martes, 13 de mayo de 2014

Nuevo Bruckner de Barenboim en Peral Music (I)

Nos sorprende el genial músico de Buenos Aires con un sello discográfico propio que, retomando la idea del que fundó Ton Koopman (Antoine Marchand), lleva como nombre una traducción del suyo propio: “Barenboim”, ahora nos enteramos, significa “peral” en hebreo. Desdichadamente este nuevo sello va a ser solo de descargas digitales en iTunes, y además con compresión. ¡Vaya chasco! Al menos el precio es razonable: yo he pagado gustosamente los 12 euros que vale el primer lanzamiento, que consta de las sinfonías nº 1 a 3 de Bruckner con la Staatskapelle de Berlín en grabaciones de las que no se nos ofrece ni un solo dato, pero que deben de ser arreglos “en estudio” –no hay aplausos– de tomas en vivo, y que completan el ciclo denominado “sinfonías de madurez” que está apareciendo con cuentagotas en DVD y Blu-Ray a un precio disparatado.

Pues bien, me he puesto no solo a escucharlas sino también a realizar comparaciones, y he quedado tan exhausto de Bruckner que voy a dejar para más adelante la Wagneriana. De momento, vayan aquí mis impresiones sobre las interpretaciones de las dos primeras sinfonías oficiales del autor, que conocieron en su momento fabulosas recreaciones en los ciclos del argentino con la Sinfónica de Chicago (DG, comentado aquí) y la Filarmónica de Berlín (Teldec); adelanto ya que estas vuelven a ser sensacionales, pero hay que matizar.


Barenboim Bruckner Peral

En lo que se refiere a la Sinfonía nº 1, los 46’29’’ frente a los 49’46’’ de su gloriosa interpretación con la Berliner Philharmoniker de 1996 comienzan confirmándonos que en este tercer ciclo  Barenboim aligera no solo las texturas sino también los tempi intentando quitar pesadez y retórica a la orquesta bruckneriana, al tiempo que busca un enfoque más lírico, diríamos que “más humano”, pero no por ello precisamente falto de esa garra dramática, de esa tensión interna y de ese carácter alucinado, mucho antes combativo que propiamente religioso, que ha caracterizado siempre los acercamientos del argentino a este repertorio. El último movimiento, escarpadísimo, incandescente a más no poder y lleno de fuerza tan rabiosa como admirablemente controlada, es de escucharlo para creerlo; mucho mejor, en este sentido, que el de la interpretación que le escuché en Granada en julio de 2011, y supera incluso al de la grabación de Teldec.

El primer movimiento, con respecto a esta última, ha perdido un punto en inspiración y ganado algún portamento innecesario; el análisis del entramado polifónico y la matización de las gradaciones dinámicas son para quitarse el sombrero. El Adagio vuelve a alejarse voluntariamente de lo contemplativo, o al menos del misticismo mal entendido, pero ahora –dos minutos quince segundos más rápido– pierde en concentración y en carácter anhelante, quizá también en intensidad e incluso en profundidad, para resultar más distendido, quizá más optimista; en cualquier caso, su belleza es infinita. El Scherzo, de una fuerza muy controlada, sigue siendo impresionante. En resumen: extraordinaria interpretación, aunque encuentro globalmente preferible la realizada para Teldec por sus dos primeros movimientos.


Comparando esta Segunda con la de 1997, que era ante todo lenta, solemne, honda y trascendida, se nota aún mejor la evolución de nuestro artista en los últimos años –con la batuta o al piano– en busca de una mayor dosis de sensualidad, de carácter digamos que “amoroso” y, por qué no, de luz mediterránea, de la que hasta ahora nos tenía acostumbrados. En este nuevo acercamiento a la obra, considerablemente más rápido que el anterior con la excepción del Scherzo –muy combativo, pero con un trío bellísimo– el maestro resta robustez a las texturas –que siguen siendo densas y carnosas– y hace cantar a la orquesta con una efusividad, una ternura y un humanismo para derretirse, no solo en el Adagio –que se acerca al milagro inalcanzable de Giulini con la Sinfónica de Viena–, sino en también en el resto de la partitura.

Lo más interesante es que esto lo consigue no solo no perdiendo, sino incrementando la tensión interna, la electricidad y el empuje de los momentos más extrovertidos –ayudan en este sentido los tempi más ágiles–, que ganan ahora en frescura, en rebeldía y en carácter visionario sin que en ningún momento suenen precipitados o en exceso nerviosos (¡ay, Solti!), sino desarrollados con una lógica orgánica aplastante: el dominio que a estas alturas ha alcanzado Barenboim de la arquitectura interna bruckneriana es tan portentoso que, como afirma mi amigo José Sánchez Rodríguez, la planificación literalmente no se nota. Interpretación de absoluta referencia, en suma.

Continuará…

5 comentarios:

Teresa G. dijo...

Hola Fernando, como complemento previo al interesante contenido de tu post, aquí el video de la presentación de Peral Music en Berlín http://youtu.be/T-oONu1vf68

Anónimo dijo...

Buenas tardes. Hasta donde yo se, Barenboim es una corrupcion de un apellido aleman, uno de tantos casos resultantes de la asimilacion de refugiados germanicos en paises latinoamericanos (Ekaizer o Esnaider, entre otros, por citar los mas conocidos). En España sucedio algo parecido en el pasado, resultando en apellidos como Becqer o Ximenez. En el caso que nos ocupa, podria efectivamente tratarse de una corrupcion a partir de Birnenbaum (= peral en aleman, de Birne = pera y Baum = arbol) o, creo, mas probablemente, a partir de Bärenbaum (= arbol del oso, de Bär = oso). Muchas gracias. Un saludo, Hans Grande

Bruno dijo...

http://www.larazon.es/detalle_normal/noticias/6356127/cultura+musica/barenboim-premiado-mejor-director-de-orquesta-por-la-filarmonica-britanica#.Ttt1rsYCpY4mlEY

bruckner13 dijo...

12 euros por una descarga digital, y encima comprimida. Y dicen que quieren acercar la música clásica al público joven. JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA xDDDDD

Acercarla al público joven: ponerlas en Spotify. Y no empezaría por Bruckner...

Nemo dijo...

Comprar, sólo compro archivos sin pérdida.
Conozco el ciclo de Barenboim con Teldec, que me parece maravilloso de cabo a rabo, y tengo mucho interés por cómo ha podido cambiar Barenboim estos años.

El argentino-israelí es el mejor director vivo, para mi sin duda. Además, es un músico único. Gran pianista, gran director de un repertorio extensísimo.