artista con Beethoven el pasado domingo en Úbeda en el que fue sin la menor duda el más pretencioso, irritante, disparatado y lamentable recital pianístico que he escuchado en mi vida. Pero sobre eso escribiré otro día.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Fernando¿ qué te parece la interpretación que este pianista hace de la sonata de Liszt? Gracias.AMCSánchez.

Fernando López Vargas-Machuca dijo...

Lamento no conocer esa grabación. Si alguien la ha escuchado, le agradecería un comentario.