lunes, 12 de mayo de 2014

Yuja Wang se transforma con Stravinsky, Scarlatti y Ravel

He escrito en este blog varias veces sobre Yuja Wang, siempre en referencia a interpretaciones –una en directo y las demás en disco– de Prokofiev y Rachmaninov. En todos los casos mi valoración ha sido la misma: esta jovencita de agilísimos dedos no pasa de ser una mecanógrafa. Pues bien, como la pianista china anda ahora haciendo una pequeña gira por España –el pasado miércoles en Madrid, ayer domingo en Zaragoza, mañana martes en Sevilla–, y dado que el bloguero Pablo –ignoro su nombre real– me insistía en que su arte es mucho más valioso lo que a mí me parece, he decidido darle una nueva oportunidad escuchando su disco Transformation, registrado en Hamburgo en enero de 2010 por los ingenieros de Deutsche Grammophon. Una vez escuchado y realizadas las pertinentes comparaciones, debo reconocer que hay aquí cosas que me han gustado mucho, aunque también otras que confirman parcialmente mis primeras valoraciones.

Yuja Wang Transformations

En los Tres movimientos de Petrushka la pianista oriental encuentra la partitura ideal para hacer gala de sus mejores armas, a saber, una asombrosa agilidad digital, un sonido tan brillante como incisivo –nunca duro–, una gran electricidad en el discurso y un desarrolladísimo sentido del ritmo, sin duda imprescindible para abordar la tercera parte. Pero es que además la artista se muestra muy centrada en lo expresivo, sabiendo modelar su sonido, graduar dinámicas y ofrecer matices en el fraseo para, frente a esos aspectos festivos de la obra que atiende a la perfección, lograr asimismo poner de relieve el lirismo desencantado –pero lirismo, al fin y al cabo– del pobre muñeco. Eso sí, conviene realizar comparaciones para corregir la perspectiva: nuestra artista quizá no alcance la electricidad interna y la electricidad de Pollini en su célebre registro de 1971 para DG, y desde luego se queda lejos de la variedad de colores y acentos de Kissin en su descomunal, increíble recreación de 2004 para RCA.

Sigue la Sonata K. 380 de Domenico Scarlatti en una interpretación que ofrece chispa, encanto, espíritu galante y variedad en el fraseo sin salirse del espíritu clavecinístico, al tiempo que los aspectos marciales de la página están tratados con decisión, pero también con sentido del humor. Bastante mejor, a mi modo de ver, que lo que con esta preciosa pieza hace el presuntamente genial Horowitz en su célebre recital de Moscú de 1986 (DVD editado por Sony). Ahora bien, si comparamos la lectura de la Wang con la que para DG realizó Ivo Pogorelich nos puede quedar la sensación de que su óptica resulta de un clasicismo demasiado amable, falto de claroscuros.

Lo menos bueno del disco, como era de esperar, llega con Brahms y sus Variaciones Paganini, y no porque esta chica tome la muy discutible decisión de cambiar el orden de las variaciones, sino por falta de sintonía tanto estilística como expresiva: Yuja toca admirablemente, cosa que tiene mucho mérito en una obra como esta, pero la comparación con el registro que Claudio Arrau realizó para Philips en 1974 deja bien claras sus limitaciones. Su sonido puede alcanzar un apabullante volumen, pero no posee la densidad ni el peso sonoro apropiados para el mundo brahmsiano. Su arco de tensiones internas no está tan admirablemente calculado, ni la continuidad entre las diferentes variaciones tan lograda. Tampoco resulta tan poderosa y electrizante en las variaciones extrovertidas, aunque desde luego la diferencia más apreciable es la ausencia de ese poso lírico, esa hondura y ese humanismo que conseguía el pianista chileno en las variaciones introvertidas. Con Yuja Wang la obra suena como un vistoso y aséptico ejercicio de virtuosismo.

Todo vuelve a cambiar con el retorno a Scarlatti, en este caso interpretando su maravillosa Sonata K. 466, que en manos de la pianista china, siempre bajo una óptica eminentemente lírica y apolínea, y por ende con voluntad de hacerla más evocadora que doliente, suena de manera asombrosamente bella, de una delicada sin blanduras y una ensoñación que sabe no perder el pulso. Aquí Horowitz (hay dos testimonios en YouTube) tampoco tiene nada que hacer; sí que lo tiene Emil Gilels (audio igualmente en YouTube), pero esa es otra dimensión expresiva.

Donde la Wang me ha convencido por completo (¿será que aquí no he podido hacer ninguna comparación?) es en La Valse, transcripción en la que hace gala de una amplia paleta de colores y texturas, de un fraseo de enorme flexibilidad, de un excepcional manejo del rubato y, sobre todo, de un asombroso control de las tensiones y distensiones, ofreciendo así una recreación subyugante en lo sonoro y apasionadísima en lo expresivo sin que los fuegos artificiales, que los hay, se lleven por delante la magia, la poesía y la sutileza que exige el universo raveliano. Arriba les dejo una apabullante recreación en el Festival de Verbier de 2008 para que juzguen ustedes mismos.

1 comentario:

Pablo dijo...

Fernando, es que tus primeras valoraciones tienen algo de cierto. Estoy de acuerdo en que a Yuja Wang le falta aún algo de hondura, de profundidad dramática para bordar cierto repertorio (donde más lo percibo yo, más que en Brahms, es en lo que le he oído de Chopin), pero no en que sea una mecanógrafa ni una intérprete inexpresiva. Su último disco con Dudamel, de hecho, me parece de una fuerza apabullante.

Yo creo que, teniendo en cuenta la edad que tiene, si no se conforma con una carrera permanentemente estática en su estado actual y apuesta por la transmisión de emociones más allá de la pura recreación estética puede convertirse en algo puramente genial. Porque tiene técnica, musicalidad y emoción. El resto es crecimiento y madurez.

Vaya tocho. Mañana iré al recital del Maestranza, y así me despejo de unos días de trabajo a tope.